|
Reservas de
combustibles fósiles
Hasta ahora, y por muchos
años aún, dependeremos fundamentalmente de los combustibles fósiles. Son
recursos finitos, pero aún quedan en el mundo enormes reservas de petróleo, gas
y carbón. Buena noticia para las compañías petroleras y carboneras pero,
especialmente, para las compañías nacionales de los países donde se encuentran
la mayoría de esos recursos.
Cada vez aprietan más las tuercas a los inversores extranjeros y entre los
precios crecientes, más los impuestos que aplican, y el porcentaje que se
reservan, ven con satisfacción cómo aumentan y aumentan sus ingresos. Aunque
cada vez les sea más costosa su extracción a las multinacionales.
Consecuentemente, algunas petroleras internacionales ya no trabajan (invierten)
en algunos países con el entusiasmo del pasado, y otras han huido a otros
entornos más favorables. O, al menos buscan utópicas nuevas tierras de promisión
donde invertir.
Con la creciente e imparable apetencia de energía, todas las fuentes que sean
técnica, ambiental y económicamente viables son bienvenidas. Todas o casi todas
valen, pero ninguna en particular es suficiente. Y la energía más barata es,
precisamente, la que no se consume.
Optimizar su utilización es más que recomendable. En el fondo, sostenibilidad es
la palabra mágica. Pero el mundo es muy grande. Los países están desarrollados
por igual, ni mucho menos, y no hay una única receta para todos.
Tras el toque a rebato por los efectos de un posible cambio climático, muchas
compañías, gobiernos e instituciones supranacionales, emiten comunicaciones,
declaraciones de intención, reglamentos y hasta leyes, en ocasiones,
notablemente duras. Hasta ahí, bien...o más o menos bien. Cuando hay un marco
claro, se cumple o inconscientemente se incumple, ateniéndose a las posibles
consecuencias.
Si observamos Estados Unidos, donde consideran crucial el problema de su
aprovisionamiento energético, una de las alternativas fundamentales que se
contemplaban era la utilización de crudo extraído de arenas bituminosas.
Tienen importantes reservas descubiertas pero por ahora, su principal
suministrador de este tipo de petróleo, es Canadá, su vecino y aliado, quien
posee ingentes recursos, quizás solo detrás de las reservas de Arabia Saudita.
Pues bien, habiendo aceptado que el desarrollo de dichas arenas sería vital para
asegurar una gran parte del consumo petrolífero norteamericano, ahora empiezan a
debatir si se trata de un recurso convencional, o no convencional, de si debe
fomentarse su explotación o, por el contrario, penalizarse por su posible peor
impacto ambiental, comparado con, por ejemplo, el crudo saudita. Sorprendente.
Entretanto, las compañías que ya estaban posicionadas en ese sector, con grandes
inversiones realizadas y otras mucho mayores previstas, están totalmente
desorientadas sobre cuál podrá ser el marco legal y fiscal en el que finalmente
puedan encuadrarse sus proyectos.
Otro ejemplo son los biocombustibles. Su uso se propugnó, particularmente en
Europa, como una alternativa viable para reducir la dependencia comunitaria de
hidrocarburos procedentes de otras áreas, como Oriente Medio, Rusia o África.
Amén de su posible menor emisión de gases de infecto invernadero. El brutal
incremento de los precios de los productos agrícolas utilizados como materia
prima para los biocombustibles, como cereales y oleaginosas, ocasionado
simultáneamente por una mayor demanda y peores cosechas, ha sido el detonante
para reconsiderar el tema. Ahora se trata de elegir entre alimentos o
combustibles, en definitiva.
|