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“El precio de la garrafa responde a una medida política
que en este momento, no la van a cambiar. En tal
sentido, el Estado está metido dentro de un problema que
no tiene soluciones sencillas. Por un lado, está inmerso
en una burbuja y no quiere aceptar los precios
internacionales de los combustibles, por tanto seguirá
subvencionando para que la garrafa de GLP sigua con bajo
precio lo que seguirá ocasionando contrabando y su
utilización como combustible vehicular. En tal sentido,
seguiremos espectando el circo que se produce cada seis
meses cuando se agudiza la escasez de este combustible y
comienzan las batidas contra el contrabando.
Esos son los temas
conceptuales que alarman y que hacen que el GLP
subvencionado no abastezca al mercado, porque la demanda
crece cada año y lo seguirá haciendo y obviamente va ha
existir un desabastecimiento del GLP porque las
condiciones están dadas para que se consumo de gas
licuado se masifique debido a su bajo precio. En tal
sentido, creo que la solución rápida a este problema, y
por la que el gobierno se inclinará, es la construcción
de nuevas plantas de GLP.
Vemos que el gobierno
actual tiene un compromiso de venta a la Argentina de
por lo menos 20 millones de metros cúbicos/ día. A
cambio de eso, el vecino país está proponiendo la
construcción de una planta de extracción de licuables,
lo cual es importante porque permitirá vender el gas
natural seco que tenemos en gran cantidad, y retener los
licuables en Bolivia para seguir abasteciendo este
mercado que cada día crece, pero de una manera no acorde
al concepto inicial de consumo doméstico. Sin embargo,
hasta ahora no vemos ninguna inversión efectiva.
La otra solución es el
incremento del precio del GLP, pero sabemos que esta
medida si se toma producirá protestas, porque los
bolivianos nos hemos acostumbrados a vivir a costa del
Estado. Esa es nuestra forma de pensar. Y es un problema
porque los anteriores gobiernos, no nos han puesto en
sintonía con el resto del mundo, en donde los
combustibles son caros.”
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