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Por: Juan Roldan
Expansión – España
Lo que desde hace tiempo vienen alertando diversas
instituciones mundiales, desde la Comisión Europea a la
Agencia Internacional de la Energía, acaba ahora de
avisarlo, con el apoyo de sus fuentes de inteligencia
militar, la OTAN: Rusia esta intentando crear un cartel
del gas natural, a semejanza del que ya existe con el
del petróleo y que sería utilizado sin escrúpulos como
arma política.
Hay que recordar que
desde que existe una fuerte dependencia energética de
las potencias occidentales y, en especial de las
europeas, por fuentes de energía primaria como el
petróleo y gas natural y, éste último ha empezado a ser
tan imprescindible hoy para el crecimiento de sus
economías como el petróleo antes, se viene hablando de
esa posibilidad de crear una OPEG.
Los países productores
de petróleo, que, hace mas de 40 años, decidieron unirse
en un cártel que estaba dominado por las monarquías
saudíes del Golfo Pérsico, pero que tenían una enorme
dependencia tecnológica, sobre todo de Estados Unidos,
para sacar sus vastas reservas de oro negro, sólo
utilizaron el "poder político" en raras ocasiones y
siempre condicionado por los acontecimientos en Oriente
Medio.
Pero desde el final de
la "guerra fría" y el hecho de que Rusia se haya
liberado de sus compromisos muy costosos, tanto
militares como geográficos
con el resto del imperio
soviético, los Estados Unidos vienen alertando de esa
posibilidad que puede tener el gigante ruso, con las
mayores reservas de gas natural, de unir al resto de
países del gas como Argelia, Qatar, Libia o Irán, en un
cártel donde Moscú mande y los demás obedezcan.
En la OPEP los países
productores y exportadores controlan sólo la producción
y de ahí que condicionen el precio del barril sólo
aumentando o reduciendo esa producción. Pero los países
con reservas gasistas pueden controlar también la
distribución, generalmente a través de gasoductos que
llegan directamente al consumidor y no necesitan en
general un paso previo por refinerías.
Un ejemplo de cómo puede
afectar un corte en los suministros decidido por un
Vladimir Putin o un Alexander Medvedev, vicepresidente
de Gazprom, la empresa estatal rusa y hombre fuerte del
Kremlin, lo sufrieron muchos ciudadanos europeos el
pasado invierno debido a una disputa sobre el precio del
gas entre Ucrania y Moscú. El corte en el suministro
ordenado por Rusia duró diez días y afectó también,
debido a las interconexiones de los gasoductos, a países
como Alemania, Francia o Italia.
Los miembros de la UE
llevan meses intentando frenar las consecuencias que la
falta de acuerdos energéticos con Rusia puede acarrear a
sus economías teniendo en cuenta que en estos momentos
reciben del exportador ruso el 24 % del gas natural que
consumen.
También empieza a ser
bastante claro que con las actuales energías renovables
y las exigencias de los compromisos medio ambientales de
Kyoto, los europeos no podrán evitar esa dependencia
energética del exterior. La ventaja del gas ruso
respecto al argelino o el libio es que la red de
gasoductos es más directa y menos costosa, aunque
necesita mayores inversiones, para que llegue a los
ciudadanos de la Unión Europea.
La alarma que ha lanzado
la OTAN tiene sobre todo un ejemplo concreto sobre las
intenciones rusas de dominio de la OPEG al hacer que
países como Argelia estén cambiando sus leyes para
conseguir una mayor concentración del poder estatal en
su negocio del gas natural. No olvidemos que Argelia
suministra en la actualidad el 10% del gas que consume
la Unión Europea. Parece claro que los europeos no
podrán retrasar por mucho tiempo el volver a utilizar la
energía nuclear en sus centrales.
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