Uno
de los temas que están pendientes de resolución -y que
pueden estar influenciando las cosas que están pasando
en el sector de hidrocarburos- tiene que ver con una
obligación que el Gobierno quiere imponer a las empresas
exportadoras de gas: que provean gas al mercado interno
en el mismo porcentaje que les corresponde en la
exportación.
Es
decir, por ejemplo, si una empresa X tiene asignado un
cupo del 20% del total que Bolivia exporta, también
dicha empresa X deberá aceptar un cupo del 20% del
total que se destina al mercado interno. El mercado
interno deja menores precios que la exportación, lo
cual, en términos netamente económicos - y de corto
plazo - hace que las principales empresas exportadoras
no quieran proveer los mencionados porcentajes al
mercado interno. Hasta hace poco, las empresas como
Chaco y Andina eran las que principalmente “bailaban con
la fea”, es decir, se hacían cargo del mercado interno,
pues no podían aumentar su cupo en la exportación,
controlada por Petrobrás al tener el “take or pay”
(derecho de uso) del gasoducto al Brasil.
¿Cuál
es el gran temor de las empresas?: la industrialización
del gas va a hacer crecer el mercado interno; pues, el
proceso de industrialización va a consumir mayores
volúmenes de gas en las grandes plantas industriales que
se van a ubicar en territorio nacional (Santa Cruz,
Tarija, Puerto Suárez,…). Sin embargo, es importante
anotar que dichas plantas, si bien pagarán menor precio
por el gas, generarán impuestos adicionales que no son
generados por el gas exportado, los cuales sumados a las
regalías y al IDH, darán mayores ingresos fiscales
totales al Estado que lo genera la simple exportación,
además de dar valor agregado a nuestro gas, generación
de fuentes de trabajo en la industria, transferencia de
tecnología, y otras ventajas que produce la
industrialización y que sería largo de enumerar.
Ese
es el crecimiento que no quieren las empresas, pues
genera menores ganancias para ellas, aunque todavía
serían ganancias razonables en términos comparativos con
otros países.
Otro
de los argumentos que se ha difundido por diferentes
medios de comunicación - que han hecho mella no solo en
un gran sector de la población sino también en altísimas
autoridades del sector de hidrocarburos- es el de que no
tenemos suficiente gas: “sólo hay suficiente para la
exportación”, y que las reservas antes reportadas eran
mentira, eran “infladas” por motivos de la bolsa de
valores. Pero no hay ninguna empresa o comunicado
oficial que le respalde. Mientras un estudio serio no
demuestre lo contrario se debe poner en tela de juicio
dichos rumores, más aun por los altos funcionarios de
Gobierno.
En
todo caso no debemos olvidar que:
• por
un lado, cada nuevo pozo que se perfore en los campos ya
conocidos, para cumplir con la exportación a la
Argentina, directamente permitirá que se aumenten las
reservas probadas, pues parte de las que ahora son
“probables”, en base a la información que se obtendrá de
los nuevos pozos de desarrollo, pasarán
indefectiblemente a categoría de probadas.
• por
otro lado tampoco hay que olvidar que recién se ha
explorado el 10% del área con potencial de hidrocarburos
en nuestro país, y que nuestra historia de producción
gasifera recién está empezando.
No
obstante, para el Estado, aquí el desafío es específico:
o estamos con la industrialización que es el salto para
Bolivia o nos quedamos en el pasado, simple exportadores
de materias primas.
Este
tema -de vital importancia para nuestro país y de mucho
manejo político - durante el 2006 sólo hizo noticia
cuando se anunció en Ayo Ayo un proyecto de dudosa
seriedad.
Este
nuevo enfoque se puede entender este bajo los puntos
siguientes.
La
industrialización del gas.- Primero se debe partir de la
Ley 3058 para referirse con propiedad a la
industrialización del gas. En el articulo 139 de dicha
Ley se define: “Industrialización.- Son las actividades
de transformación química de los hidrocarburos y los
procesos industriales y termoeléctricos que tienen por
finalidad añadir valor agregado al Gas Natural:
Petroquímica, Gas a Líquidos (GTL), producción de
fertilizantes, úrea, amonio, metanol y otros.”
.
De la
anterior definición legal todo proyecto de separación
del gas en sus diferentes componentes, procesos físicos,
no químicos, no son proyectos de industrialización, tal
como la planta de separación de gas de Yacuiba, la cual
se presentó -incorrectamente- como “la primera planta de
industrialización' en el país. Si posteriormente otra
planta transforma químicamente uno de dichos componentes
en otro producto con valor agregado, esa planta sí es
una planta de industrialización de acuerdo a la Ley 3058
El
precio del gas bajo los nuevos contratos.- Cumpliendo
con el DS 28701, YPFB y las empresas petroleras
establecidas en Bolivia firmaron en octubre del 2006 los
nuevos contratos (Contratos de Operación). El Estado y
las empresas operadoras, aceptaron recíprocamente sus
roles, tanto en lo operativo como también en lo
económico: por un lado, el Estado pasa a ejercer su
calidad de propietario de la producción de
hidrocarburos, lo cual le permite, por ejemplo, decidir
a que precio de vende el gas. Por otro lado, las
empresas pasan a prestar el servicio de operación, con
inversiones propias, pero bajo condiciones que aseguran:
a) la venta de dicha producción; b) la devolución de
todos sus gastos e inversiones, y c) parte de las
utilidades del negocio. La fig. 1 muestra la forma
establecida en los contratos bajo la cual las empresas
recuperarán la totalidad de sus inversiones y gastos
pasados, presentes y futuros, y participarán de las
utilidades.
