Editorial

 Edición 379 - 21/01/2008

 

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Las tan ansiadas inversiones

 

En las primeras semanas del presente año, los conocedores del sector energético se han sumergido de lleno en el análisis y, en algunos casos, en la especulación de la respuesta que Bolivia puede dar para cumplir con los compromisos que en el área energética ha suscrito con los compradores externos y usuarios internos.

 

El análisis de este tema, oscila entre la incertidumbre de especialistas del área energética y, el optimismo de las autoridades del Gobierno que pregonan a los cuatro vientos, el retorno de cuantiosas inversiones en el sector, que permitirán en el corto plazo, cumplir con todos los compromisos asumidos por el estado boliviano en este tema.

 

La realidad contrasta con esta visión tan optimista de nuestras autoridades, pues los hechos nos muestran los vacíos en materia de política energética y decisiones oportunas para el sector,  especialmente en el tema de las inversiones, sin las cuales es imposible aumentar la producción o descubrir nuevas reservas de gas.

 

Poco se ha avanzado en términos de eliminar la incertidumbre que sufre el sector desde 1993, amen de repetir en estos años, políticas populistas que han alejado las inversiones que se requieren para reflotar la actividad, a no ser de los compromisos que asumen las empresas que responden a las políticas de los Gobiernos que representan, que en el caso de Petrobras se podrán dar, en la medida que no se vuelvan a agitar las aguas. Saltan las reservas para que esta posibilidad se concrete con Enarsa, dudosa posibilidad de realizarse en el caso de PDVSA, casi imposible con lo prometido por Irán, y fuera de toda imaginación con la empresa estatal Rusa.

 

Las inversiones posibles de concretarse,  son las que comprometieron las empresas petroleras que mantienen contratos vigentes con el Estado boliviano, y según declaraciones del Gobierno, llegarán a los 960 MM de dólares durante la presente gestión. Hasta el presente, son pocas las que se han pronunciado en forma oficial sobre este tema, seguramente esperando algunas definiciones que solicitan  tome el Gobierno.

 

Con este panorama, la realidad es que actualmente se producen 40 MMM3/día, ante una demanda actual de 46.7 MMM3/día. Esta diferencia, entre oferta y demanda, se incrementará durante la presente gestión y la brecha seguirá ampliándose, si no se toman medidas para revertir esta tendencia, certificando nuevas reservas y aumentando la producción de gas. Esta realidad, encontró a la opinión pública totalmente desprotegida, recibiendo un golpe helado en la cara, ante el anuncio del Gobierno comunicando la imposibilidad de cumplir con los compromisos suscritos en el corto y mediano plazo.

 

Alivia el panorama la afinidad política entre nuestro gobierno con los gobiernos de los países compradores, que puede desembocar en acuerdo tripartito, para definir prioridades y urgencias, en el marco de entendimiento, a riesgo de lamentar un resquebramiento en las relaciones binacionales, al rebasar la tolerancia de nuestros vecinos, por el perjuicio que  esta situación les está ocasionando.

 

En definitiva, urge definir, de una ves por todas, la política energética que encarará el Gobierno y facilitar por todos los medios el ingreso de las inversiones que se requieren con urgencia.

 

En las empresas observamos un silencio preocupante a veces, en el Gobierno, algunas autoridades emanan una exacerbada confianza política que no compartimos, y en la mayoría de los casos, una falta de visión, tanto técnica, económica y gerencial, en todo lo que se refiere a los hidrocarburos.

 

La coyuntura actual es altamente favorable para el país en términos de precios y demanda. Esperemos que de a poco, y durante la presente gestión, se vayan cristalizando algunas novedades que en esta materia, viene anunciando el Gobierno.