Editorial

 Edición 403 - 07/07/2008

 

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Generosidad alimentada con petróleo

 

Los elevados precios del crudo pueden mover a la gente racional a hacer cosas alocadas. En el caso de Barack Obama, a lanzarse a un impuesto a los beneficios imprevistos de las petroleras americanas. Un informe del Servicio de Estadística del Congreso en 2006 concluía que la versión de Jimmy Carter del impuesto generó menos de la cuarta parte de los ingresos del Estado esperados al tiempo que deprimió la producción petrolera nacional entre un 1,2% y un 8% e incrementó la dependencia del petróleo importado entre un 3% y un 13%.


Es típico del progresismo económico manido mirar la crisis energética global y ver a las compañías norteamericanas como el problema. Esos mercados están dando lugar actualmente a lo que un economista llama “la mayor transferencia de riqueza que el mundo ha conocido nunca.” En un solo año, los ingresos de los estados del Golfo productores de petróleo y gas natural se han duplicado prácticamente. Las recientes promesas saudíes de incrementar la extracción de petróleo pueden ayudar a aliviar los precios. También es la solución fácil a una adicción.


¿De cuánto dinero estamos hablando? Puesto que las monarquías del Golfo son extravagantemente opacas, las estimaciones varían. La Casa de la Moneda de Arabia Saudí afirma que las reservas oficiales superan los 300.000 millones de dólares, pero la cifra real probablemente sea mucho mayor. Y esto no incluye las fortunas de los particulares de la familia real. ¿Y qué hacen estos países con este dinero? Adquirir bonos a través de intermediarios financieros británicos y suizos, principalmente. Pero también intentan desactivar el enfado mundial por esta transferencia masiva de riqueza a través de algunas labores de caridad de alto nivel.


Los países productores de petróleo de Oriente Medio son importadores a gran escala y productores cada vez menores de alimentos. De manera que Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y los demás han comenzado a utilizar los petrodólares para adquirir o alquilar espacios agrícolas en otros países con el fin de garantizar su propia “seguridad alimentaria”.


En cuanto a la ayuda a los palestinos, las promesas de los países árabes siempre llegan con mayor facilidad que las donaciones reales. Los saudíes cumplen más que la mayoría. Pero el compromiso por su parte de 170 millones de dólares al año ha de ponerse en perspectiva. Con mucho, la forma más constante de “generosidad” saudí ha venido siendo desde los años 70 la promoción del wahabismo, a través de una red global de distribución de madrazas, mezquitas y misioneros. Según una estimación fiable, este esfuerzo ha costado al menos 75.000 millones de dólares.


Que los productores de petróleo persiguen intereses, excesos e ideologías propias no debería ser ninguna sorpresa. Pero la masiva transferencia de riqueza a algunas de las naciones menos responsables del mundo debería preocuparnos. Y hacer frente a este problema implicará un costo y un compromiso más general y más serio que un impuesto a los beneficios imprevistos mal encaminado.
 

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