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Contradicciones
Mientras, por un lado, el
Gobierno pide a las petroleras inversiones para incrementar la producción de gas
y así poder cumplir con el mercado interno y las exportaciones a Brasil y la
Argentina, por otro alienta una mayor incertidumbre sobre el sector con medidas
que, por su carácter arbitrario e intransigente, generan una mayor sensación de
inseguridad jurídica sobre nuestro país.
El atropello a CLHB y a ENTEL, el pasado 1º de mayo, encontró su corolario con
la intervención de Transredes el 2 de junio.
Ajenos al diálogo y sin medir las consecuencias que podría traer al país, en un
escenario de arbitrajes, porque sí, los habrá, el Gobierno haciendo gala
nuevamente de un show mediático, uniformados de por medio, llegó con todo el
gabinete ministerial hasta las instalaciones de Transredes para dar por
nacionalizada la empresa transportadora de hidrocarburos que, a nuestro juicio
es un modelo de administración empresarial privada.
Que era propósito de la actual administración gubernamental llegar a un
entendimiento con CLHB y Transredes, amen de ENTEL, tal como sucedió con las
también capitalizadas Chaco y Andina, no queda la menor duda, pero creemos que
la impaciencia rebasó los límites de la tolerancia para dar paso a la
precipitación arbitraria, propia de quienes, por su manifiesta incapacidad de
negociar, recurren al uso de la fuerza o al intervencionismo, que es lo que paso
con Transredes y CLHB, para asumir el control de una empresa.
Nadie le va a regalar un dólar a este Gobierno, y se lo van a cobrar centavo a
centavo, así aduzca que “las capitalizadas ganaron miles de millones de dólares,
es hora de que estos recursos sean para los bolivianos”, no señores, porque al
momento de llegar a dirimir la situación de las mismas ante árbitros
internacionales, esta perorata que la escuchamos todos los días no tendrá el más
mínimo valor.
Es una lástima que el proceso de nacionalización de los hidrocarburos, con sus
pros y sus contras, no haya culminado de manera impecable, en la mesa de
negociación, con acuerdos recíprocos firmados en el hall del Palacio de
Gobierno, como sucedió con Andina, por ejemplo. O en el nivel de entendimiento
logrado con Petrobras.
Esperemos que no caigan sobre nuestras cabezas cifras millonarias, productos de
fallos arbitrales, que nos tengan endeudados por muchas décadas. Ojo que no
somos agoreros ni presagiadotes de malas noticias, pero creemos que las cosas no
se están haciendo bien.
Mientras tanto, sigamos escuchando a las autoridades de turno clamar por más
inversiones.
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