Por: Dante N.Pino Archondo
No hay razón para no vivir bien, dijimos en un anterior
artículo; basados, en la grandilocuente oferta de
recursos económicos publicitada por el Gobierno:
ingresos por el aumento de la participación del Estado
en los hidrocarburos, por disminución de la deuda
externa, por impuestos que se prolongan como el ITF, por
convenios de cooperación externa con Venezuela y también
por la continuidad de las donaciones de países amigos.
Esperábamos que todo
esto se traduzca en planes de desarrollo nacional,
regional y local, cuyo efecto inmediato debía ser la
generación de empleo. Muy al contrario. El Gobierno
anuncia un Plan de Desarrollo Económico, que nos invita
a pasar de la economía neoliberal, a la economía
“socialista” basada en formas de producción
comunitarias, manteniendo a la vez, una economía de
mercado para las importaciones y exportaciones, para la
venta de servicios, que incluyen el transporte y las
comunicaciones, la política monetaria, crediticia y
financiera, combinada con una centralización de los
recursos destinados a la inversión pública, para atender
la salud, educación, vivienda, gas domiciliario y
carreteras. Es decir, una ensalada rusa, donde todo
puede caber.
Es un Gobierno, de
tendencias autoritarias en materia económica, pero
asentado en lógicas de producción, distribución e
inversión liberales, quiere modificar el odiado
neoliberalismo por una economía comunitaria, y al final
se convierte en una economía liberal con centralización
estatal en la inversión pública y organizaciones
sociales creadas para dar un toque de estatismo
económico, que al final devendrán en gastos para el
Estado sin ninguna función real en el manejo de la
economía.
Parado en este andamio
económico, el Gobierno se apresura con anuncios de
victoria sobre el modelo neoliberal y cambios en su
orientación. Vemos los efectos:
Decide frenar el
proceso de las autonomías regionales (a pesar del
Referéndum y sus resultados) porque la lógica
autonomista, es contraria a la lógica centralista en el
manejo planificado y centralizado de la economía, léase
Inversión Pública. No debemos olvidar que la Inversión
Pública, es al final, la que otorga el premio político.
A mayores obras, mayor rédito político y viceversa. El
Gobierno quiere que toda la Inversión Pública sea
capitalizada por el Presidente Morales Ayma y no por los
Prefectos seleccionados por el voto, menos por aquellos
que considera sus potenciales enemigos políticos;
ubicados en Santa Cruz, Cochabamba, Beni, Pando, Tarija
y La Paz.
Decide también, aliarse
con Venezuela y PDVSA, anteponiendo los intereses con
PETROBRAS y el Gobierno del Brasil. Prefiere la carga
ideológica antiimperialista que los intereses económicos
establecidos con sus mercados y resuelve facilitarle a
PDVSA la penetración a esos mercados, sumándose a un
proyecto alternativo y competitivo como es el gasoducto
del Sur.
Decide satanizar y
rechazar el Tratado de Libre Comercio con los Estados
Unidos a quien califica como Eje del Mal, y con ello
sepultar a la industria textilera establecida en la
ciudad de El Alto. Una vez más es mejor ideologizar que
hacer buenos negocios, en franca contradicción con sus
propias aspiraciones.
Decide continuar con
los programas neoliberales de asistencialismo económico
como el PLANE, PIE y otros programas de empleo temporal,
al mismo tiempo que ahoga la inversión interna con
impuestos financieros y apreciación de la moneda
nacional.
En suma, el Gobierno
marcha como el péndulo, de un lado para el otro, sin
parar. Y nos lleva sin rumbo definido, con gritos de
guerra enseñados a los movimientos sociales, con
desinformación sobre el contenido de las autonomías, con
incitaciones a la disgregación social en las regiones,
enarbolando las autonomías comunitarias e ideologizando
la economía y sus resultados.
No es aventurero,
afirmar que el daño económico que se le está infiriendo
al pueblo de Bolivia, es muy grande, aislando a la
República del contexto internacional, para reducirnos a
ser un Protectorado cubano - venezolano, sin futuro.