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Contrato sí, pero
irresponsable y político
Una soleada mañana de un mes de 2007,
mientras planificabamos la edición semanal
de Energy Press, un compañero de trabajo
cuestionaba lo fácil que es asumir un
compromiso y lo difícil que, las más de las
veces, es cumplirlo cuando se lo hace a
sabiendas de ello.
“La ExxonMobil me invitó a ser socio de esta
compañía”, decía el colega. “Agradecido les
dije que era un honor”, continuó. “Sin
embargo, ¿con que saco (dinero) puedo
aceptar incorporarme a una de las
trasnacionales más poderosas del planeta?”,
peguntó.
Con el recuerdo de aquel breve diálogo
iniciamos nuestro editorial 384, y vaya como
pasa el tiempo, para llegar a una similitud
con lo que viene sucediendo hoy, que no es
otra cosa que la inminencia de un conflicto
generado por un contrato de compra venta de
gas natural que Argentina y Bolivia, a
través de ENARSA e YPFB, firmaron en un
momento en que nuestro país no terminaba de
conmocionarse por la nacionalización de los
hidrocarburos, mientras que la Argentina
vivía un clima pre-electoral muy favorable a
la señora Cristina Kirchner, hoy presidenta
de la nación hermana.
Y fue eso, nada más que eso, un contrato
irresponsable y político. Irresponsable
porque bien sabían quienes lo redactaron que
a Bolivia los plazos de cumplimiento del
mismo -incremento de 7.7 millones de metros
cúbicos diarios (MMmcd) a 27,7 MMmcd en
porcentajes graduales- no le alcanzarían.
Por supuesto que no le alcanzarían, porque
no se tenía certeza -como ahora- de
inversiones en exploración y producción y en
desarrollo de campos existentes. Y no nos
emborrachemos con Huacaya y Tacobo, porque
dista mucho para verlos en la plenitud de su
producción.
Político porque el por entonces presidente
Néstor Kirchner, de quien se dice que con un
ojo lee y con el otro repasa, encontró en la
ingenuidad de Bolivia (tipical país) un
argumento demagógico para fortalecer la
campaña electoral de su consorte Cristina.
Recordemos que durante un discurso en
nuestro país le dijo a Evo Morales:
“Presidente, si las petroleras que operan en
Bolivia no quieren invertir en exploración y
producción, usted solo tiene que levantar el
teléfono y hablarme para que la Argentina
venga a hacerlo”. Como si no supiéramos que
ese país pasa por el mismo problema hace
muchos años. Es para no creerlo, pero es la
realidad que rodea a un contrato que hoy
comienza a pasar la factura. Claro, Don
Néstor ya no está para dar la cara, y a
nuestro Presidente sólo le resta confiar en
Carlos Villegas, un hábil negociador cuando
las papas queman, y en el Vicepresidente
García Linera.
A tal efecto, una frondosa comitiva viajó a
Brasilia y Río de Janeiro, sede de Petrobras,
para pedirle a ese país ceda unos millones
de metros cúbicos a favor de Argentina. La
respuesta no se dejo esperar y fue
categórica “ni una sola molécula”,
parafraseando a Don Carlos D. Mesa.
Ahora el panorama se complica y Argentina
comienza a jugar sus últimas cartas
amenazando recortes a la producción de gas
de Petrobras en ese país, fundamentalmente
para proyectos petroquímicos, si la estatal
brasileña no le cede algunos volúmenes para
hacer frente a la demanda del próximo
invierno.
Lo cierto es que el panorama es más incierto
que nunca, por eso no nos cansamos de
repetir la frase que la dijimos a diferentes
radios y publicaciones de Argentina, que nos
llamaron para conocer nuestra opinión sobre
este nuevo culebrón: Contrato sí, pero
irresponsable y político”…
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