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¿Es mucho a 100 dólares el barril?
El 2 de enero, primer día del año en el que
cotizaba el petróleo en los mercados, nos
sobresaltamos (algunos un poco menos) al
conocer que el crudo había sobrepasado los
100 dólares por barril. Para muchos, una
cifra mágica digna de apocalípticos
desastres. Hubo quien intentó encontrar
alguna relación con las profecías de
Nostradamus. Pero no paso nada, pues
correspondió al momento en que, un avispado
trader, fue capaz de pagar unos centavitos
más, hasta llegar a los 100,09 dólares por
barril, exactamente, para aparecer en la
historia como el primero que superaba esa
¿mítica? Barrera. Sus descendientes siempre
le recordarán.
Pero el 20 de febrero, el barril del crudo
norteamericano de referencia, West Texas
Intermediate (WTI), se negoció a 101,32
dólares. Salto de nuevo, limpiamente, al más
puro estilo Fosbury, el nivel de los 100
dólares, sin tan siquiera rozar el listón. Y
esta vez no ha sido el caro capricho de un
trader con ansias de notoriedad. Ahora han
coincidido una serie de circunstancias.
Algunas enfrentadas, curiosamente. Al
superarse los 100 dólares el 2 de enero
pasado, la OPEP (Organización de Países
Exportadores de Petróleo), cuya producción e
influencia en los precios internacionales
son decisivas, se apresuro a decir que ellos
no eran los culpables. Es como cuando un
niño, normalmente travieso, se disculpa por
los efectos de una trastada de la que –por
una vez- no ha sido responsable. Ahora,
objetivamente, tampoco la OPEP tiene la
culpa del record olímpico del precio del
petróleo.
La demanda está suficientemente abastecida.
Los stocks de crudo y productos,
particularmente en los Estados Unidos, el
mayor consumidor, están en niveles
razonables y confortables. Incluso la
economía mundial se ha enfriado, tanto en
Estados Unidos, como incluso en la emergente
China, donde la inflación empieza a
destellar con luces amarillas (nunca mejor
dicho) de precaución.
Entonces, y como preguntaría un americano
pragmático ¿qué demonios sucede?
Simplemente, como sucedió en 2007, el miedo
es caro. Hay temores de que la oferta pueda
fallar repentina e inesperadamente.
Moraleja: los compradores prefieren asegurar
sus posiciones, pagando la prima necesaria
que garantice sus suministros. En Nigeria,
la situación política sigue aun confusa, y
no olvidemos que produce más de dos millones
de barriles diarios, en condiciones
normales. Venezuela, por su parte anda en
pleitos con la norteamericana ExxonMobil
(tras expropiarle reservas de más de 1.500
millones de barriles), En cuanto a Irán,
que podría producir diariamente tres
millones de barriles en 2008, hay
tranquilidad sobre cual puede ser la
reacción estadounidense (y de la comunidad
internacional, en su conjunto), y sigue
incordiando con su política
ayatolá-nuclearizada.
Tampoco Rusia ayuda en mantener la
tranquilidad de los suministros, cuando su
compañía Lukoil ha cortado sus suministros
de crudo a las refinerías alemanas, por una
disputa sobre precios. Para colmo, el
incendio reciente de una refinería en Texas
(Big Springs), ha desatado la preocupación
de los consumidores norteamericanos.
Y es que el mercado petrolífero es tan
volátil que su modelización exige esfuerzos
ímprobos. Volvemos ahora al título de este
editorial: ¿es mucho 100 dólares por barril?
Pues depende de la situación puntual del
mercado y, mientras éste pueda pagarlo, no
lo es. Pero un barril de petróleo no vale
100 dólares, ni mucho menos. Debería bajar,
creemos.
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