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Por: Francesco Zaratti
La clásica diferencia entre comestibles y combustibles,
según la cual los primeros alimentan a los seres
vivientes y los segundos a las máquinas, está camino a
desaparecer. Y no porque, como la ciencia ficción
especulaba, las máquinas se hubieran convertido en seres
vivientes, sino porque los comestibles han resultados
ser excelentes alimentos para las máquinas. Obviamente
estoy hablando de los bio-combustibles, los cuales,
gracias al Cambio Climático y al incremento de precios
de los hidrocarburos, han vuelto de moda en las matrices
energéticas de un número creciente de países.
LA
CONTROVERSIA IDEOLÓGICA
Como todo cambio,
también los bio-combustibles han tenido repercusiones en
la política y en la ideología. Está todavía fresca la
memoria de la gira de George W. Bush por América Latina,
cuyo resultado tangible ha sido el acuerdo con Brasil
para la producción en gran escala y el desarrollo
tecnológico de los combustibles derivados de la
agricultura. Desde la otra orilla se ha registrado la
firme oposición de Hugo Chávez, junto a su aliado (me
refiero a Nestor Kirchner, que los demás son más
ahijados que aliados) y del Comandante Fidel Castro,
desde su cama de convalecencia. La reacción de Chávez no
debería sorprender por ser algo como “Cicero pro domo
sua”, o sea en defensa de su economía. Más sorprendente
es la reacción de Castro, quien cuantifica en tres mil
millones de humanos la población afectada por la
hambruna a raíz de los cambios energéticos anunciados
por G.W. Bush y su aliado (me refiero a Lula, que los
otros más parecen gobernadores de provincias). En
efecto, ese reclamo suena a prédica de fariseo, si
consideramos que gran parte de la superficie agrícola de
Cuba está destinada a “tabaco y ron”, productos que no
ayudan precisamente a mejorar el hambre del mundo.
Sin querer esquivar el
debate filosófico en torno a los bio-combustibles, de lo
que se trata ahora es de economía y de tecnología, antes
que de ideología, razón por la cual paso a describir
características, ventajas y desventajas de los bio-combustibles
¿QUÉ SON LOS BIO-COMBUSTIBLES?
Con ese nombre se
designan los combustibles derivados de productos
agrícolas cíclicos. Se dividen en dos grandes grupos: el
bio-diesel y el bio-etanol. El primero se obtiene de la
refinación de productos agrícolas oleaginosos (soya,
girasol, etc.) y el segundo de cereales (maíz y sorgo
principalmente) o de la caña de azúcar.
Para empezar, es
importante señalar que los bio-combustibles no suelen
usarse puros, sino como aditivos a los combustibles
fósiles. El porcentaje de bio-combustible que se añade a
la gasolina o al diesel varía entre el 5 y el 15%; por
encima de este valor hay más complicaciones que ventajas
para los motores ordinarios.
Muchos países, ricos en
tierras cultivables o en tecnología agrícola, han
entrado ya en la carrera de producir y comercializar bio-combustibles.
Podemos nombrar a Estados Unidos, Brasil y varios países
de la Unión Europea (España, Alemania e Italia en
primera línea).
VENTAJAS Y
DESVENTAJAS DE LOS BIO-COMBUSTIBLES
La pregunta del millón
es: ¿son realmente ventajosos los bio-combustibles
comparados con los hidrocarburos?
Me parece que la
comparación entre las dos fuentes de energía nombradas
debería realizarse por lo menos en cuatro áreas: la
sustentabilidad, los costos de producción y
comercialización, el rendimiento energético y el
impacto ambiental y social.
Ahora bien las cosechas
agrícolas son renovables, una ventaja innegable frente
al carácter no renovable de las reservas
hidrocarburíferas del planeta. Si bien ese argumento
debería ser relativizado por el desgaste del suelo y el
uso de insumos necesarios para la producción agrícola
(muchos de ellos no renovables), no deja de ser sólido a
la hora de buscar la autonomía energética de países que
poseen grandes extensiones de tierras cultivables,
improductivas o no económicas.
El cálculo de los
costos de producción no es simple y la mayoría de los
analistas se inclina por un resultado desfavorable para
los bio-combustibles. Una razón es el uso de energías
tradicionales en el proceso de producción (los medios
mecánicos se alimentan con diesel). Es obvio que existen
umbrales de precios del petróleo que vuelven el bio-etanol
competitivo, pero está en juego también la eficiencia
del proceso industrial: se sabe, por ejemplo, que el
etanol obtenido de la caña de azúcar en Brasil es cinco
veces más eficiente que el mismo producto obtenido del
maíz en los Estados Unidos o de la remolacha en Europa.
Tampoco hay que descartar el aporte a la mejora de este
rubro que provendrá de los cultivos transgénicos o del
uso de energías alternativas en el proceso de
producción.
En cuanto a rendimiento
energético, la comparación debe ser realizada a paridad
de condiciones: un litro de etanol versus un litro de
gasolina, por ejemplo. En este sentido, el bio-etanol
tiene un octanaje mayor que la gasolina, pero tiene un
poder calorífico menor.
Finalmente, con
referencia al impacto ambiental de cada combustible hay
controversia entre los estudiosos, pero sin duda la
diferencia social más importante reside en el mayor
empleo de mano de obra no calificada y de agricultores
independientes en la producción de los bio-combustibles.
CONCLUSIONES
De lo expuesto quedan
claras tres conclusiones. La primera es que la incursión
de los bio-combustibles en la matriz energética mundial
es real, sólida y sostenible, lo cual debería ser tomado
en cuenta por las políticas publicas de nuestro país. La
segunda es que el desarrollo e investigación de los bio-combustibles
recién esta madurando, razón por la cual se puede prever
novedades tecnológicas que mitigaran los efectos mas
controvertidos de esa energía. La última conclusión es
que no hay nada “milagroso” en los bio-combustibles: de
hecho están destinados a convivir y competir con los
hidrocarburos, cada cual tratando de ocupar, incrementar
y defender su nicho en el mercado energético, sin
descartar el rol de otras fuentes energéticas, como la
nuclear y las no-tradicionales, que silenciosamente
empiezan a hacerse presente en la escena mundial.
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