Editorial

 Edición 402 - 30/06/2008

 

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¿Podemos vivir con un petróleo a $US 135?

 

¿Tienen los Gobiernos margen de maniobra? Según los estudios publicados por la Agencia Internacional de la Energía, OCDE y otras instituciones, alrededor del 30% de la producción mundial del petróleo y el 60% de las reservas está bajo el suelo de Oriente Medio.


Como es sabido, estos países, junto a otros grandes productores como Venezuela ejercen un vergonzoso cártel de oferta que fija los precios en los grandes mercados. Además, a la cada vez más gruesa cadena de distribución, se ha unido sobre todo el incremento del consumo fruto del crecimiento récord de países de la magnitud de China e India, que se han incorporado a la carrera de la industrialización a marchas forzadas. Y Rusia ha dejado de exportar mucho de su petróleo para autoabastecerse.


No obstante, el tradicional informe que elabora BP sobre la situación del crudo, uno de los más exhaustivos en el mundo, resta importancia al efecto de la especulación sobre el precio del barril, y lo achaca a circunstancias estructurales.


En un artículo escrito por el consejero delegado de la petrolera británica, Tony Hayward hablaba en el diario inglés Financial Times también del auge del nacionalismo y las poco efecientes técnicas empleadas en la extracción por empresas públicas, como factores que han encarecido el precio del oro negro, que cada vez se encuentra a más profundidad y es de peor calidad.


No obstante, y a pesar de los presagios de muchos ecoprogresistas, el estudio concluye que queda petróleo para 40 años, si se mantiene la previsión de que existen más de 1,3 billones de barriles repartidos en zonas como Emiratos Árabes, Canadá, EEUU, el mar báltico, la ex-URSS y Latinoamérica. Esto es, tiempo suficiente para desarrollar las energías renovables o cuales quiera modos que reduzcan nuestra tremenda dependencia de este combustible. Pero hay que darse prisa.


El informe de BP reseña también que apenas el 2% de la producción de energía que se consume en el mundo procede de placas solares, biofuel o molinos de viento, pese al ruido mediático que estas inversiones conllevan. Su principal handicap en muchos casos es que aún no son rentables y deben ser subvencionadas. Mientras sea así, seguiremos dependiendo del petróleo. Éste seguirá caro y la economía sufrirá.

 

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