Edición 363 - 24/09/2007

 

Editorial

Petróleo a $US 80, dólar a 1,4

La casualidad ha querido que se alcancen en el entorno del sexto aniversario de los atentados de Nueva York, que desencadenaron la guerra global de Bush contra el terrorismo, y también, aunque cueste más recordarlo, con el 50 aniversario de la creación de la OPEP, cártel de los países exportadores de petróleo.

La incertidumbre sobre la economía americana generada por la crisis hipotecaria debilita al dólar porque cada vez crece más el temor de que la crisis financiera afecte al crecimiento económico. Síntomas no faltan, por primera vez desde hace cuatro años el empleo ha bajado, el stock de casas sin vender está en sus máximos, las familias endeudadas tienen dificultades para devolver sus créditos y su consumo, uno de los motores del crecimiento económico americano y del mundial, se reduce.

Ante este escenario crece la expectativa de que la Fed baje los tipos de interés, y no sólo un cuartillo. El presidente del Nacional Bureau of Economic Research ha pedido públicamente una rebaja de 1 punto porque considera que la acción conjunta de la crisis en los mercados crediticios, la caída de los precios inmobiliarios y la disminución del gasto de las familias pueden precipitar a la economía en la recesión. Pero el Sr. Bernanke, presidente de la Fed, no se ha rasgado las vestiduras ante lo que Trichet, presidente del BCE, hubiera considerado una intolerable presión a su independencia si alguien en Europa hubiera dicho lo mismo.

Pero si Bernanke baja los tipos de interés, los activos en dólares serán menos rentables y el dólar caerá más todavía. Y al final puede ocurrir lo que hace tiempo que se viene anunciando, que el resto del mundo deje de financiar el exceso de consumo americano y el déficit comercial resultante (850.000 millones de dólares en 2006).

Hasta ahora eso no ha ocurrido por el atractivo del dólar como gran moneda de reserva mundial, por el crecimiento sostenido de la economía americana y la estabilidad de su sistema financiero. Pero la crisis hipotecaria de este verano, aunque puramente doméstica, puede haber catalizado una respuesta internacional de desconfianza frente al dólar, frente a un euro que ya se ha afianzado como moneda de referencia alternativa.

Los activos denominados en euros son hoy atractivos porque la economía europea sale de su letargo, tiene buenas bases macroeconómicas y el riesgo de cambio es menor. El euro se aprecia con respecto al dólar por sus propios méritos y no sólo como consecuencia de la debilidad intrínseca de la moneda americana. Otra cosa son los problemas de competitividad que plantea a las exportaciones europeas un euro que ha pasado de 0,8 a 1,4 dólares en lo que va de siglo. A ello se debe el debate sobre a quién corresponde dirigir la política de cambio en Europa, al BCE que decide la política monetaria sólo desde la perspectiva de la inflación o al Consejo de Ministros del euro, preocupados también por el crecimiento.

Pero la velocidad a la que puede bajar el dólar, única forma de reducir el enorme déficit comercial americano, no depende sólo del diferencial de tipos de interés entre ambos lados del Atlántico. Por una parte, el crecimiento económico es hoy muy fuerte en varias partes del mundo que ofrecen interesantes oportunidades de inversión alternativas al dólar. Pero por otra hay países con grandes reservas de dólares, especialmente China con 1,3 billones, a los que no les conviene nada que esos activos pierdan valor. Por eso hacen lo que pueden para mantener el cambio del dólar, aunque sea a costa de acumular más dólares y hacer mayor su potencial riesgo de cambio.

A pesar del riesgo de recesión americano, el petróleo ha alcanzado los 80 dólares/barril. La razón coyuntural es la escasez de los stoks y los huracanes en el Caribe, que han obligado a parar varias refinerías. Pero la razón de fondo es el permanente desequilibrio entre una demanda empujada por el crecimiento chino y una oferta estrangulada por la falta de inversión en nuevas capacidades de producción. La Agencia Internacional de la Energía considera que la OPEP debería producir 32,4 millones de barriles/día en vez de los 30,4 que ofrece hoy en media. Quizás para celebrar el aniversario de su creación, la OPEP ha decidido aumentar su producción en 0,5 millones de barriles/día a partir de noviembre. Aunque sea una buena e inesperada noticia, sigue sin ser suficiente; el petróleo se ha convertido hoy en un nuevo activo sobre el que especular y su precio está dirigido al alza.

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