Edición 365 - 08/10/2007

 

Editorial

Agricultura y petróleo

En los últimos siete años, la población mundial ha crecido en casi 1000 millones de habitantes. Este crecimiento va acompañado de un crecimiento económico que se ha apoyado en el petróleo como fuente de energía, lo que ha provocado la multiplicación exponencial de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), causantes de! calentamiento global de la atmósfera y del temido cambio climático.

La demanda de petróleo de esta población creciente está por encima de las reservas de crudo, lo que terminará por agotarlas. Además el 60% de las reservas está localizado en el triángulo conflictivo de los Emiratos Árabes, lo que complica su extracción y aprovechamiento. Por tanto, es necesario conseguir que la dependencia del petróleo disminuya, sustituyendo esta materia prima por energías limpias.

Tenemos que aplicar alternativas energéticas limpias si queremos mantener nuestro nivel de desarrollo: atómica, eólica, fotovoltaica, biomasa. Pero no todas estas fuentes energéticas pueden emplearse en el sector de los transportes, el más contaminante de todos.

¿Qué tienen que ver los transportes con la sequía y la falta de agua? El nexo en común está en la agricultura y en el CO2, la reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero es el objetivo para minimizar las consecuencias del cambio climático. Queda claro que para conseguir la reducción de emisiones, el transporte debe utilizar biocombustibles u otra energía limpia como el hidrógeno o la energía eléctrica. Los biocombustibles tienen su origen en el sector agrario y forestal e incluso en las marinas. De las producciones agrarias y forestales y de sus subproductos es de donde se obtiene la biomasa necesaria para fabricarlos. Por otra parte, la propia actividad de las plantas, que necesitan GEI, para completar su desarrollo vegetativo, constituye el primer sumidero de estos gases del planeta, por lo que la contribución de la agricultura es básica para frenar el cambio climático. Por ello, la solución está en hacer más agricultura. Y especialmente más cultivos de regadío, pues estos son los que más GEI absorben. Una hectárea de regadío fija alrededor de 43 toneladas de CO2, mientras que una hectárea de secano absorbe 9 y una forestal 21 toneladas.

Si queremos luchar eficazmente contra la sequía, tenemos que contar con el sector agrario y forestal, y especialmente con el regadío. Para regar hace falta contar con agua suficiente, por lo que hay que poner en marcha Planes Hidrológicos que ahorren agua y minimicen los sistemas de regadío, pero hay que trabajar también desde el lado de las infraestructuras, con la construcción de ecoembalses, trasvases, desaladoras y depuradoras. El sector agrario es la mejor arma estratégica sostenible para frenar el cambio climático y alimentar a nuestra creciente población. Debemos desechar los actuales complejos que frenan la construcción de embalses o el incremento de regadíos sostenibles.

Para el sector agrario es precisamente el agua la materia prima básica y por ello hemos de utilizar todos nuestros instrumentos para evitar su escasez y paliar las situaciones de sequía. Además el agua es el recurso que permitirá acabar con las bolsas de refugiados "climáticos" y evitar la muerte de los casi 2 millones de personas que fallecen anualmente por su carestía.

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