Editorial

 Edición 389 - 31/03/2008

 

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Nuestro gas no había sido tan imprescindible

 

Chile ha iniciado la construcción de la segunda planta de regasificación que le va a permitir adquirir gas de cualquier parte del mundo para poner fin a la dependencia del energético argentino. Así de simple, los proyectos se trazan y se cumplen, esa parece ser la filosofía de nuestro vecino a la hora de pensar en el bienestar de todos sus estamentos.
Primero fue en Quintero, ahora en Mejillones, lo cierto es que Chile está invirtiendo en dos proyectos donde el capital extranjero juega un rol fundamental. Claro, la meta es poder abastecer la demanda de gas en la región central de ese país y en el Norte Grande, para ello serán gigantescos buques metaneros los encargados de traer el gas desde países tan lejanos como Indonesia, Australia o las islas Shakalin hasta las terminales de regasificación que, en ambos casos, estarán operando en 2010.


Vamos a prestar especial atención a la Terminal de Mejillones, el puerto donde el consorcio Pacific LNG (Repsol YPF, BG y BP) pretendían construir una planta de licuefacción para exportar gas de los campos productores del sur de Bolivia a México y California, con una inversión que superaba los 5.000 millones de dólares. Proyecto abortado cuya historia es por todos conocida.


En esa región se encuentran las grandes mineras que explotan concesiones en el llamado Norte Grande, y han sido estas las que han impulsado el desarrollo del proyecto GNL Mejillones, cuyas instalaciones permitirán descargar, almacenar y regasificar gas natural licuado (LNG por sus siglas en inglés) y despacharlo mediante un gasoducto de aproximadamente 8 kilómetros de longitud, que entregará la producción del terminal a los gasoductos NorAndino y Atacama.


A través del primero se abastecen la central termoeléctrica Mejillones de Edelnor S.A. y la central termoeléctrica Tocopilla de Electroandina S.A., y con el segundo, lo hacen la central térmica Atacama de GasAtacama todas pertenecientes al Sistema Interconectado del Norte Grande (SING). También se podría entregar gas natural a la central térmica Taltal de Endesa, que pertenece al Sistema Interconectado Central (SIC).


Gracias a los contratos ya firmados con cada una de las empresas mineras involucradas en el proyecto (BHPB/Escondida, Collahuasi, El Abra, Codelco Norte), GNL Mejillones proveerá gas natural para generar el equivalente a 400 MW de energía por un periodo de tres años a partir del 2010. Es decir, aproximadamente 20% del consumo total del norte de Chile.


En este contexto, podríamos decir bien por Chile y esa región, pero lo que verdaderamente puede acarrear esta Terminal es ponerle un candado a las pretensiones bolivianas de exportar gas a esa zona del vecino país, y, lo que es peor aún, que se convierta en el puente para que Argentina importe gas de ultramar y relegue a un segundo plano la oferta boliviana.


Es simple visualizar esa posibilidad si se toma en cuenta que entre Chile y Argentina existen varios gasoductos con capacidad ociosa que pueden pasar a operar en reversa, vale decir, de traer gas argentino a Chile, pasar a llevarlo hasta ese país. Parece de Ripley, pero todo puede suceder.


Ahora bien, no seamos pesimistas y tampoco descartemos la posibilidad de que el complejo GNL Mejillones sirva, en sus predios, para la construcción de una planta de licuefacción, desde donde en un futuro muy lejano, nuestro país pueda exportar gas a mercados distantes.


Pueden suceder muchas cosas, pero lo único cierto ahora es que la necesidad de un suministro confiable de gas está dando lugar a proyectos que, como el chileno, desplazarán o mandarán a rodar la falsa sensación de creer que nuestro gas es imprescindible para el Cono Sur. Esperemos que no.