Editorial

 Edición 390 - 07/04/2008

 

<-- Volver atrás

Reservas de combustibles fósiles

 

Hasta ahora, y por muchos años aún, dependeremos fundamentalmente de los combustibles fósiles. Son recursos finitos, pero aún quedan en el mundo enormes reservas de petróleo, gas y carbón. Buena noticia para las compañías petroleras y carboneras pero, especialmente, para las compañías nacionales de los países donde se encuentran la mayoría de esos recursos.


Cada vez aprietan más las tuercas a los inversores extranjeros y entre los precios crecientes, más los impuestos que aplican, y el porcentaje que se reservan, ven con satisfacción cómo aumentan y aumentan sus ingresos. Aunque cada vez les sea más costosa su extracción a las multinacionales. Consecuentemente, algunas petroleras internacionales ya no trabajan (invierten) en algunos países con el entusiasmo del pasado, y otras han huido a otros entornos más favorables. O, al menos buscan utópicas nuevas tierras de promisión donde invertir.


Con la creciente e imparable apetencia de energía, todas las fuentes que sean técnica, ambiental y económicamente viables son bienvenidas. Todas o casi todas valen, pero ninguna en particular es suficiente. Y la energía más barata es, precisamente, la que no se consume.


Optimizar su utilización es más que recomendable. En el fondo, sostenibilidad es la palabra mágica. Pero el mundo es muy grande. Los países están desarrollados por igual, ni mucho menos, y no hay una única receta para todos.


Tras el toque a rebato por los efectos de un posible cambio climático, muchas compañías, gobiernos e instituciones supranacionales, emiten comunicaciones, declaraciones de intención, reglamentos y hasta leyes, en ocasiones, notablemente duras. Hasta ahí, bien...o más o menos bien. Cuando hay un marco claro, se cumple o inconscientemente se incumple, ateniéndose a las posibles consecuencias.


Si observamos Estados Unidos, donde consideran crucial el problema de su aprovisionamiento energético, una de las alternativas fundamentales que se contemplaban era la utilización de crudo extraído de arenas bituminosas.


Tienen importantes reservas descubiertas pero por ahora, su principal suministrador de este tipo de petróleo, es Canadá, su vecino y aliado, quien posee ingentes recursos, quizás solo detrás de las reservas de Arabia Saudita. Pues bien, habiendo aceptado que el desarrollo de dichas arenas sería vital para asegurar una gran parte del consumo petrolífero norteamericano, ahora empiezan a debatir si se trata de un recurso convencional, o no convencional, de si debe fomentarse su explotación o, por el contrario, penalizarse por su posible peor impacto ambiental, comparado con, por ejemplo, el crudo saudita. Sorprendente. Entretanto, las compañías que ya estaban posicionadas en ese sector, con grandes inversiones realizadas y otras mucho mayores previstas, están totalmente desorientadas sobre cuál podrá ser el marco legal y fiscal en el que finalmente puedan encuadrarse sus proyectos.


Otro ejemplo son los biocombustibles. Su uso se propugnó, particularmente en Europa, como una alternativa viable para reducir la dependencia comunitaria de hidrocarburos procedentes de otras áreas, como Oriente Medio, Rusia o África. Amén de su posible menor emisión de gases de infecto invernadero. El brutal incremento de los precios de los productos agrícolas utilizados como materia prima para los biocombustibles, como cereales y oleaginosas, ocasionado simultáneamente por una mayor demanda y peores cosechas, ha sido el detonante para reconsiderar el tema. Ahora se trata de elegir entre alimentos o combustibles, en definitiva.