PARTE II DE II ¿De quién es el oro negro?

 

Opinión 307

21/08/2006     

 

Por: Daniela Cid Mayorga, Luciano Alarcón

AméricaEconomía

 

Los índices de eficiencia también brillan por su ausencia en PDVSA, el quinto exportador de petróleo del mundo, según datos de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). La productividad de la petrolera venezolana, que llegó a ser considerada como una de las más eficientes del mundo, continuó en declinación durante 2005.

La pregunta del millón que sigue sin responderse es qué pasará con PDVSA cuando la bonanza petrolera termine. Y qué con Venezuela cuando deje de percibir el enorme flujo de divisas que actualmente ingresa a su economía. “El gobierno venezolano no está invirtiendo en capacidad productiva y eso nos está haciendo perder una gran oportunidad”, dice Robert Bottome, director de la publicación especializada Veneconomía, en Caracas. “En lugar de crear más trabajo y oportunidades para el futuro, el gobierno de Hugo Chávez ha estado invirtiendo para que los venezolanos comamos por un día y luego volvamos a ser pobres”.

LÓGICA POLÍTICA
El problema es que PDVSA se convirtió en la caja con la que Chávez está financiando el proyecto de expandir su figura por buena parte de la región. “PDVSA está manejada por la política del gobierno central y no por una lógica comercial”, dice Patricia Garip, editora regional de Argus Media Group. “La estatal venezolana necesita autonomía y ejecutivos que tomen decisiones en función de lo comercial y no de lo político”.

Otra vez la excepción es Petrobras, la petrolera de más alto crecimiento en el ranking de las 500 Mayores Empresas de AméricaEconomía, con un salto del 43,2% registrado en 2005. La empresa quedó a un paso de alcanzar el autoabastecimiento sacando rédito de las fuertes inversiones dirigidas a instalar refinerías en Brasil durante los últimos años. Además, en 2005 la estatal aumentó en 57% su inversión social y ambiental, con un total de US$ 225 millones. Sin embargo, en tiempos en que los precios del crudo rozan las nubes, surgen cada vez más voces que claman por un mayor reparto de la renta generada por la petrolera. Y esos reclamos provienen muchas veces del propio partido de gobierno.

Eduardo Suplicy, senador del Partido de los Trabajadores (PT), propuso hace tres años instituir un fondo brasileño de ciudadanía para asegurar una renta básica a todos los habitantes del país con dinero proveniente, en parte, de los royalties por la explotación de recursos naturales. Pero para Luiz Caetano, analista de inversiones de Banif Investment Banking, la idea de que Petrobras comparta sus ganancias para equilibrar la amplísima brecha social de Brasil no es válida. “Petrobras no es una empresa 100% brasileña”, dice. “Tiene control estatal, pero el gobierno no tiene la mayoría del capital, por lo tanto, el lucro de Petrobras no es del Estado, sino de la propia empresa”.

Eso, quizás, le permite alcanzar mayores niveles de eficiencia que Pemex y Pdvsa. Aunque la decisión del gobierno boliviano de nacionalizar los hidrocarburos en el país es un golpe que afectó a la petrolera brasileña, en tiempos de bonanza esos problemas parecen menores. Pero, se sabe, los buenos tiempos nunca son eternos. Cuando lleguen las malas noticias, las ineficiencias ocultas de hoy seguramente volverán a salir a la luz. Y los tirones, quizás, sean otros.


 

 

Cerrar Ventana