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Congreso Mundial del Petróleo: una excelente oportunidad para la reflexión
Pocos podían pensar, cuando
se anunció años atrás la sede del Congreso Mundial del Petróleo en Madrid,
España, que las fechas de su celebración coincidirían con un momento tan crítico
en el que la subida del precio provocaría un grave impacto sobre las economías,
especialmente de los países occidentales y, con ello, sobre la calidad y el
nivel de vida de los ciudadanos.
Ahora bien, menos aún podían considerar que ante una situación tan crítica, las
manifestaciones públicas derivadas del propio Congreso -del cual dimos
información en nuestra anterior entrega- vinieran a estar marcadas por la
unánime posición de los poderes públicos y foráneos (curiosa coincidencia)
acerca de las causas de esta escalada, obviamente en base a la existencia de una
especie de ogro especulador, que bajo el paraguas, según parece, complaciente de
las reglas del mercado, viene a perjudicar de forma incesante cualquier
posibilidad de recuperación económica. Elemento éste, del especulador oculto, al
que, sin duda, algunos gobiernos deberían estar agradecidos, porque permite, por
sí solo, explicar la falta de planificación, la imprevisión ante hechos tan
fácilmente esperables como el incremento de consumo en gigantes como China o
India y, por supuesto, cualquier componente adverso del ciclo económico.
Pues bien, nadie va a negar que las tensiones especulativas existen, ahora bien,
pensemos en otros factores que se vienen dando en la reciente evolución del
mercado del petróleo. Y es que los responsables públicos achacan la culpabilidad
de la situación a los especuladores, cuando estamos ante un mercado en el que
son los representantes de determinados gobiernos incorporados a un cartel
mundial los que determinan las cuotas de producción. Estamos ante un mercado en
el que los responsables públicos buscan fantasmas especuladores, cuando buena
parte de ellos, en los países productores, han hecho de la ruptura de los
contratos, de la unilateral imposición de condiciones a los inversores
extranjeros que, en muchos casos, han puesto en producción, tecnificado y
rentabilizado sus campos, la base de su discurso político y un alarde de
política internacional.
Estamos probablemente ante el mercado en el que, en mayor medida, los
detentadotes del poder político hacen uso de su omnímoda facultad para cumplir o
no, a capricho, los compromisos contractuales de sus empresas nacionales, y ha
sido preciso convocar un Congreso Mundial en Madrid para que esos mismos
responsables públicos lleguen a la conclusión de que la culpa de todo es del
libre mercado, siendo en este sentido especialmente atrevida la intervención del
Presidente de la OPEP.
Pues bien, en este contexto de linchamiento público al especulador oculto, se
nos ocurren algunas cuestiones que, pensamos, podrían ser de interés para
algunas instancias públicas, especialmente en los países productores y es que en
esta situación hay que reclamar transparencia en las licitaciones de áreas
exploratorias, un recto funcionamiento de las Compañías Nacionales; seguridad
jurídica en los contratos petroleros celebrados a largo plazo con las instancias
públicas de los países productores; censura internacional a los países que, de
forma sobrevenida y ante la subida de los precios del petróleo “rompen” los
contratos con las compañías petroleras o amenazan con modificaciones
unilaterales de los mismos (seguramente esa sí es una conducta propiamente
especuladora); actuación terminante de las autoridades supranacionales de
competencia con los oligopolios existentes a nivel internacional, con sus
gravísimos “cuellos de botella” para el desarrollo de las infraestructuras del
sector y auténticos procedimientos reales de protección de inversiones para
quienes arriesgan sus recursos y los de sus accionistas en costosas operaciones
que pueden quedar frustradas por el capricho populista de quienes dicen defender
los intereses de unos pueblos que, frecuente y finalmente, no suelen ser los
destinatarios de tan ardorosa actuación.
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