Petróleo a $US 80, dólar a 1,4
La casualidad ha querido que se alcancen en
el entorno del sexto aniversario de los
atentados de Nueva York, que desencadenaron
la guerra global de Bush contra el
terrorismo, y también, aunque cueste más
recordarlo, con el 50 aniversario de la
creación de la OPEP, cártel de los países
exportadores de petróleo.
La incertidumbre sobre la economía americana
generada por la crisis hipotecaria debilita
al dólar porque cada vez crece más el temor
de que la crisis financiera afecte al
crecimiento económico. Síntomas no faltan,
por primera vez desde hace cuatro años el
empleo ha bajado, el stock de casas sin
vender está en sus máximos, las familias
endeudadas tienen dificultades para devolver
sus créditos y su consumo, uno de los
motores del crecimiento económico americano
y del mundial, se reduce.
Ante este escenario crece la expectativa de
que la Fed baje los tipos de interés, y no
sólo un cuartillo. El presidente del
Nacional Bureau of Economic Research ha
pedido públicamente una rebaja de 1 punto
porque considera que la acción conjunta de
la crisis en los mercados crediticios, la
caída de los precios inmobiliarios y la
disminución del gasto de las familias pueden
precipitar a la economía en la recesión.
Pero el Sr. Bernanke, presidente de la Fed,
no se ha rasgado las vestiduras ante lo que
Trichet, presidente del BCE, hubiera
considerado una intolerable presión a su
independencia si alguien en Europa hubiera
dicho lo mismo.
Pero si Bernanke baja los tipos de interés,
los activos en dólares serán menos rentables
y el dólar caerá más todavía. Y al final
puede ocurrir lo que hace tiempo que se
viene anunciando, que el resto del mundo
deje de financiar el exceso de consumo
americano y el déficit comercial resultante
(850.000 millones de dólares en 2006).
Hasta ahora eso no ha ocurrido por el
atractivo del dólar como gran moneda de
reserva mundial, por el crecimiento
sostenido de la economía americana y la
estabilidad de su sistema financiero. Pero
la crisis hipotecaria de este verano, aunque
puramente doméstica, puede haber catalizado
una respuesta internacional de desconfianza
frente al dólar, frente a un euro que ya se
ha afianzado como moneda de referencia
alternativa.
Los activos denominados en euros son hoy
atractivos porque la economía europea sale
de su letargo, tiene buenas bases
macroeconómicas y el riesgo de cambio es
menor. El euro se aprecia con respecto al
dólar por sus propios méritos y no sólo como
consecuencia de la debilidad intrínseca de
la moneda americana. Otra cosa son los
problemas de competitividad que plantea a
las exportaciones europeas un euro que ha
pasado de 0,8 a 1,4 dólares en lo que va de
siglo. A ello se debe el debate sobre a
quién corresponde dirigir la política de
cambio en Europa, al BCE que decide la
política monetaria sólo desde la perspectiva
de la inflación o al Consejo de Ministros
del euro, preocupados también por el
crecimiento.
Pero la velocidad a la que puede bajar el
dólar, única forma de reducir el enorme
déficit comercial americano, no depende sólo
del diferencial de tipos de interés entre
ambos lados del Atlántico. Por una parte, el
crecimiento económico es hoy muy fuerte en
varias partes del mundo que ofrecen
interesantes oportunidades de inversión
alternativas al dólar. Pero por otra hay
países con grandes reservas de dólares,
especialmente China con 1,3 billones, a los
que no les conviene nada que esos activos
pierdan valor. Por eso hacen lo que pueden
para mantener el cambio del dólar, aunque
sea a costa de acumular más dólares y hacer
mayor su potencial riesgo de cambio.
A pesar del riesgo de recesión americano, el
petróleo ha alcanzado los 80 dólares/barril.
La razón coyuntural es la escasez de los
stoks y los huracanes en el Caribe, que han
obligado a parar varias refinerías. Pero la
razón de fondo es el permanente
desequilibrio entre una demanda empujada por
el crecimiento chino y una oferta
estrangulada por la falta de inversión en
nuevas capacidades de producción. La Agencia
Internacional de la Energía considera que la
OPEP debería producir 32,4 millones de
barriles/día en vez de los 30,4 que ofrece
hoy en media. Quizás para celebrar el
aniversario de su creación, la OPEP ha
decidido aumentar su producción en 0,5
millones de barriles/día a partir de
noviembre. Aunque sea una buena e inesperada
noticia, sigue sin ser suficiente; el
petróleo se ha convertido hoy en un nuevo
activo sobre el que especular y su precio
está dirigido al alza.
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