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Menos política, más economía
Es un hecho incuestionable que estamos
atravesando una verdadera crisis política de
tinte muy distinto a anteriores que nos tocó
vivir, cuando estas reflejaban un movimiento
pendular de izquierda a derecha y de derecha
a izquierda, obedeciendo a los ideólogos que
levantan su batuta guiando a los
circunstanciales inquilinos del Palacio
Quemado.
Al cabo de dos años, la actual
administración no ha logrado implementar su
concepción ideológica y política de
“refundar” Bolivia implantando a la fuerza
un Estado social - comunitario - indígena
con predominio étnico de aimaras y quechuas.
Tiene en su haber, una nueva Constitución
Política del Estado (CPE), aprobada en
condiciones muy particulares (ilegales según
una corriente importante de juristas), y no
aceptada por una gran parte de la
ciudadanía. Son muy pocos en el país que
conocen el texto de esta CPE, incluyendo a
algunos de los constituyentes que la
aprobaron.
En la otra banda del río, se parapeta la
gente que piensa distinto (cada vez son
más), que tienen una visión de vida y de
país muy diferente a la anterior, que de un
tiempo a esta parte, pregonan una forma
diferente de administrar al Estado, que
intentan mostrar, que la única forma de
poder convivir en paz entre los diversos
componentes de la ciudadanía boliviana, tan
diversa, compleja y heterogénea, es bajo
otros parámetros de administración del
Estado, alejados de prácticas centralistas y
de hegemonía de una región sobre otra. Cada
uno en lo suyo, pero conservando la unidad
del todo. Tienen en su haber los Estatutos
Autonómicos que persiguen que las regiones
se manejen en forma autónomas, empeñados en
conseguir su legalidad de formulación
definitiva. Estos estatutos son la
concepción de contrapeso.
Hoy se busca los equilibrios para
compatibilizar y encontrar los puntos de
encuentro entre estas dos visiones de país,
estos dos proyectos de poder. Este sueño
será posible solo con un pacto social con
amplio apoyo político y desprendimiento de
intereses personales y grupales, que permita
encontrar y cimentar las formulas adecuadas
de coexistencia proyectando un solo país -
ojala democrático y autonómico.
Esta pulseta debe definirse cuanto antes.
Compartimos con que “la política debe
constituirse en el principal instrumento
para lograr materializar los anhelos de los
bolivianos, pero para ello debe responder de
manera integral y estratégica a las
necesidades socio-económicas de todos y no
constituirse simplemente, en un instrumento
de poder a costa de postergar el progreso”.
Y esto es lo que nos está sucediendo. Hemos
cerrado una gestión con un crecimiento del
PIB del 3.8% bastante por debajo del 4.8% de
la gestión anterior, lejos del 5.6% del
promedio latinoamericano, y sin poder de
comparación, con el 8.3% que sustentan
nuestros vecinos argentinos o peruanos, todo
esto en una coyuntura económica
internacional excepcional, que no se había
presentado en los últimos 30 años y que la
estamos desaprovechando.
Para lograr un mayor crecimiento económico
sostenido, y emprender una verdadera batalla
contra la pobreza, es imprescindible
permitir y promover un nivel adecuado de
inversiones tanto públicas como privadas,
amén de otras - pero fundamentalmente -
creando el clima adecuado para poder
trabajar en paz, evitando levantar un muro
de inseguridad y de incertidumbre dentro y
fuera del país. El Gobierno debe influir
positivamente en los agentes que intervienen
en la producción y en la inversión. En
definitiva, menos política, más economía.
La coyuntura económica mundial tiene su
ritmo. Algunos países lo acompañan otros no.
Bolivia no está entre los primeros, a pesar
de tantos anuncios oficialistas en sentido
contrario. La realidad nos muestra que
estamos estáticos a pesar de tener todas las
condiciones para cambiar esta inercia.
Estamos muy a tiempo de entender esta
realidad y cambiarla.
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