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En los últimos siete años, la población
mundial ha crecido en casi 1000 millones de
habitantes. Este crecimiento va acompañado
de un crecimiento económico que se ha
apoyado en el petróleo como fuente de
energía, lo que ha provocado la
multiplicación exponencial de las emisiones
de Gases de Efecto Invernadero (GEI),
causantes de! calentamiento global de la
atmósfera y del temido cambio climático.
La demanda de petróleo de esta población
creciente está por encima de las reservas de
crudo, lo que terminará por agotarlas.
Además el 60% de las reservas está
localizado en el triángulo conflictivo de
los Emiratos Árabes, lo que complica su
extracción y aprovechamiento. Por tanto, es
necesario conseguir que la dependencia del
petróleo disminuya, sustituyendo esta
materia prima por energías limpias.
Tenemos que aplicar alternativas energéticas
limpias si queremos mantener nuestro nivel
de desarrollo: atómica, eólica,
fotovoltaica, biomasa. Pero no todas estas
fuentes energéticas pueden emplearse en el
sector de los transportes, el más
contaminante de todos.
¿Qué tienen que ver los transportes con la
sequía y la falta de agua? El nexo en común
está en la agricultura y en el CO2, la
reducción drástica de las emisiones de gases
de efecto invernadero es el objetivo para
minimizar las consecuencias del cambio
climático. Queda claro que para conseguir la
reducción de emisiones, el transporte debe
utilizar biocombustibles u otra energía
limpia como el hidrógeno o la energía
eléctrica. Los biocombustibles tienen su
origen en el sector agrario y forestal e
incluso en las marinas. De las producciones
agrarias y forestales y de sus subproductos
es de donde se obtiene la biomasa necesaria
para fabricarlos. Por otra parte, la propia
actividad de las plantas, que necesitan GEI,
para completar su desarrollo vegetativo,
constituye el primer sumidero de estos gases
del planeta, por lo que la contribución de
la agricultura es básica para frenar el
cambio climático. Por ello, la solución está
en hacer más agricultura. Y especialmente
más cultivos de regadío, pues estos son los
que más GEI absorben. Una hectárea de
regadío fija alrededor de 43 toneladas de
CO2, mientras que una hectárea de secano
absorbe 9 y una forestal 21 toneladas.
Si queremos luchar eficazmente contra la
sequía, tenemos que contar con el sector
agrario y forestal, y especialmente con el
regadío. Para regar hace falta contar con
agua suficiente, por lo que hay que poner en
marcha Planes Hidrológicos que ahorren agua
y minimicen los sistemas de regadío, pero
hay que trabajar también desde el lado de
las infraestructuras, con la construcción de
ecoembalses, trasvases, desaladoras y
depuradoras. El sector agrario es la mejor
arma estratégica sostenible para frenar el
cambio climático y alimentar a nuestra
creciente población. Debemos desechar los
actuales complejos que frenan la
construcción de embalses o el incremento de
regadíos sostenibles.
Para el sector agrario es precisamente el
agua la materia prima básica y por ello
hemos de utilizar todos nuestros
instrumentos para evitar su escasez y paliar
las situaciones de sequía. Además el agua es
el recurso que permitirá acabar con las
bolsas de refugiados "climáticos" y evitar
la muerte de los casi 2 millones de personas
que fallecen anualmente por su carestía.
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