Por Dante N. Pino Archondo
Nos están rodeando, cercando, lentamente, colocando una
tela de araña alrededor nuestro y nosotros les estamos
facilitando la tarea. Me refiero a las reacciones que se
han sucedido en Brasil y Chile. Fruto, no cabe duda, de
la decisión boliviana de elevar el precio del gas.
Para estos países nos
hemos convertido, en algo así, como la piedra en el
zapato, molesto, fastidioso y que te obliga a quitártela
de inmediato. Y eso es precisamente lo que han decidido
hacer. Sacarse la molestia y caminar cómodamente.
Por una parte, Brasil,
ha dispuesto congelar los volúmenes de importación de
gas boliviano, transferir e incrementar la inversión
programada para explorar y explotar gas y petróleo en su
propio territorio, se habla de 21.100 millones de
dólares americanos, desde este año hasta el 2011, con el
objetivo concreto de liberar al Brasil de la dependencia
del gas boliviano y exigir compensaciones legales si el
Gobierno de Evo Morales si decide quedarse con los
activos construidos por Petrobras y adicionalmente, ha
definido no variar la formula de cálculo para pagar las
actuales importaciones de gas, de acuerdo al contrato
suscrito. Mayores pruebas de la irritación brasilera,
por la manera desconsiderada, con la que ellos se
sienten tratados no se pueden pedir.
Chile mientras tanto, ha
tomado el camino directo y corto, en dos años, con el
fin de liberarse de la dependencia del gas que importa
de Argentina. Invertirá en plantas de regasificación
para obtener LNG con lo cual importará desde donde sea
necesario, pero no dependerá de una sola fuente de
provisión. ¿La causa? El incremento de precios
establecidos entre Bolivia y Argentina, que les fueron
transferidos por estos, mediante impuestos al valor de
las exportaciones argentinas. Lo que ocasionó el envío
de una nota oficial de la Presidente Bachelet a su
homólogo Kirchner, de términos muy duros, quejándose del
incumplimiento acordado para limitar el incremento del
gas que importa. No se debe perder de vista, que las
relaciones Chileno Bolivianas, no avanzan
substancialmente, por la posición nuestra de condicionar
la demanda marítima pendiente a cualquier proceso de
negociación para venderles gas directamente.
Conciente de esta
situación, Chile, al establecer en sus puertos las
plantas de LNG, se libera también de la presión
boliviana para tratar su demanda marítima y actuar con
mayor libertad en ese terreno.
Ahora bien, con el
mercado Brasilero congelado al envío de no mas de 30
millones de pies cúbicos por día, con los puertos
chilenos copados por plantas de regasificación, ¿en que
situación quedamos?. La respuesta es lógica,
dependeremos de ambos países para cualquier proyecto de
inversión futura en el gas y su colocación en mercados
externos. De hecho, los inversores, pedirán a Bolivia
las condiciones óptimas para tener acceso a los mercados
externos. Momento en el cual tendremos nuevamente que
decidir si tomamos el camino de los puertos chilenos o
peruanos.
Hemos girado en círculo,
volviendo al punto de partida, pero en peores
condiciones, ya que el Brasil, con autosuficiencia
energética, Chile sin dependencia de un solo proveedor y
Argentina como un volumen de importación lo suficiente
para cubrir su demanda interna, nos deja con una sobre
oferta de gas, con dificultades para acceder mercados y
limitaciones para efectuar mayores inversiones. De esta
forma las relaciones de interdependencia cambian y
Bolivia pierde.
Mientras Brasil y Chile,
anuncian millonarias inversiones en el camino de su
independencia energética, Bolivia espera que las
empresas petroleras, firmen los nuevos contratos, que
las convertirán en empresas de servicios prestados, que
el Brasil pase el proceso electoral actual para definir
el nuevo precio del gas y que YPFB logre acuerdos de
inversiones futuras.
Para Bolivia, lo hechos
son posibilidades, para los otros son realidades. Esa
diferencia entre lo real y lo imaginario, nos va
quitando poco a poco, imagen como proveedor serio,
mercados regionales importantes e inversiones futuras
para ampliar nuestra capacidad exportadora. El Gobierno
cree que todos deben bailar la cueca que le gusta tocar
y la respuesta a sido que cada quien tiene su propio
baile, con lo que nos dejan solos con nuestro charango,
quena y llanto en los versos.