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Se llaman metaneros a los barcos que transportan el gas
natural licuado, cuyo principal componente es el metano.
Por: Félix Herrero
Le Monde Diplomatique
Por las dificultades para transportarlo, durante muchos
años el gas natural quedó restringido a ser un bien
energético regional, sin precios internacionales como el
crudo, aunque estuvo referenciado al petróleo de manera
más o menos indirecta.
Pero con el desarrollo
de los gasoductos de larga extensión y con las técnicas
de transporte del gas licuado se fue convirtiendo en un
producto energético cada vez más importante en el
mercado mundial. Así, los países exportadores comienzan
a relacionar de este modo sus ventas externas con los
precios internacionales.
En América del Sur se
presentaron en muy poco tiempo tres proyectos destinados
a la exportación de gas de Perú y Bolivia, y luego de
Venezuela. En el caso del gas boliviano o peruano el
destino era Estados Unidos, transportado en barcos
"metaneros"(1), ya se tratara del gas peruano del
yacimiento de Camisea, o de los grandes yacimientos
bolivianos. Este proyecto, conocido como Anillo
Energético, se complementaba con un gasoducto nuevo de
Bolivia a Argentina, conocido como del Noroeste
Argentino (o, en la jerga gasífera, como "gasoducto
Techint"), país que, por otro lado, exporta gas a Chile.
El proyecto hizo agua porque resultaba cara la inversión
en tuberías a puertos, la licuación del gas para ser
cargado en los buques metaneros, el transporte marítimo
(se pensaba en la alta California estadounidense o la
baja California mexicana como puertos de destino), la
regasificación en el puerto de llegada, y la nueva
introducción en gasoductos para dirigirlo a su uso final
resultaba demasiado onerosa.
Muy caro pues, y con
muchas dificultades políticas, porque Perú discute
límites marítimos con Chile, y Bolivia no vende gas a
este último si antes no se negocia su salida al mar. Y
aquí un paréntesis: conviene recordar que los acuerdos
de Argentina con Chile sobre el Anillo Energético, y con
Bolivia respecto al Gasoducto del Noroeste Argentino, se
firmaron con gobiernos que estaban finalizando su
mandato o habían sido designados provisoriamente. El
Anillo Energético fue perdiendo el apoyo internacional.
Como propuesta
alternativa, el presidente venezolano Hugo Chávez
presentó el "Cono Energético", esquema de integración
energética basado en un gasoducto destinado a unir
Venezuela, Brasil y Argentina, con prolongaciones a
Uruguay y Paraguay, y una vinculación especial con
Bolivia. Venezuela y Bolivia tienen las dos principales
reservas de gas natural de la región.
El "Gasoducto
Sudamericano" presenta luces y sombras. Lo primero, por
el apoyo firme de los tres gobiernos involucrados, grupo
al que ahora será invitado formalmente el nuevo gobierno
boliviano. Sudamérica está en deuda con la integración
de su energía para el desarrollo social y económico de
sus pueblos; basta ver el mapa de gasoductos en Europa,
Asia y América del Norte para visualizar lo mucho que le
falta a esta región. Quizás uno de los capítulos de
mayor luz ha sido el ofrecimiento de Gazprom de
participar en el financiamiento y operación del
gasoducto. Esta empresa estatal rusa es la mayor del
mundo en transporte y exportación de gas natural.
A partir de este hecho
comenzó una especie de guerra entre la "tubería"
(gasoducto) y los metaneros. La oposición al gasoducto
se expresa en una serie de argumentos contrarios a su
instalación y favorables a la exportación desde
Venezuela a Brasil por barco. Los argumentos, algunos
razonables, señalan los problemas ecológicos de cruzar
la Amazonia y el río Amazonas, su longitud (antes de los
estudios se postula que tendrá 8.000 Km. si se incluyen
los dos ramales en Brasil), y el monto de la inversión,
que se calcula en alrededor de 20.000 millones de
dólares. Postulan entonces que el sistema metanero es
más beneficioso.
Como en todo gran
proyecto, hay dos visiones: una se reduce al costo y
beneficio estrechamente económico de la infraestructura
gasífera, mientras la otra toma en cuenta los efectos
indirectos y la rentabilidad social de la inversión. Los
partidarios de la segunda visión, sostienen que una obra
de este tipo conlleva grandes beneficios sociales, ya
que pondría este bien natural a disposición de
poblaciones e industrias, "une" concretamente a países y
economías en una comunidad de intereses y abre polos de
desarrollo.
Hay consultoras que
consideran que el punto está en la extensión. Más allá
de 3.000 Km., dicen desde Bolivia, o más allá de 6.000
Km. se dijo en Argentina, es más conveniente transportar
por barco que por caños. Sin embargo, esto no está
probado y deberían ser entes neutros, como las
universidades públicas, los que deberían realizar el
cálculo. En asuntos de semejante envergadura, no
conviene fiarse de la opinión privada.
En cuanto a la
dificultad de la extensión, vale recordar que cuando
Argentina hizo el más largo gasoducto en su tipo en esa
época, entre Buenos Aires y Comodoro Rivadavia, se
consideró que era demasiado extenso para ser viable.
Julio Canessa, que presidía Gas del Estado, consideró en
cambio que sí era posible hacerlo, y se hizo.
El argumento de que
sería una inversión de las más caras del mundo se
contrasta con el reciente anuncio de la construcción del
Gasoducto North Slope, entre Alaska y Estados Unidos. La
inversión necesaria es de 24.000 millones de dólares,
según afirmó el editor de Pipeline & Gas Journal el 21
de febrero pasado en la Pipeline Opportunities
Conference realizada en Houston. Las empresas que harán
el gasoducto son el Estado de Alaska, ConocoPhillips, BP
y ExxonMobil.
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