Edición 361 - 10/09/2007

 

Editorial

¿Quiebre de Bolivia?

 

En 1999, la revista "Foreign Policy" publicó un artículo de Juan Enríquez, investigador del Centro D. Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard, cuya tesis central era que no debía darse por sentado que América Latina seguirá siendo indefinidamente inmune a la tendencia mundial a la fragmentación de los países en naciones más pequeñas.

 

Poco antes -observaba el analista Andrés Oppenheimer-, la revista "The Economist" recordaba que el mundo tenía 62 países en 1914, 74 en 1946, y 193 en 1999 -cifras que, por cierto, reflejan no sólo casos de partición, sino también la descolonización y la desintegración de imperios en el siglo XX.

 

Ocho años después, la situación de Bolivia da pie para temer que, a su respecto, esas aprensiones puedan hacerse realidad. En la profunda división que existe en ella, lo político se entremezcla con insalvables incompatibilidades de intereses económicos y regionalistas.

 

Hace pocos días, una paralización convocada por organizaciones civiles de los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba contra el Presidente Morales, por no aceptar éste el traslado de la sede del gobierno de La Paz a Sucre, entre otras causas, originó violentos choques entre manifestantes oficialistas y opositores. Similares enfrentamientos se habían producido a comienzos de este año.

 

Las poderosas regiones del oriente del país vienen exigiendo mayor autonomía hace mucho, pero esta vez se manifestaron derechamente por la secesión. Sindicatos, federaciones y comunidades representados por el Comité Cívico declararon que el paro fue sólo el prólogo de nuevas movilizaciones. El opositor gobernador de Cochabamba, Manfred Reyes, teme una guerra civil y estima que lo allí ocurrido "es el inicio".

 

En Sucre, un estallido de violencia promovido por universitarios paralizó a la Asamblea Constituyente, que poco antes había recibido un ultimátum si no anula el retiro de la capitalidad plena para esa región.

 

Esta crisis ha alcanzado al partido oficialista: el prefecto del departamento de Chuquisaca, militante del MAS, pero que apoyaba las demandas de Sucre, renunció a su cargo por desacuerdos con el Gobierno, motivados por los enfrentamientos en su región y por el anuncio del Vicepresidente Linera de que enviaría 100 mil campesinos para someter a la población.

 

Analistas y cancillerías miran este desenvolvimiento con inquietud. Ante la aparente imposibilidad de un diálogo pacífico entre los grupos y etnias, algunos llegan incluso a temer una eventual "explosión" de Bolivia, lo que alteraría los equilibrios continentales que se mantuvieron más o menos inmodificados durante el siglo XX.

 

Interesa a Chile la más pronta recuperación de la normalidad en Bolivia, pero las perspectivas se ven complejas y difíciles.

 

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