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Nuestro gas no había sido
tan imprescindible
Chile ha iniciado la
construcción de la segunda planta de regasificación que le va a permitir
adquirir gas de cualquier parte del mundo para poner fin a la dependencia del
energético argentino. Así de simple, los proyectos se trazan y se cumplen, esa
parece ser la filosofía de nuestro vecino a la hora de pensar en el bienestar de
todos sus estamentos.
Primero fue en Quintero, ahora en Mejillones, lo cierto es que Chile está
invirtiendo en dos proyectos donde el capital extranjero juega un rol
fundamental. Claro, la meta es poder abastecer la demanda de gas en la región
central de ese país y en el Norte Grande, para ello serán gigantescos buques
metaneros los encargados de traer el gas desde países tan lejanos como
Indonesia, Australia o las islas Shakalin hasta las terminales de regasificación
que, en ambos casos, estarán operando en 2010.
Vamos a prestar especial atención a la Terminal de Mejillones, el puerto donde
el consorcio Pacific LNG (Repsol YPF, BG y BP) pretendían construir una planta
de licuefacción para exportar gas de los campos productores del sur de Bolivia a
México y California, con una inversión que superaba los 5.000 millones de
dólares. Proyecto abortado cuya historia es por todos conocida.
En esa región se encuentran las grandes mineras que explotan concesiones en el
llamado Norte Grande, y han sido estas las que han impulsado el desarrollo del
proyecto GNL Mejillones, cuyas instalaciones permitirán descargar, almacenar y
regasificar gas natural licuado (LNG por sus siglas en inglés) y despacharlo
mediante un gasoducto de aproximadamente 8 kilómetros de longitud, que entregará
la producción del terminal a los gasoductos NorAndino y Atacama.
A través del primero se abastecen la central termoeléctrica Mejillones de
Edelnor S.A. y la central termoeléctrica Tocopilla de Electroandina S.A., y con
el segundo, lo hacen la central térmica Atacama de GasAtacama todas
pertenecientes al Sistema Interconectado del Norte Grande (SING). También se
podría entregar gas natural a la central térmica Taltal de Endesa, que pertenece
al Sistema Interconectado Central (SIC).
Gracias a los contratos ya firmados con cada una de las empresas mineras
involucradas en el proyecto (BHPB/Escondida, Collahuasi, El Abra, Codelco
Norte), GNL Mejillones proveerá gas natural para generar el equivalente a 400 MW
de energía por un periodo de tres años a partir del 2010. Es decir,
aproximadamente 20% del consumo total del norte de Chile.
En este contexto, podríamos decir bien por Chile y esa región, pero lo que
verdaderamente puede acarrear esta Terminal es ponerle un candado a las
pretensiones bolivianas de exportar gas a esa zona del vecino país, y, lo que es
peor aún, que se convierta en el puente para que Argentina importe gas de
ultramar y relegue a un segundo plano la oferta boliviana.
Es simple visualizar esa posibilidad si se toma en cuenta que entre Chile y
Argentina existen varios gasoductos con capacidad ociosa que pueden pasar a
operar en reversa, vale decir, de traer gas argentino a Chile, pasar a llevarlo
hasta ese país. Parece de Ripley, pero todo puede suceder.
Ahora bien, no seamos pesimistas y tampoco descartemos la posibilidad de que el
complejo GNL Mejillones sirva, en sus predios, para la construcción de una
planta de licuefacción, desde donde en un futuro muy lejano, nuestro país pueda
exportar gas a mercados distantes.
Pueden suceder muchas cosas, pero lo único cierto ahora es que la necesidad de
un suministro confiable de gas está dando lugar a proyectos que, como el
chileno, desplazarán o mandarán a rodar la falsa sensación de creer que nuestro
gas es imprescindible para el Cono Sur. Esperemos que no.
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