Edición 374 - 10/12/2007

 

Editorial

Energía en América Latina

 

La energía desempeña un papel fundamental para la consecución de los objetivos del desarrollo sostenible en los campos económico, social y medioambiental.

 

La integración energética de los países Latinoamericanos coadyuva al logro de dichos objetivos, en cada uno de nuestros territorios.

 

En ese contexto, privilegiados de asistir a la Semana de la Energía Latinoamérica y El Caribe 2007, celebrada a fines de noviembre en Medellín, Colombia, queremos destacar algunos elementos que, obtenidos en dicho evento, nos permiten tener un panorama muy próximo a la realidad del sector energético en esta parte del orbe. Veamos.

 

 La integración general de las economías es fundamental para la integración Energética. En el caso de América Latina se avanza en esta iniciativa a través de bloques regionales. Dentro de estos se puede destacar el Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones - CAN con la intervención entre Ecuador y Colombia, y el Sistema de Integración Centroamericana - SICA; pero aún falta desarrollo en la institucionalidad y normativa para eliminar barreras que limitan la integración energética.

 

A diferencia de la Unión Europea que en la actualidad importa el 50% del gas y del petróleo, proporción que podría llegar al 70% en el año 2030, América Latina es privilegiada al contar con recursos energéticos abundantes y diversos. Venezuela, México, Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia, disponen de petróleo con el que satisfacen su demanda interna y ponen a la región en una situación excedentaria. Así mismo, en gas se destacan las reservas de Venezuela, los países andinos y Brasil, las reservas de Bolivia, fuente importante para el abastecimiento de Gas Natural para el Cono Sur, el gas de Camisea en Perú, y las reservas de Trinidad y Tobago alrededor del las cuales se ha desarrollado el mercado de gas natural licuado o LNG.

 

La región también tiene importantes reservas de carbón que están centradas principalmente en Colombia, pero son exportadas en su gran mayoría.

 

En el último Informe de Competitividad de las naciones del IMD (Instituto Internacional para el Desarrollo Gerencial) dentro de los factores evaluados en Infraestructura se encuentra el porcentaje de requerimientos de energía atendidos con energías renovables, factor que ubica a Brasil en un tercer lugar y Colombia en el séptimo entre 55 naciones incluidas en el escalafón. Esto es producto de la participación que tienen en la canasta energética la hidroelectricidad y los biocombustibles.

 

Brasil produce el 83% de su energía eléctrica en forma hidráulica, mientras en Colombia representa 81 %; países que aún cuentan con un gran potencial hidroeléctrico por desarrollar. En el Cono Sur se destaca el caso de Paraguay que por su participación compartida en grandes proyectos hidroeléctricos como el de Itaipú lo convierten en un gran exportador de electricidad de la región, vendiéndole a Argentina y a Brasil.

 

En los últimos años se ha presentado un gran crecimiento en la oferta y la demanda mundial de combustibles alternativos, motivado principalmente por el interés en reducir la alta dependencia de los costosos combustibles fósiles y por la creciente preocupación por el medio ambiente y en especial por el cambio climático global. Esto ha impulsado nuevas fuentes de energía renovable para el transporte como el alcohol carburante y el biodiesel.

Brasil, segundo país a nivel mundial, después de Estados Unidos, en la producción de etanol ha logrado que aproximadamente _ partes de los automóviles sean flex-fuel. Dadas las condiciones climáticas por su ubicación geográfica y la disponibilidad de tierras, otros países de la región como Colombia tienen enormes potenciales para la producción del etanol y el biodiesel. 

Todo lo anterior no deja de trazar un camino esperanzador para la integración energética de nuestros países.

 

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