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Las tan ansiadas inversiones
En las primeras semanas del presente año,
los conocedores del sector energético se han
sumergido de lleno en el análisis y, en
algunos casos, en la especulación de la
respuesta que Bolivia puede dar para cumplir
con los compromisos que en el área
energética ha suscrito con los compradores
externos y usuarios internos.
El análisis de este tema, oscila entre la
incertidumbre de especialistas del área
energética y, el optimismo de las
autoridades del Gobierno que pregonan a los
cuatro vientos, el retorno de cuantiosas
inversiones en el sector, que permitirán en
el corto plazo, cumplir con todos los
compromisos asumidos por el estado boliviano
en este tema.
La realidad contrasta con esta visión tan
optimista de nuestras autoridades, pues los
hechos nos muestran los vacíos en materia de
política energética y decisiones oportunas
para el sector, especialmente en el tema de
las inversiones, sin las cuales es imposible
aumentar la producción o descubrir nuevas
reservas de gas.
Poco se ha avanzado en términos de eliminar
la incertidumbre que sufre el sector desde
1993, amen de repetir en estos años,
políticas populistas que han alejado las
inversiones que se requieren para reflotar
la actividad, a no ser de los compromisos
que asumen las empresas que responden a las
políticas de los Gobiernos que representan,
que en el caso de Petrobras se podrán dar,
en la medida que no se vuelvan a agitar las
aguas. Saltan las reservas para que esta
posibilidad se concrete con Enarsa, dudosa
posibilidad de realizarse en el caso de
PDVSA, casi imposible con lo prometido por
Irán, y fuera de toda imaginación con la
empresa estatal Rusa.
Las inversiones posibles de concretarse,
son las que comprometieron las empresas
petroleras que mantienen contratos vigentes
con el Estado boliviano, y según
declaraciones del Gobierno, llegarán a los
960 MM de dólares durante la presente
gestión. Hasta el presente, son pocas las
que se han pronunciado en forma oficial
sobre este tema, seguramente esperando
algunas definiciones que solicitan tome el
Gobierno.
Con este panorama, la realidad es que
actualmente se producen 40 MMM3/día, ante
una demanda actual de 46.7 MMM3/día. Esta
diferencia, entre oferta y demanda, se
incrementará durante la presente gestión y
la brecha seguirá ampliándose, si no se
toman medidas para revertir esta tendencia,
certificando nuevas reservas y aumentando la
producción de gas. Esta realidad, encontró a
la opinión pública totalmente desprotegida,
recibiendo un golpe helado en la cara, ante
el anuncio del Gobierno comunicando la
imposibilidad de cumplir con los compromisos
suscritos en el corto y mediano plazo.
Alivia el panorama la afinidad política
entre nuestro gobierno con los gobiernos de
los países compradores, que puede desembocar
en acuerdo tripartito, para definir
prioridades y urgencias, en el marco de
entendimiento, a riesgo de lamentar un
resquebramiento en las relaciones
binacionales, al rebasar la tolerancia de
nuestros vecinos, por el perjuicio que esta
situación les está ocasionando.
En definitiva, urge definir, de una ves por
todas, la política energética que encarará
el Gobierno y facilitar por todos los medios
el ingreso de las inversiones que se
requieren con urgencia.
En las empresas observamos un silencio
preocupante a veces, en el Gobierno, algunas
autoridades emanan una exacerbada confianza
política que no compartimos, y en la mayoría
de los casos, una falta de visión, tanto
técnica, económica y gerencial, en todo lo
que se refiere a los hidrocarburos.
La coyuntura actual es altamente favorable
para el país en términos de precios y
demanda. Esperemos que de a poco, y durante
la presente gestión, se vayan cristalizando
algunas novedades que en esta materia, viene
anunciando el Gobierno.
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