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Prohibido deliberar
Grotesco, salvaje, denigrante y vergonzoso
ha sido el trato dispensado a senadores y
diputados en la plaza Murillo, de la ciudad
de La Paz, por una masa de seguidores del
gobernante Movimiento al Socialismo (MAS).
No cabe espacio para la oposición, se debe
acatar lo que la turba, enviada y financiada
por el MAS, quiere que se acate, vale decir,
apruebe lo que ellos han decidido sea
aprobado.
Cuando el país clama por inversiones en los
distintos sectores de la economía nacional,
particularmente en el petrolero, son los
mismos acólitos o militantes MAS, aunque
bien merecen otro tipo de calificativo, los
encargados de mostrar que este es un país al
borde de la barbarie.
Si entre los propios bolivianos llegamos al
extremo de agredirnos con una ferocidad
cavernaria por nuestra manera de pensar,
entonces tendremos la mejor carta de
presentación para que cualquier capital huya
espantado del país. Claro, un empresario
dirá “el día de mañana no me permitirán
ingresar a mi compañía porque me consideran
capitalista, explotador, pro-autonomista y
demás denuestos y lo perderé todo. Mejor
busco otro lugar”.
En Bolivia está prohibido deliberar, no cabe
una opinión encontrada con la forma de
discernir de quienes ahora creen ser dueños
de la verdad. Si para ello es necesario
amedrentar y golpear a hombres y mujeres que
piensan de otra manera, bienvenida sea la
ley de la selva.
Es que los señores que hoy detentan el
poder, al parecer, obnubilados por el mismo,
se han olvidado que los senadores y
diputados de la oposición fueron elegidos,
al igual que ellos, por el voto popular. Por
lo tanto, tienen todas las facultades y
prerrogativas constitucionales de poder
deliberar en el Parlamento todas las veces
que sea necesario, sin ser agredidos por
gente azuzada desde las altas esferas del
MAS.
Y es que lo que se vio en la plaza Murillo y
alrededores sólo puede ser entendido como
intransigencia llevada al extremo. Es
inadmisible la agresión a dos diputadas, que
bien podían haber sido dos mujeres de
pollera del partido opositor.
¿Qué es lo que pretendemos?, ¿prohibir el
ingreso o libre circulación de ciertas
personas en nuestro país? Si eso sucede en
La Paz, entonces el día de mañana se le
prohibirá a tal ministro o viceministro o al
mismísimo presidente ingresar a Cobija, por
ejemplo.
Nos estamos empujando al borde del abismo y
alguien va a caer si no mantenemos un
elemental principio de coherencia. Siempre
debemos estar conscientes que la coherencia
hasta cierto punto es flexible. Por una
parte es aprender a callar y ceder en las
cosas sin importancia; pero en
circunstancias en las que el prestigio y la
seguridad de las personas, la unidad
familiar o la estabilidad social están en
juego, se tiene la obligación de enfrentar
la situación para evitar un daño a los
derechos de los demás. Este es el motivo por
el cual, el ejercicio de la prudencia es
determinante, para saber actuar
acertadamente en cualquier circunstancia.
¿Qué se necesita para ser coherentes,
voluntad o conocimiento de los valores? En
estricto sentido, ambos. Voluntad para
superar nuestro temor a ser “diferentes” con
el implícito deseo de ser mejores y ayudar a
los demás a formar los valores en su vida.
Con el conocimiento, hacemos más firmes
nuestros principios, descubriendo su
verdadero sentido y finalidad, lo que
necesariamente nos lleva a ejercitarnos en
los valores y vivirlos de manera natural.
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