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>> Por: José Villaverde Castro
La Gaceta de los Negocios (España)
Aunque no estemos en una situación tan
crítica como la sufrida a mediados de los 60
y principios de los 80, en parte porque
nuestro aparato productivo es más eficiente
en términos de consumo energético, lo cierto
es que los precios del petróleo nos siguen
dando algún que otro dolor de cabeza, bien
sea como consumidores (cuando acudimos, por
ejemplo, a rellenar el depósito de nuestros
coches) o como productores (cuando vemos
cómo se encarece uno de los recursos
productivos básicos).
El petróleo, en efecto, no mueve el mundo,
pero es indudable que engrasa las ruedas de
la actividad económica. Por eso, lo que
suceda con su precio es de vital importancia
y tiene influencia a escala planetaria.
Según datos del sector, el precio del barril
ha subido de cerca de 20 dólares a
principios del año 2002 a cerca de 55
dólares a principios de 2007.
Una subida tan importante tiene efectos
negativos sobre la economía, aunque, por
fortuna, parece que la mayoría de los países
(al menos de los países desarrollados) están
encajando relativamente bien este aumento de
precios, ya que no se ha provocado nada
parecido a una recesión económica global.
Mucho se ha discutido y, probablemente,
mucho se discutirá acerca de las causas de
este fuerte crecimiento en los precios del
crudo. Pues bien, aunque es difícil otorgar
“culpabilidades relativas”, es evidente que,
siendo el petróleo una mercancía (commodity)
que se negocia en todo el mundo, es la
demanda y la oferta mundial de la misma la
que determina su precio.
Desde el punto de vista de la oferta, son
varias las causas que ayudan a explicar el
aumento del precio del crudo, algunas de
naturaleza más o menos transitoria y otras
de naturaleza más permanente. Entre las
primeras cabe mencionar, por ejemplo, las
huelgas del sector en Venezuela y Noruega;
entre las segundas, algunos ejemplos
destacados son la inestabilidad política en
Nigeria, Irán y Venezuela, y el deterioro
estacional de algunas refinerías
norteamericanas en el Golfo de México. A
esto hay que añadir la inestabilidad
permanente en todo Oriente Medio, que hace
que los precios del crudo reflejen una prima
de riesgo geopolítico, motivada por el hecho
de querer acumular unas reservas mayores
ante la eventualidad de alzas de precios
desmesuradas.
Probablemente, sin embargo, son los avatares
por el lado de la demanda los que explican,
en mayor medida, los aumentos de precios
antes mencionados. Y aquí el dedo acusador,
si se puede decir así, se dirige a los dos
nuevos colosos asiáticos. En efecto, aunque
Estados Unidos continúa siendo el primer
consumidor mundial de petróleo, son China e
India los países que, con su fuerte
dinamismo económico, más han presionado
sobre la demanda mundial de crudo.
El caso de China es, en este sentido,
paradigmático, ya que a principios de los
años 90 era un país exportador de petróleo
mientras que, en la actualidad, es un
importador neto: aproximadamente el 40% de
sus necesidades de petróleo se satisfacen
mediante importaciones. Aunque el
crecimiento económico chino explica una gran
parte de este cambio de tendencia, los
expertos consideran que hay otros dos
factores detrás del mismo: el deseo de
incrementar el nivel de las reservas, para
satisfacer las recomendaciones de la Agencia
Internacional de la Energía, y la necesidad
de reducir la contaminación ambiental, que
ha hecho que el Gobierno subsidie el consumo
de petróleo en detrimento de, por ejemplo,
el carbón. Aunque algunas causas
particulares puedan ser distintas, el caso
indio es muy similar al chino; el fuerte
crecimiento económico ha provocado un gran
aumento del consumo de petróleo,
circunstancia que es preocupante si pensamos
que ahora India tiene que importar más del
70% del crudo que consume.
Dado que las perspectivas de crecimiento
económico en China e India parecen
aseguradas para los próximos años, dado que
los elementos de inestabilidad política en
Oriente Medio y otros países productores
también parecen asegurados, y dado que
tampoco se pueden descartar otras
perturbaciones por el lado de la oferta y la
demanda, todo parece indicar que los precios
del petróleo se seguirán manteniendo en
niveles altos e incluso crecientes. En
consecuencia, si no queremos ver seriamente
perjudicado nuestro estilo y nivel de vida,
no queda más remedio que continuar avanzando
por la senda de la eficiencia energética.
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