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¿Podemos vivir con un petróleo a $US 135?
¿Tienen los Gobiernos margen
de maniobra? Según los estudios publicados por la Agencia Internacional de la
Energía, OCDE y otras instituciones, alrededor del 30% de la producción mundial
del petróleo y el 60% de las reservas está bajo el suelo de Oriente Medio.
Como es sabido, estos países, junto a otros grandes productores como Venezuela
ejercen un vergonzoso cártel de oferta que fija los precios en los grandes
mercados. Además, a la cada vez más gruesa cadena de distribución, se ha unido
sobre todo el incremento del consumo fruto del crecimiento récord de países de
la magnitud de China e India, que se han incorporado a la carrera de la
industrialización a marchas forzadas. Y Rusia ha dejado de exportar mucho de su
petróleo para autoabastecerse.
No obstante, el tradicional informe que elabora BP sobre la situación del crudo,
uno de los más exhaustivos en el mundo, resta importancia al efecto de la
especulación sobre el precio del barril, y lo achaca a circunstancias
estructurales.
En un artículo escrito por el consejero delegado de la petrolera británica, Tony
Hayward hablaba en el diario inglés Financial Times también del auge del
nacionalismo y las poco efecientes técnicas empleadas en la extracción por
empresas públicas, como factores que han encarecido el precio del oro negro, que
cada vez se encuentra a más profundidad y es de peor calidad.
No obstante, y a pesar de los presagios de muchos ecoprogresistas, el estudio
concluye que queda petróleo para 40 años, si se mantiene la previsión de que
existen más de 1,3 billones de barriles repartidos en zonas como Emiratos
Árabes, Canadá, EEUU, el mar báltico, la ex-URSS y Latinoamérica. Esto es,
tiempo suficiente para desarrollar las energías renovables o cuales quiera modos
que reduzcan nuestra tremenda dependencia de este combustible. Pero hay que
darse prisa.
El informe de BP reseña también que apenas el 2% de la producción de energía que
se consume en el mundo procede de placas solares, biofuel o molinos de viento,
pese al ruido mediático que estas inversiones conllevan. Su principal handicap
en muchos casos es que aún no son rentables y deben ser subvencionadas. Mientras
sea así, seguiremos dependiendo del petróleo. Éste seguirá caro y la economía
sufrirá.
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