Editorial

 Edición 404 - 14/07/2008

 

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Congreso Mundial del Petróleo: una excelente oportunidad para la reflexión

 

Pocos podían pensar, cuando se anunció años atrás la sede del Congreso Mundial del Petróleo en Madrid, España, que las fechas de su celebración coincidirían con un momento tan crítico en el que la subida del precio provocaría un grave impacto sobre las economías, especialmente de los países occidentales y, con ello, sobre la calidad y el nivel de vida de los ciudadanos.


Ahora bien, menos aún podían considerar que ante una situación tan crítica, las manifestaciones públicas derivadas del propio Congreso -del cual dimos información en nuestra anterior entrega- vinieran a estar marcadas por la unánime posición de los poderes públicos y foráneos (curiosa coincidencia) acerca de las causas de esta escalada, obviamente en base a la existencia de una especie de ogro especulador, que bajo el paraguas, según parece, complaciente de las reglas del mercado, viene a perjudicar de forma incesante cualquier posibilidad de recuperación económica. Elemento éste, del especulador oculto, al que, sin duda, algunos gobiernos deberían estar agradecidos, porque permite, por sí solo, explicar la falta de planificación, la imprevisión ante hechos tan fácilmente esperables como el incremento de consumo en gigantes como China o India y, por supuesto, cualquier componente adverso del ciclo económico.


Pues bien, nadie va a negar que las tensiones especulativas existen, ahora bien, pensemos en otros factores que se vienen dando en la reciente evolución del mercado del petróleo. Y es que los responsables públicos achacan la culpabilidad de la situación a los especuladores, cuando estamos ante un mercado en el que son los representantes de determinados gobiernos incorporados a un cartel mundial los que determinan las cuotas de producción. Estamos ante un mercado en el que los responsables públicos buscan fantasmas especuladores, cuando buena parte de ellos, en los países productores, han hecho de la ruptura de los contratos, de la unilateral imposición de condiciones a los inversores extranjeros que, en muchos casos, han puesto en producción, tecnificado y rentabilizado sus campos, la base de su discurso político y un alarde de política internacional.


Estamos probablemente ante el mercado en el que, en mayor medida, los detentadotes del poder político hacen uso de su omnímoda facultad para cumplir o no, a capricho, los compromisos contractuales de sus empresas nacionales, y ha sido preciso convocar un Congreso Mundial en Madrid para que esos mismos responsables públicos lleguen a la conclusión de que la culpa de todo es del libre mercado, siendo en este sentido especialmente atrevida la intervención del Presidente de la OPEP.


Pues bien, en este contexto de linchamiento público al especulador oculto, se nos ocurren algunas cuestiones que, pensamos, podrían ser de interés para algunas instancias públicas, especialmente en los países productores y es que en esta situación hay que reclamar transparencia en las licitaciones de áreas exploratorias, un recto funcionamiento de las Compañías Nacionales; seguridad jurídica en los contratos petroleros celebrados a largo plazo con las instancias públicas de los países productores; censura internacional a los países que, de forma sobrevenida y ante la subida de los precios del petróleo “rompen” los contratos con las compañías petroleras o amenazan con modificaciones unilaterales de los mismos (seguramente esa sí es una conducta propiamente especuladora); actuación terminante de las autoridades supranacionales de competencia con los oligopolios existentes a nivel internacional, con sus gravísimos “cuellos de botella” para el desarrollo de las infraestructuras del sector y auténticos procedimientos reales de protección de inversiones para quienes arriesgan sus recursos y los de sus accionistas en costosas operaciones que pueden quedar frustradas por el capricho populista de quienes dicen defender los intereses de unos pueblos que, frecuente y finalmente, no suelen ser los destinatarios de tan ardorosa actuación.
 

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