OPEP – OPEG

 

Opinión 323

11/12/2006     

 

Por: Juan Roldan

Expansión – España
 

Lo que desde hace tiempo vienen alertando diversas instituciones mundiales, desde la Comisión Europea a la Agencia Internacional de la Energía, acaba ahora de avisarlo, con el apoyo de sus fuentes de inteligencia militar, la OTAN: Rusia esta intentando crear un cartel del gas natural, a semejanza del que ya existe con el del petróleo y que sería utilizado sin escrúpulos como arma política.


Hay que recordar que desde que existe una fuerte dependencia energética de las potencias occidentales y, en especial de las europeas, por fuentes de energía primaria como el petróleo y gas natural y, éste último ha empezado a ser tan imprescindible hoy para el crecimiento de sus economías como el petróleo antes, se viene hablando de esa posibilidad de crear una OPEG.


Los países productores de petróleo, que, hace mas de 40 años, decidieron unirse en un cártel que estaba dominado por las monarquías saudíes del Golfo Pérsico, pero que tenían una enorme dependencia tecnológica, sobre todo de Estados Unidos, para sacar sus vastas reservas de oro negro, sólo utilizaron el "poder político" en raras ocasiones y siempre condicionado por los acontecimientos en Oriente Medio.


Pero desde el final de la "guerra fría" y el hecho de que Rusia se haya liberado de sus compromisos muy costosos, tanto militares como geográficos


con el resto del imperio soviético, los Estados Unidos vienen alertando de esa posibilidad que puede tener el gigante ruso, con las mayores reservas de gas natural, de unir al resto de países del gas como Argelia, Qatar, Libia o Irán, en un cártel donde Moscú mande y los demás obedezcan.


En la OPEP los países productores y exportadores controlan sólo la producción y de ahí que condicionen el precio del barril sólo aumentando o reduciendo esa producción. Pero los países con reservas gasistas pueden controlar también la distribución, generalmente a través de gasoductos que llegan directamente al consumidor y no necesitan en general un paso previo por refinerías.

Un ejemplo de cómo puede afectar un corte en los suministros decidido por un Vladimir Putin o un Alexander Medvedev, vicepresidente de Gazprom, la empresa estatal rusa y hombre fuerte del Kremlin, lo sufrieron muchos ciudadanos europeos el pasado invierno debido a una disputa sobre el precio del gas entre Ucrania y Moscú. El corte en el suministro ordenado por Rusia duró diez días y afectó también, debido a las interconexiones de los gasoductos, a países como Alemania, Francia o Italia.


Los miembros de la UE llevan meses intentando frenar las consecuencias que la falta de acuerdos energéticos con Rusia puede acarrear a sus economías teniendo en cuenta que en estos momentos reciben del exportador ruso el 24 % del gas natural que consumen.


También empieza a ser bastante claro que con las actuales energías renovables y las exigencias de los compromisos medio ambientales de Kyoto, los europeos no podrán evitar esa dependencia energética del exterior. La ventaja del gas ruso respecto al argelino o el libio es que la red de gasoductos es más directa y menos costosa, aunque necesita mayores inversiones, para que llegue a los ciudadanos de la Unión Europea.


La alarma que ha lanzado la OTAN tiene sobre todo un ejemplo concreto sobre las intenciones rusas de dominio de la OPEG al hacer que países como Argelia estén cambiando sus leyes para conseguir una mayor concentración del poder estatal en su negocio del gas natural. No olvidemos que Argelia suministra en la actualidad el 10% del gas que consume la Unión Europea. Parece claro que los europeos no podrán retrasar por mucho tiempo el volver a utilizar la energía nuclear en sus centrales.

 

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