Petrobras, invierte amor mío
"¡Si están de acuerdo, firmen el decreto!",
dijo a sus ministros el presidente de
Bolivia, Evo Morales, en la madrugada del 1
de mayo de 2006. Estaba nacionalizando un
negocio que moverá 200.000 millones de
dólares en las próximas dos décadas en el
país más pobre de América del Sur. Uno de
los estrategas de la medida relató el
proceso a IPS.
Morales entregó el documento a sus
colaboradores, sentados en torno a una
enorme mesa de madera tallada en el salón de
reuniones del Palacio de Gobierno, cuando
los primeros rayos de sol se filtraban en la
mañana fría de La Paz.
Firmas, aplausos y el himno nacional. Tras
el último verso ("Morir antes que esclavos
vivir"), Morales sonrió y agregó: "El avión
nos espera".
Unos pocos colaboradores sabían de la
operación militar de toma de campos
petroleros y del viaje del mandatario con
sus boquiabiertos ministros en una aeronave
Hércules hasta la región de Caraparí, 1.200
kilómetros al sur.
Cuando Morales llegó a las puertas de la
central gasífera de San Alberto, controlada
hasta ese día por el consorcio estatal
brasileño Petrobras, los empleados lo
recibieron con sonrisas y le preguntaron
cuál era el área operativa que deseaba
visitar. El resto de la historia ya lo
sabemos.
Pero quienes no sabían que aquella medida
sería el inicio de la ruptura de un romance
con una novia que tenía junto a si una gran
dote o muchos petrodólares para invertir en
innumerables proyectos energéticos,
proyectos que ahora son coqueteados y
finalmente invitados a pasar a la casa del
vecino Perú, fueron aquellas autoridades que
le dieron un revés, de guante blanco, pero
revés al fin y al cabo, a una empresa que
contribuyó -sería deslealtad no reconocerlo-
a colocar a Bolivia en el Mapa Energético
Mundial con las segundas mayores reservas de
gas natural del Continente después de
Venezuela.
Despojada, humillada y vilipendiada, la
novia, sabedora de su poder económico y que
las autoridades de turno -YPFB es el mejor
ejemplo- son como los gatos, lanzan el
zarpazo mientras ronronean, decidió poner
fin al romance y mantener respetable
distancia (como dice un vals peruano).
El galán, mal asesorado, convencido que las
reservas de gas de Bolivia le otorgaban el
poder de llamar en el día a su despacho al
presidente de EXXONMOBIL o de SAUDI ARAMCO
para invertir en Bolivia, decidió, a través
de sus súbditos firmar Mil Memorandums de
Intenciones, pero sólo de intenciones,
porque en la práctica mientras eso sucedía
en nuestro país, un inteligente vecino
firmaba y firma contratos de operación con
resultados que todavía no percibimos en su
verdadera dimensión. Bien por ellos.
Convencida de su poder, la novia se dijo
Tiempo al Tiempo, se que volverá. Tenía toda
la razón, el galán no tardaría en darse
cuenta que el trato inferido a tan poderosa
dama le cerraría puertas o por decir mejor
inversiones. Dolido en su orgullo le
arrebató dos refinerías que la amada pagó
con caja chica, y el novio para hacerlo
debió mermar las finanzas o pocos recursos
de YPFB.
Cansado de tanta coquetería, sin resultado
alguno, y con compromisos que cumplir,
principalmente con la vecina Argentina y el
mercado interno, el galán encomienda a su
principal colaborador en materia energética,
asumir el reto más grande, recuperar la
confianza de la novia para que ella
invierta, sea socia y tenga todas las
facilidades para producir gas y satisfacer
la demanda del mercado interno y externo.
El primer flirteo parece haber tenido el
resultado esperado, ahora el galán aguarda
el re encuentro que promete acabar con la
ruptura y recuperar la confianza de la
amada. Ello sucederá el 12 de diciembre. Por
ahora se le oye decir: Petrobras, invierte
amor mío.
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