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Un barril de crudo a 200 dólares
Primero fue Chakib Jelil,
presidente de la OPEP y ministro de Petróleo de Argelia, el que aseguró que el
barril de crudo podría alcanzar los 200 dólares si la divisa estadounidense
seguía depreciándose. Hoy, con el barril a 123 dólares, ha sido Arjun Murti,
director general y analista de Petróleo del banco de inversión estadounidense
Goldman Sachs, el que ha vaticinado que alcanzar esa cota es una “opción real”.
Pero los motivos son bien distintos a los de Jelil. Según Murti, el problema que
subyace en el mercado petrolero es estructural. Esto es, el miedo a que la
oferta futura no cubra la creciente demanda energética. De hecho, la tesis
oficial de la firma es que el dólar se está viendo lastrado por la subida del
petróleo, y no a la inversa.
Murti afirma asegura que el precio del crudo no va a detenerse hasta que las
subidas de precio tengan un impacto en la demanda, y que esto no va a suceder
hasta que el crudo alcance un determinado umbral de precios, mucho más elevado
que el actual, y que él sitúa entre 150 y 200 dólares.
Las últimas semanas han arrojado varios argumentos a favor de esta última tesis.
En primer lugar, la correlación dólar-crudo se ha debilitado significativamente,
como venían prediciendo los defensores de la tesis de los problemas
estructurales.
El petróleo ha batido nuevos máximos históricos, alcanzando la cota de los 123
dólares por barril WTI, referencia estadounidense, pero estos récords se han
producido con el euro en 1,555 dólares, casi un 4% por debajo de su máximo
histórico, de 1,6018 dólares. Desde el inicio de la crisis subprime, en agosto
del año pasado, hasta que la divisa estadounidense alcanzó ese mínimo, la
correlación dólar-petróleo era casi perfecta.
Esto nos devolvería al escenario central en el que la subida de los precios del
crudo se debe a una cuestión de fondo de oferta y demanda, y en el que la caída
del dólar es, como mucho, un efecto agravante. Por ello, los países
industrializados han incrementado la presión sobre la OPEP, el cártel que
controla una tercera parte de la producción mundial y tres cuartas partes de las
reservas probadas, para que incremente el bombeo. La semana pasada, el
presidente de EE.UU., George W. Bush, inició una visita oficial a Arabia Saudí
en la que se espera que esta cuestión se encuentre en la parte alta de la
agenda.
El problema, como apuntan los expertos de Barclays Capital, es que la OPEP
apenas cuenta con entre dos y tres millones de barriles diarios de capacidad
inutilizada, un margen que será cubierto fácilmente en los próximos años por el
crecimiento de las necesidades energéticas de países como China e India. Un dato
que demuestra la fortaleza de la demanda es que en un contexto de ralentización
económica global, que afecta con especial virulencia al mayor consumidor de
energía del mundo, EEUU, el barril de crudo ha pasado de 65 dólares en julio del
año pasado a más de 120 dólares hoy.
El mundo está pagando ahora el precio de muchos años de falta de inversión en
infraestructuras, exploración y capacidad de bombeo. Y cualquier proyecto que se
empiece ahora para corregir ese déficit inversor tardará entre cinco y diez años
en añadir barriles, reservas o capacidad de transporte. Habrá que acostumbrarse
a un petróleo caro. Al menos en los próximos años.
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