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Europa necesita un mercado energético común
Es hora de que la Unión
Europea (UE) deje de intentar defender la ficción institucional. En la UE no
existe libre movimiento de capitales: las barreras proteccionistas de Francia,
Alemania e Italia dan fe de ello. Y, dado que las empresas no pueden invertir
libremente en el resto de las economías, no contamos con un mercado energético
común, algo que Europa necesita ahora más que nunca.
Para que Europa goce de un
mercado energético global y de grupos energéticos paneuropeos, es necesaria una
formativa paneuropea que controle las adquisiciones entre distintos países. Sin
embargo, queda mucho camino para conseguir este objetivo.
No todos los países han jugado las mismas bazas. Ante la ausencia de una
normativa común, los defensores del libre mercado son vulnerables a las acciones
contraproducentes de los proteccionistas.
Reino Unido ha adoptado una actitud de amplias miras con respecto a la
liberalización de sus mercados y sus políticas y decisiones han mantenido la
coherencia de un régimen liberalizado, Francia y Alemania, sin embargo, no ponen
en práctica lo que predican.
Cuando la italiana Enel mostró su interés por Suez, Patrick Devedjian,
secretario general de la UMP-el partido del actual Gobierno francés-declaró:
“nuestro país no puede permitirse dejar ese patrimonio en manos de competidores
que sólo velarían por sus intereses”. ¿Mantendrá Devedjian la misma opinión si
la eléctrica francesa EDF, propiedad del estado, intentara hacerse con el
control de Iberdrola?
Al igual que Reino Unido, España ha liberalizado su mercado energético, pero su
compromiso con la liberalización no es inamovible. De hecho, podría verse
obligada a cambiar las políticas adoptadas durante la última década si decidiera
manifestarse en contra de que grupos estatales extranjeros controlen la mayor
parte de sus compañías energéticas.
Gracias a sus reservas energéticas, Latinoamérica es un área de interés
estratégico para Europa. Esta región no sólo ayuda a Europa a diversificar sus
fuentes de suministro e inversiones en energía, sino que además contribuye a
consolidad una alianza con una región que está estrechando sus lazos con Asia.
Para España, una posición de fortaleza en Latinoamérica es fundamental para
mantener su lugar dentro de los escenarios europeo e internacional. Nadie puede
negar los fuertes lazos históricos y culturales que comparte con la región. Pero
los vínculos políticos no bastan.
La importancia de las estrategias económica y tecnológica en la consolidación de
las relaciones es cada vez mayor. El sector energético, en especial el de las
energías renovables, podría ofrecer a España la posibilidad de ejercer una
fuerte influencia en Latinoamérica, ya que las compañías energéticas españolas
están ayudando a las empresas de los sectores productivos de Latinoamérica a
modernizarse.
Ahora que EEUU, China y Rusia compiten por los recursos energéticos, la
debilidad inherente de Europa es evidente. Esta pérdida de fuerza se ve agravada
por la incapacidad de la UE para hablar como un solo interlocutor en sus
relaciones con Rusia.
Europa tiene que escoger entre optar por un mercado común liberalizado o por un
mercado proteccionista. Este es el debate real, y no se puede posponer por más
tiempo.
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