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Generosidad alimentada con petróleo
Los elevados precios del
crudo pueden mover a la gente racional a hacer cosas alocadas. En el caso de
Barack Obama, a lanzarse a un impuesto a los beneficios imprevistos de las
petroleras americanas. Un informe del Servicio de Estadística del Congreso en
2006 concluía que la versión de Jimmy Carter del impuesto generó menos de la
cuarta parte de los ingresos del Estado esperados al tiempo que deprimió la
producción petrolera nacional entre un 1,2% y un 8% e incrementó la dependencia
del petróleo importado entre un 3% y un 13%.
Es típico del progresismo económico manido mirar la crisis energética global y
ver a las compañías norteamericanas como el problema. Esos mercados están dando
lugar actualmente a lo que un economista llama “la mayor transferencia de
riqueza que el mundo ha conocido nunca.” En un solo año, los ingresos de los
estados del Golfo productores de petróleo y gas natural se han duplicado
prácticamente. Las recientes promesas saudíes de incrementar la extracción de
petróleo pueden ayudar a aliviar los precios. También es la solución fácil a una
adicción.
¿De cuánto dinero estamos hablando? Puesto que las monarquías del Golfo son
extravagantemente opacas, las estimaciones varían. La Casa de la Moneda de
Arabia Saudí afirma que las reservas oficiales superan los 300.000 millones de
dólares, pero la cifra real probablemente sea mucho mayor. Y esto no incluye las
fortunas de los particulares de la familia real. ¿Y qué hacen estos países con
este dinero? Adquirir bonos a través de intermediarios financieros británicos y
suizos, principalmente. Pero también intentan desactivar el enfado mundial por
esta transferencia masiva de riqueza a través de algunas labores de caridad de
alto nivel.
Los países productores de petróleo de Oriente Medio son importadores a gran
escala y productores cada vez menores de alimentos. De manera que Arabia Saudí,
los Emiratos Árabes Unidos y los demás han comenzado a utilizar los petrodólares
para adquirir o alquilar espacios agrícolas en otros países con el fin de
garantizar su propia “seguridad alimentaria”.
En cuanto a la ayuda a los palestinos, las promesas de los países árabes siempre
llegan con mayor facilidad que las donaciones reales. Los saudíes cumplen más
que la mayoría. Pero el compromiso por su parte de 170 millones de dólares al
año ha de ponerse en perspectiva. Con mucho, la forma más constante de
“generosidad” saudí ha venido siendo desde los años 70 la promoción del
wahabismo, a través de una red global de distribución de madrazas, mezquitas y
misioneros. Según una estimación fiable, este esfuerzo ha costado al menos
75.000 millones de dólares.
Que los productores de petróleo persiguen intereses, excesos e ideologías
propias no debería ser ninguna sorpresa. Pero la masiva transferencia de riqueza
a algunas de las naciones menos responsables del mundo debería preocuparnos. Y
hacer frente a este problema implicará un costo y un compromiso más general y
más serio que un impuesto a los beneficios imprevistos mal encaminado.
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