Editorial

 Edición 386 - 10/03/2008

 

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¿Es mucho a 100 dólares el barril?

 

El 2 de enero, primer día del año en el que cotizaba el petróleo en los mercados, nos sobresaltamos (algunos un poco menos) al conocer que el crudo había sobrepasado los 100 dólares por barril. Para muchos, una cifra mágica digna de apocalípticos desastres. Hubo quien intentó encontrar alguna relación con las profecías de Nostradamus. Pero no paso nada, pues correspondió al momento en que, un avispado trader, fue capaz de pagar unos centavitos más, hasta llegar a los 100,09 dólares por barril, exactamente, para aparecer en la historia como el primero que superaba esa ¿mítica? Barrera. Sus descendientes siempre le recordarán.

 

Pero el 20 de febrero, el barril del crudo norteamericano de referencia, West Texas Intermediate (WTI), se negoció a 101,32 dólares. Salto de nuevo, limpiamente, al más puro estilo Fosbury, el nivel de los 100 dólares, sin tan siquiera rozar el listón. Y esta vez no ha sido el caro capricho de un trader con ansias de notoriedad. Ahora han coincidido una serie de circunstancias. Algunas enfrentadas, curiosamente. Al superarse los 100 dólares el 2 de enero pasado, la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), cuya producción e influencia en los precios internacionales son decisivas, se apresuro a decir que ellos no eran los culpables. Es como cuando un niño, normalmente travieso, se disculpa por los efectos de una trastada de la que –por una vez- no ha sido responsable. Ahora, objetivamente, tampoco la OPEP tiene la culpa del record olímpico del precio del petróleo.

 

La demanda está suficientemente abastecida. Los stocks de crudo y productos, particularmente en los Estados Unidos, el mayor consumidor, están en niveles razonables y confortables. Incluso la economía mundial se ha enfriado, tanto en Estados Unidos, como incluso en la emergente China, donde la inflación empieza a destellar con luces amarillas (nunca mejor dicho) de precaución.

 

Entonces, y como preguntaría un americano pragmático ¿qué demonios sucede?

Simplemente, como sucedió en 2007, el miedo es caro. Hay temores de que la oferta pueda fallar repentina e inesperadamente. Moraleja: los compradores prefieren asegurar sus posiciones, pagando la prima necesaria que garantice sus suministros. En Nigeria, la situación política sigue aun confusa, y no olvidemos que produce más de dos millones de barriles diarios, en condiciones normales. Venezuela, por su parte anda en pleitos con la norteamericana ExxonMobil (tras expropiarle reservas de más de 1.500 millones de barriles),  En cuanto a Irán, que podría producir diariamente tres millones de barriles en 2008, hay tranquilidad sobre cual puede ser la reacción estadounidense (y de la comunidad internacional, en su conjunto), y sigue incordiando con su política ayatolá-nuclearizada.

 

Tampoco Rusia ayuda en mantener la tranquilidad de los suministros, cuando su compañía Lukoil ha cortado sus suministros de crudo a las refinerías alemanas, por una disputa sobre precios. Para colmo, el incendio reciente de una refinería en Texas (Big Springs), ha desatado la preocupación de los consumidores norteamericanos.   

 

Y es que el mercado petrolífero es tan volátil que su modelización exige esfuerzos ímprobos. Volvemos ahora al título de este editorial: ¿es mucho 100 dólares por barril? Pues depende de la situación puntual del mercado y, mientras éste pueda pagarlo, no lo es. Pero un barril de petróleo no vale 100 dólares, ni mucho menos. Debería bajar, creemos.