Hoy la humanidad entera está frente a un
gran desafío, cual es el de la seguridad en
el suministro de energía y este será el tema
mas importante en las próximas décadas.
La demanda energética global está proyectada
para un crecimiento del 1,6% anual, por lo
que desde el 2000 al 2030 el consumo de
energía se incrementará en un 60%, y esto no
son peanuts.
Esta demanda está generada por el
crecimiento de la economía mundial a una
tasa anual del 2,8%, esto quiere decir que
la economía del 2030 será el doble de la del
2000. La población mundial alcanzará el 2030
a los 8 billones de habitantes, los países
del mundo en desarrollo se llevarán el 95%
de este crecimiento, me refiero a China,
India, etc.
Los combustibles fósiles (petróleo y gas)
seguirán abasteciendo aproximadamente el 80%
de la demanda global, tal como lo vienen
haciendo en la actualidad.
Todas las empresas petroleras
transnacionales y estatales del planeta,
están trabajando para cubrir la demanda del
2030, pero el tema no es muy alentador,
porque los proyectos petroleros cada día se
van encareciendo y el petróleo fácil de
encontrar ha desaparecido. Por esta razón
vemos un boom de los biocombustibles, que
pese a su desarrollo solo podrán alcanzar a
suplir entre un 2 a 3% de la demanda global.
Hoy somos testigos de la fragilidad en el
balance entre la oferta y demanda, en un
entorno especulativo, por lo que los precios
altos, seguirán manteniéndose por encima de
los 50 $US/barril.
Frente a este panorama energético mundial,
la dependencia energética será uno de los
retos mas importantes para la economía
mundial y de todos los países.
Por lo tanto los países deberán competir por
los recursos energéticos y es aquí donde la
seguridad en el suministro será un valor
agregado que hará la diferencia, ya que
muchos países serán dependientes de la
energía como motor de su desarrollo.
Y es aquí donde Bolivia tiene y tendrá su
gran oportunidad para ser considerado como
una de las mejores opciones para el
abastecimiento de energía.
Pero el 2030 está a la vuelta de la esquina
y si seguimos como hasta ahora, con un
sector petrolero dando tumbos, nos
perderemos nuestra oportunidad de oro.
Esto quiere decir que debemos encarar el
futuro con toda responsabilidad, dejando de
lado las visiones de corto plazo y de rédito
político, y encarando un trabajo serio de
largo plazo, que nos permita participar del
auge previsto para las próximas décadas.
No hacerlo sería una irresponsabilidad para
las generaciones venideras, esto ya pasó en
las décadas pasadas y ahora somos nosotros
(nuestra generación) los que estamos
sufriendo la falta de previsión de los
gobiernos de ese entonces.
¿Qué hacer entonces?, sobre este tema me he
referido en varias oportunidades y no creo
que sea prudente hacerlo ahora, por lo largo
del tema, pero lo que me interesa, es
transmitir este concepto que no está
contaminado con una visión política y que si
lo tomamos en su verdadera dimensión, nos
podrá relanzar al mundo de los negocios
petroleros, como un país serio y que
fundamentalmente puede brindar seguridad en
el suministro de energía.