Luis Carlos Kinn

Como evitar el alza del precio de los combustibles

Julio 2004

Luis Carlos Kinn

Introducción

Aunque pareciera imposible en las actuales condiciones (un país importador de diesel; altos precios internacionales del petróleo y  un gobierno fuertemente sustentado en el impuesto al consumo de combustibles), existen soluciones para  disminuir y eliminar el gran problema que parece venírsenos encima en un par de meses: la subida del precio de los combustibles. Esta es la conclusión a la que hemos llegado entre varios especialistas sobre el tema.

En lo concreto  proponemos la implementación de una solución. que tiene dos etapas interrelacionadas: una  de aplicación inmediata y de efecto parcial, y la otra, de efecto definitivo, a mediano plazo.

 

Situación actual

¿Cuál es nuestra situación actual en el tema de combustibles?. El Gobierno y la balanza de pagos sufren de tres grandes males en este sector: se tiene que subsidiar a la importación de diesel (se le “paga” a los importadores para que importen diesel); existe una fuga de divisas de cerca de 100 millones de dls. por año para la compra de ese diesel (efecto inflacionario), y por ultimo -dado que de acuerdo a la ley y los contratos vigentes el precio del petróleo producido en Bolivia y destinado al mercado interno es fijado  según el que rige en el mercado internacional- el Gobierno  tiene que compensar, vía créditos fiscales (o sea disminución de sus  ingresos) a las empresas productoras de petróleo, para que estas vendan a un precio “subsidiado”  a las refinerías, precio menor que al internacional, y así estas ultimas puedan vender a precios regulados el diesel, la gasolina y otros carburantes que obtienen al procesar el petróleo.

 

Sin duda, el Gobierno no puede aguantar más esta continua y creciente  merma de sus magros fondos fiscales. Por ello ya se habla de una gradual eliminación del subsidio a la importación del diesel. Y este es otro de los bretes del Gobierno: necesariamente se produciría un aumento de los precios al consumidor, con los correspondientes efectos en la canasta familiar y en los demás sectores de la economía, lo cual terminaría en un recrudecimiento de las tensiones sociales en este panorama ya de por si borrascoso.

 

Solución

Pero no todo son malas noticias. Existe una solución, cuyo proceso tiene dos periodos en el tiempo, tal como se describe a continuación.

Periodo 1: disminución parcial de la dependencia.

Primer paso: tan pronto entre en vigencia la nueva Ley de Hidrocarburos, bajo nuevos contratos de producción compartida, el Estado retiene, en especie, el 50% de todos los líquidos que se produzcan en el país (petróleo y condensado), correspondientes al 18% de regalías más el 32% del nuevo impuesto. El otro 50% el Estado le entrega a la empresa en pago por su actividad, para que recupere su inversión, pague sus operaciones y obtenga sus utilidades.

 

Segundo paso: dado que con el 50% no es suficiente para cubrir las necesidades de las refinerías, el Estado compra, vía licitación periódica, el resto (cerca de un 25% más) a las empresas, las cuales deben aprovisionar las necesidades internas antes de exportar el balance.

 

Tercer paso: el Estado entrega a las refinerías el petróleo para que sea procesado; les paga un margen por el proceso; recibe el diesel, la gasolina y los otros derivados –de los cuales es propietario- y los comercializa en el mercado interno,  a precios determinados por el Estado, a través  del sistema actual de distribución mayorista y minorista, quienes reciben un margen fijo por ello.

 

Resultado parcial: el Estado tiene control del precio de la mayor parte del petróleo producido en el país. Así se disminuye notoriamente el efecto de la variación del precio internacional del petróleo en los precios internos de los derivados del mismo.

 

Periodo 2: disminución total de la dependencia.

Primer paso: en paralelo al Periodo 1, se inicia la construcción de plantas de industrialización para la producción de derivados, principalmente diesel y gasolina, a partir del gas (plantas de GTL). Para ello se deben dar los incentivos necesarios (no confundir con subsidios), a las inversiones para esos proyectos.

Segundo paso: el Estado, con parte del 50% que retiene de la producción de gas, entrega gas a las plantas de GTL; estas lo transforman en el  diesel y la gasolina necesarios para el mercado interno (también otros carburantes); reciben un margen por ello; entregan los productos al Estado, y este lo comercializa vía la distribución mayorista y minorista.

 

Tercer paso: la mayor parte de la producción de petróleo (incluyendo el condensado), se destina a la exportación. Como se venderá a precios altos, se obtendrán mayores ingresos para el Estado y para las regiones productoras.

 

Una parte menor de la producción se destina a las refinerías existentes, para las necesidades de mezcla del mercado interno y para servir como un “colchón” de regulación. También sus productos podrán ser exportados a buenos precios.

 

Para evitar cualquier disminución en las regalías departamentales, estas se pagan con relación a los precios internacionales.

 

Conclusión

Mediante la implementación de la solución descrita arriba, en sus dos periodos, al lograr que toda la producción de diesel y gasolina para consumo interno se haga en base al gas -una materia prima barata y abundante en nuestro país- y no como es el caso actual, en base al  petróleo,  se elimina definitivamente el devastador riesgo que los altos precios internacionales del petróleo significan para nuestra economía actual y futura.

 

Y por si fuera poco: también se inicia la industrialización del gas en nuestro país, primero para el mercado interno, pero inmediatamente eso abre las puertas para la construcción de las grandes plantas de exportación de diesel y gasolina en gran escala.

 

De esta manera transformamos una debilidad en una fortaleza. Y lo mejor de todo: se puede iniciar de inmediato y está en nuestras manos.

 

Los únicos dos “peros” a esta solución son:

 

1)      El posible contrabando de combustibles a los países vecinos, puesto que tendremos un precio interno mas bajo. Este es un mal menor pero relativamente controlable; México y Venezuela lo hacen hace muchísimos años.

 

2)      Esto es posible si y solo si el Estado dispone libremente de la producción de los hidrocarburos de la manera descrita arriba, y pueda así fijar el precio de los combustibles en función de políticas de Estado. Eso sólo es posible –fuera de cualquier connotación política-  si el Estado recupera la propiedad de la producción de los hidrocarburos, y dicha producción se realiza mediante los nuevos contratos de producción compartida. Bajo los actuales contratos de riesgo compartido -que confieren la propiedad de la producción a las empresas- no hay como el Estado  pueda disponer de una parte de la misma; le ponga el precio en función de políticas internas y no en función del precio internacional,  e implemente la solución propuesta arriba.

 

Seguramente que las empresas productoras -dado el gran beneficio que esta solución puede traer para los bolivianos, y dado que indirectamente  calmaría las aguas y permitiría la estabilidad definitiva de sus actividades bajo rentabilidades aceptables- también estarán dispuestas a poner el hombro.

 

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