Por: Daniela Cid Mayorga, Luciano Alarcón
AméricaEconomía
Los índices de eficiencia también brillan por su
ausencia en PDVSA, el quinto exportador de petróleo del
mundo, según datos de la OPEP (Organización de Países
Exportadores de Petróleo). La productividad de la
petrolera venezolana, que llegó a ser considerada como
una de las más eficientes del mundo, continuó en
declinación durante 2005.
La pregunta del millón
que sigue sin responderse es qué pasará con PDVSA cuando
la bonanza petrolera termine. Y qué con Venezuela cuando
deje de percibir el enorme flujo de divisas que
actualmente ingresa a su economía. “El gobierno
venezolano no está invirtiendo en capacidad productiva y
eso nos está haciendo perder una gran oportunidad”, dice
Robert Bottome, director de la publicación especializada
Veneconomía, en Caracas. “En lugar de crear más trabajo
y oportunidades para el futuro, el gobierno de Hugo
Chávez ha estado invirtiendo para que los venezolanos
comamos por un día y luego volvamos a ser pobres”.
LÓGICA POLÍTICA
El problema es que
PDVSA se convirtió en la caja con la que Chávez está
financiando el proyecto de expandir su figura por buena
parte de la región. “PDVSA está manejada por la política
del gobierno central y no por una lógica comercial”,
dice Patricia Garip, editora regional de Argus Media
Group. “La estatal venezolana necesita autonomía y
ejecutivos que tomen decisiones en función de lo
comercial y no de lo político”.
Otra vez la excepción
es Petrobras, la petrolera de más alto crecimiento en el
ranking de las 500 Mayores Empresas de AméricaEconomía,
con un salto del 43,2% registrado en 2005. La empresa
quedó a un paso de alcanzar el autoabastecimiento
sacando rédito de las fuertes inversiones dirigidas a
instalar refinerías en Brasil durante los últimos años.
Además, en 2005 la estatal aumentó en 57% su inversión
social y ambiental, con un total de US$ 225 millones.
Sin embargo, en tiempos en que los precios del crudo
rozan las nubes, surgen cada vez más voces que claman
por un mayor reparto de la renta generada por la
petrolera. Y esos reclamos provienen muchas veces del
propio partido de gobierno.
Eduardo Suplicy,
senador del Partido de los Trabajadores (PT), propuso
hace tres años instituir un fondo brasileño de
ciudadanía para asegurar una renta básica a todos los
habitantes del país con dinero proveniente, en parte, de
los royalties por la explotación de recursos naturales.
Pero para Luiz Caetano, analista de inversiones de Banif
Investment Banking, la idea de que Petrobras comparta
sus ganancias para equilibrar la amplísima brecha social
de Brasil no es válida. “Petrobras no es una empresa
100% brasileña”, dice. “Tiene control estatal, pero el
gobierno no tiene la mayoría del capital, por lo tanto,
el lucro de Petrobras no es del Estado, sino de la
propia empresa”.
Eso, quizás, le permite
alcanzar mayores niveles de eficiencia que Pemex y Pdvsa.
Aunque la decisión del gobierno boliviano de
nacionalizar los hidrocarburos en el país es un golpe
que afectó a la petrolera brasileña, en tiempos de
bonanza esos problemas parecen menores. Pero, se sabe,
los buenos tiempos nunca son eternos. Cuando lleguen las
malas noticias, las ineficiencias ocultas de hoy
seguramente volverán a salir a la luz. Y los tirones,
quizás, sean otros.