Para
que las inversiones y gastos sean devueltos, cada año
las empresas deben presentar a aprobación de YPFB un
plan de trabajo que incluye las operaciones y las
inversiones y gastos propuestas. Una vez aprobadas y
ejecutados dichas inversiones y gastos se devuelven a
las empresas, en montos que tienen un tope máximo
variable para cada contrato: puede ir hasta un 30% del
precio en boca de pozo en los casos de San Alberto y San
Antonio; pasando hasta un 47.5 % en el caso de
Margarita; y pueden llegar hasta un 50% en el caso de
Itau, Incahuasi y los campos menores.
Para
completar el marco general, se debe tener en cuenta que
ahora los contratos gozan de una seguridad jurídica que
no tenían antes: están siendo sido aprobados por el
Poder Legislativo, tal como lo manda la Constitución
Política del Estado.
Mercado interno.- La situación es menos buena cuando el
mercado es el interno: la Ley 3058 le pone un techo de
precio de máximo el 50% del gas de exportación.
El
mercado interno se divide en Gas de Consumo (consumo en
refinerías, generación termoeléctrica, gas por redes,
industria y comercio) y Gas de Industrialización: gas
utilizado como materia prima para su transformación
química en otros productos con valor agregado.
Los
volúmenes del Gas de Consumo son relativamente bajos y
su crecimiento no es muy grande. Los volúmenes del Gas
de Industrialización pueden mayores. He ahí el dilema:
dejar que se inicie o no la tan ansiada
industrialización del gas.
Si se
hace un cálculo similar con un precio de 2.5 dls/1000 pc
(rentable para una planta de GTL de 10,000 BPD), se verá
que después de la rentencion para el Estado del 50%,
quedan para la empresa 1.25 dls/1000 pc. Teniendo en
cuenta que este monto es mayor que los 0,58 dls/1000 pc
que hubiesen quedado bajo las condiciones del pretendido
proyecto Pacific LNG -cuyo precio base en boca de pozo,
propuesto por las empresas, era 0,70 dls/millar de pies
cúbicos pagando 18% de regalías- se puede asumir la
provisión de gas a la industrialización tipo GTL, a 2.5
dls/1000 pc, es un negocio rentable para la empresa
productora.
Pero:
¿Cuál es la situación para el otro participante en este
negocio, el Estado Boliviano?. Desde el punto de vista
de regalías es más ventajosa la exportación que el
mercado interno, pues las regalías se aplican
directamente sobre el precio de venta, pero desde el
punto de vista de ingresos fiscales totales, bajo la
nueva política de que YPFB tenga el 51% de todo proyecto
de industrialización, por ejemplo para una planta de GTL
de 10.000 BPD, los ingresos totales para el Estado son
mayores que los provenientes por la exportación, aun si
el precio del gas que consume la planta es la mitad del
de exportación, tal como se muestra en la fig. 2. Si
bien los departamentos con altos ingresos por regalías
tendrán un poco menos, la industrialización es
beneficiosa para el país en su conjunto, con la ventaja
adicional que se puede instalar no solo en los
departamentos productores, sino también en los no
productores.
Aparte es este efecto directo de mayores ingresos
fiscales vía industrialización que vía exportación (sin
que sean incompatibles), también hay muchos otros
efectos positivos para el país.
Subsidio al diesel importado: Para analizar el efecto
que se tendría a futuro si no se incrementa la
producción de diesel mediante la implementación de
plantas de GTL, se debe hacer un análisis de la demanda
del mercado interno, como también de la producción para
el mencionado periodo.
El
déficit de diesel en el periodo comprendido en el 2006,
y proyectado hasta el 2010 se muestra en la fig. 3.
Como
se ve en el cuadro de la fig. 4, el Estado deberá
soportar un efecto negativo de más de mil millones de
dólares por la importación de diesel en los próximos 5
años.
Con
todo lo anterior, sin incluir otras ventajas de la
industrialización como desarrollo industrial, generación
adicional de puestos de trabajo, transferencia de
tecnología, desarrollo más equilibrado de las diferentes
regiones del país: ¿es coherente con la actual etapa de
cambios - entendiendo las necesidades de nuestro país,
sabiendo que un desarrollo sostenible nos beneficia a
todos - seguir postergando la industrialización del gas
o seguir poniéndole trabas?. No lo es. Ni tampoco es
saludable para la estabilidad económica y política en
general.