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Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
Nuestro relacionamiento energético con Brasil es, como
debe ser, variado, amplio, complejo y de largo alcance.
La información que
prestó una delegación ministerial, presidida por nuestro
canciller, al retorno de su viaje a Brasilia, en forma
muy resumida nos habla sobre precios de gas del contrato
entre Petrobrás y YPFB (GSA), el precio por el gas
suministrado a Cuiaba, el polo gas químico en la
frontera, una termoeléctrica en San Ignacio, compras de
mayores cantidades de gas, y la transferencia de las
refinerías. A esta larga lista deberíamos añadir cual
será el futuro tratamiento del gasoducto Yacuiba - Rió
Grande /GAS YRG), del gasoducto San Miguel - San Matías
(GOB) y finalmente las presas sobre el Río Madera. Eso
es todo hasta la fecha, pero aparecerán otros proyectos
o iniciativas.
Como se puede ver, mis
afirmaciones iniciales no son exageradas o
hiperbólicas. Ratifican el concepto que sostengo desde
tiempo atrás, que el relacionamiento energético
boliviano-brasileño tiene un solo parangón en el mundo,
la relación energética entre Canadá y EE.UU. de N.A.
Un país rico en recursos energéticos, colindando con una
extensa frontera, con otro gran consumidor de energía.
De ese extenso menú, en
esta ocasión me referiré a los precios de exportación a
Cuiabá, que con insinuación al escándalo se indica que
el precio de $US 1.09/MMBTU frente al de $US 4.02/MMBTU
que es el actual del que se envía a Sao Paulo hubiera
sido pactado por YPFB al amparo de la Ley 1689.
Asimismo, que en el marco de la nacionalización, el
valor correcto debe cancelarse.
La provisión de gas a
Cuiabá tiene una larga e interesante historia. Cuiabá,
que es el corazón soyero del Brasil, contemplaba con
gran aflicción que en el planeamiento del Gasoducto
Corumbá-Sao Paulo, no se incluía un ramal a Cuiabá y por
otro lado, que Eletrobrás estaba reticente en ampliar su
red nacional interconectada hasta esa ciudad. En una
reacción muy parecida a las que ahora vemos en nuestro
país, basada en la organización federal del Brasil, en
la década de los 90, llamó a una licitación
internacional para la instalación escalonada de 800 MW
de potencia en Cuiabá. Tres postores se presentaron,
Enron, El Paso Natural Gas y un grupo empresarial
boliviano. Lamentablemente la oferta boliviana fue
desechada, aún siendo muy conveniente porque planteaba
generar en el Chapare, y a través de líneas de alta
tensión abastecer Cuiabá. Se la desecho porque el
comprador, Cuiabá, quería tener sus plantas en su
territorio y no depender de generación extranjera donde
alguien, en algún momento, puede decidir bajar la
palanca y dejar al comprador desamparado. Esta es una
lección que deberíamos asimilar para nuestro
relacionamiento con Chile. El norte de Chile necesita
electricidad, pero generada en el norte chileno. Un
clima de confianza mutua muy grande deberá ser
desarrollado para que el norte chileno esté dispuesto a
importar electricidad de Bolivia, y nosotros para
invertir en plantas eléctricas de exportación.
Pero continuemos con
Cuiabá. Enron ganó la licitación y para tal efecto,
contrató reservas de YPF Argentina con una opción de 50%
del volumen a Andina. En esos tiempos a duras penas el
país tenía las reservas necesarias para el contrato de
YPFB con Petrobrás.
Cuando el año 2000,
espectacularmente incrementamos reservas, el gobierno
forzó a que el 100% de la provisión sea realizada por
Andina. Los precios fueron pactados por Andina, con las
plantas termoeléctricas en Cuiabá, sin participación
directa de YPFB ni de Petrobrás. En esos tiempos los
precios de exportación a Sao Paulo estaban alrededor de
$US 1.-/MMBTU.
Para entonces, el
gasoducto Río Grande-Puerto Suárez ya estaba construido,
del cual se derivó un ramal de San Miguel a San Matías,
por donde se realiza la exportación. Ese gasoducto
originalmente fue propiedad de Transredes, Enron y Shell,
y actualmente es Shell y Prisma, y constituye un segundo
gasoducto al Brasil, que en los planes nacionales
brasileños está contemplado a ser extendido más hacia el
este para conectar con la red de gasoductos que
Petrobrás planea en ese país.
La Ley 3058 y el
Decreto 28701 disponen que toda la producción a boca de
pozo debe ser entregada a YPFB, por tanto, YPFB se
deberá hacer cargo de esa exportación y es natural que
plantee uniformizar precios con los que Petrobrás paga
por el gas que va a Sao Paulo. El pequeño gran problema
es que el aumento de precio del gas boliviano implicará
un aumento automático de los precios de la electricidad
en Cuiabá. Por otro lado, Cuiabá, no tiene un sustituto
para el gas en sus plantas.
Un relacionamiento
energético como el que tenemos con Brasil, requiere,
como estamos viendo, decisiones prudentes y maduras de
ambas partes.
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