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Energía en América Latina
La energía desempeña un papel fundamental
para la consecución de los objetivos del
desarrollo sostenible en los campos
económico, social y medioambiental.
La integración energética de los países
Latinoamericanos coadyuva al logro de dichos
objetivos, en cada uno de nuestros
territorios.
En ese contexto, privilegiados de asistir a
la Semana de la Energía Latinoamérica y El
Caribe 2007, celebrada a fines de noviembre
en Medellín, Colombia, queremos destacar
algunos elementos que, obtenidos en dicho
evento, nos permiten tener un panorama muy
próximo a la realidad del sector energético
en esta parte del orbe. Veamos.
La integración general de las economías es
fundamental para la integración Energética.
En el caso de América Latina se avanza en
esta iniciativa a través de bloques
regionales. Dentro de estos se puede
destacar el Mercosur, la Comunidad Andina de
Naciones - CAN con la intervención entre
Ecuador y Colombia, y el Sistema de
Integración Centroamericana - SICA; pero aún
falta desarrollo en la institucionalidad y
normativa para eliminar barreras que limitan
la integración energética.
A diferencia de la Unión Europea que en la
actualidad importa el 50% del gas y del
petróleo, proporción que podría llegar al
70% en el año 2030, América Latina es
privilegiada al contar con recursos
energéticos abundantes y diversos.
Venezuela, México, Brasil, Argentina,
Ecuador y Colombia, disponen de petróleo con
el que satisfacen su demanda interna y ponen
a la región en una situación excedentaria.
Así mismo, en gas se destacan las reservas
de Venezuela, los países andinos y Brasil,
las reservas de Bolivia, fuente importante
para el abastecimiento de Gas Natural para
el Cono Sur, el gas de Camisea en Perú, y
las reservas de Trinidad y Tobago alrededor
del las cuales se ha desarrollado el mercado
de gas natural licuado o LNG.
La región también tiene importantes reservas
de carbón que están centradas principalmente
en Colombia, pero son exportadas en su gran
mayoría.
En el último Informe de Competitividad de
las naciones del IMD (Instituto
Internacional para el Desarrollo Gerencial)
dentro de los factores evaluados en
Infraestructura se encuentra el porcentaje
de requerimientos de energía atendidos con
energías renovables, factor que ubica a
Brasil en un tercer lugar y Colombia en el
séptimo entre 55 naciones incluidas en el
escalafón. Esto es producto de la
participación que tienen en la canasta
energética la hidroelectricidad y los
biocombustibles.
Brasil produce el 83% de su energía
eléctrica en forma hidráulica, mientras en
Colombia representa 81 %; países que aún
cuentan con un gran potencial hidroeléctrico
por desarrollar. En el Cono Sur se destaca
el caso de Paraguay que por su participación
compartida en grandes proyectos
hidroeléctricos como el de Itaipú lo
convierten en un gran exportador de
electricidad de la región, vendiéndole a
Argentina y a Brasil.
En los últimos años se ha presentado un gran
crecimiento en la oferta y la demanda
mundial de combustibles alternativos,
motivado principalmente por el interés en
reducir la alta dependencia de los costosos
combustibles fósiles y por la creciente
preocupación por el medio ambiente y en
especial por el cambio climático global.
Esto ha impulsado nuevas fuentes de energía
renovable para el transporte como el alcohol
carburante y el biodiesel.
Brasil, segundo país a nivel mundial,
después de Estados Unidos, en la producción
de etanol ha logrado que aproximadamente _
partes de los automóviles sean flex-fuel.
Dadas las condiciones climáticas por su
ubicación geográfica y la disponibilidad de
tierras, otros países de la región como
Colombia tienen enormes potenciales para la
producción del etanol y el biodiesel.
Todo lo anterior no deja de trazar un camino
esperanzador para la integración energética
de nuestros países.
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