Editorial

 Edición 385 - 03/03/2008

 

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Prohibido deliberar

 

Grotesco, salvaje, denigrante y vergonzoso ha sido el trato dispensado a senadores y diputados en la plaza Murillo, de la ciudad de La Paz, por una masa de seguidores del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS).

 

No cabe espacio para la oposición, se debe acatar lo que la turba, enviada y financiada por el MAS, quiere que se acate, vale decir, apruebe lo que ellos han decidido sea aprobado.

 

Cuando el país clama por inversiones en los distintos sectores de la economía nacional, particularmente en el petrolero, son los mismos acólitos o militantes MAS, aunque bien merecen otro tipo de calificativo, los encargados de mostrar que este es un país al borde de la barbarie.

 

Si entre los propios bolivianos llegamos al extremo de agredirnos con una ferocidad cavernaria por nuestra manera de pensar, entonces tendremos la mejor carta de presentación para que cualquier capital huya espantado del país. Claro, un empresario dirá “el día de mañana no me permitirán ingresar a mi compañía porque me consideran capitalista, explotador, pro-autonomista y demás denuestos y lo perderé todo. Mejor busco otro lugar”.

 

En Bolivia está prohibido deliberar, no cabe una opinión encontrada con la forma de discernir de quienes ahora creen ser dueños de la verdad. Si para ello es necesario amedrentar y golpear a hombres y mujeres que piensan de otra manera, bienvenida sea la ley de la selva.

 

Es que los señores que hoy detentan el poder, al parecer, obnubilados por el mismo, se han olvidado que los senadores y diputados de la oposición fueron elegidos, al igual que ellos, por el voto popular. Por lo tanto, tienen todas las facultades y prerrogativas constitucionales de poder deliberar en el Parlamento todas las veces que sea necesario, sin ser agredidos por gente azuzada desde las altas esferas del MAS.

 

Y es que lo que se vio en la plaza Murillo y alrededores sólo puede ser entendido como intransigencia llevada al extremo. Es inadmisible la agresión a dos diputadas, que bien podían haber sido dos mujeres de pollera del partido opositor.

 

¿Qué es lo que pretendemos?, ¿prohibir el ingreso o libre circulación de ciertas personas en nuestro país? Si eso sucede en La Paz, entonces el día de mañana se le prohibirá a tal ministro o viceministro o al mismísimo presidente ingresar a Cobija, por ejemplo.

 

Nos estamos empujando al borde del abismo y alguien va a caer si no mantenemos un elemental principio de coherencia. Siempre debemos estar conscientes que la coherencia hasta cierto punto es flexible. Por una parte es aprender a callar y ceder en las cosas sin importancia; pero en circunstancias en las que el prestigio y la seguridad de las personas, la unidad familiar o la estabilidad social están en juego, se tiene la obligación de enfrentar la situación para evitar un daño a los derechos de los demás. Este es el motivo por el cual, el ejercicio de la prudencia es determinante, para saber actuar acertadamente en cualquier circunstancia.

 

¿Qué se necesita para ser coherentes, voluntad o conocimiento de los valores? En estricto sentido, ambos. Voluntad para superar nuestro temor a ser “diferentes” con el implícito deseo de ser mejores y ayudar a los demás a formar los valores en su vida. Con el conocimiento, hacemos más firmes nuestros principios, descubriendo su verdadero sentido y finalidad, lo que necesariamente nos lleva a ejercitarnos en los valores y vivirlos de manera natural.