Edición 370 - 12/11/2007

 

Editorial

Petrobras, invierte amor mío

 

"¡Si están de acuerdo, firmen el decreto!", dijo a sus ministros el presidente de Bolivia, Evo Morales, en la madrugada del 1 de mayo de 2006. Estaba nacionalizando un negocio que moverá 200.000 millones de dólares en las próximas dos décadas en el país más pobre de América del Sur. Uno de los estrategas de la medida relató el proceso a IPS.

Morales entregó el documento a sus colaboradores, sentados en torno a una enorme mesa de madera tallada en el salón de reuniones del Palacio de Gobierno, cuando los primeros rayos de sol se filtraban en la mañana fría de La Paz.

Firmas, aplausos y el himno nacional. Tras el último verso ("Morir antes que esclavos vivir"), Morales sonrió y agregó: "El avión nos espera".

 

Unos pocos colaboradores sabían de la operación militar de toma de campos petroleros y del viaje del mandatario con sus boquiabiertos ministros en una aeronave Hércules hasta la región de Caraparí, 1.200 kilómetros al sur.

 

Cuando Morales llegó a las puertas de la central gasífera de San Alberto, controlada hasta ese día por el consorcio estatal brasileño Petrobras, los empleados lo recibieron con sonrisas y le preguntaron cuál era el área operativa que deseaba visitar. El resto de la historia ya lo sabemos.

 

Pero quienes no sabían que aquella medida sería el inicio de la ruptura de un romance con una novia que tenía junto a si una gran dote o muchos petrodólares para invertir en innumerables proyectos energéticos, proyectos que ahora son coqueteados y finalmente invitados a pasar a la casa del vecino Perú, fueron aquellas autoridades que le dieron un revés, de guante blanco, pero revés al fin y al cabo, a una empresa que contribuyó -sería deslealtad no reconocerlo- a colocar a Bolivia en el Mapa Energético Mundial con las segundas mayores reservas de gas natural del Continente después de Venezuela.

 

Despojada, humillada y vilipendiada, la novia, sabedora de su poder económico y que las autoridades de turno -YPFB es el mejor ejemplo- son como los gatos, lanzan el zarpazo mientras ronronean, decidió poner fin al romance y mantener respetable distancia (como dice un vals peruano).

 

El galán, mal asesorado, convencido que las reservas de gas de Bolivia le otorgaban el poder de llamar en el día a su despacho al presidente de EXXONMOBIL  o de SAUDI ARAMCO para invertir en Bolivia, decidió, a través de sus súbditos firmar Mil Memorandums de Intenciones, pero sólo de intenciones, porque en la práctica mientras eso sucedía en nuestro país, un inteligente vecino firmaba y firma contratos de operación con resultados que todavía no percibimos en su verdadera dimensión. Bien por ellos.

 

Convencida de su poder, la novia se dijo Tiempo al Tiempo, se que volverá. Tenía toda la razón, el galán no tardaría en darse cuenta que el trato inferido a tan poderosa dama le cerraría puertas o por decir mejor inversiones. Dolido en su orgullo le arrebató dos refinerías que la amada pagó con caja chica, y el novio para hacerlo debió mermar las finanzas o pocos recursos de YPFB.

 

Cansado de tanta coquetería, sin resultado alguno, y con compromisos que cumplir, principalmente con la vecina Argentina y el mercado interno, el galán encomienda a su principal colaborador en materia energética, asumir el reto más grande, recuperar la confianza de la novia para que ella invierta, sea socia y tenga todas las facilidades para producir gas y satisfacer la demanda del mercado interno y externo.

El primer flirteo parece haber tenido el resultado esperado, ahora el galán aguarda el re encuentro que promete acabar con la ruptura y recuperar la confianza de la amada. Ello sucederá el 12 de diciembre. Por ahora se le oye decir: Petrobras, invierte amor mío.

 

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