Edición 347 - 04/06/2007

 

Opinión

Los precios del petróleo

 

>> Por: José Villaverde Castro

La Gaceta de los Negocios (España)

 

Aunque no estemos en una situación tan crítica como la sufrida a mediados de los 60 y principios de los 80, en parte porque nuestro aparato productivo es más eficiente en términos de consumo energético, lo cierto es que los precios del petróleo nos siguen dando algún que otro dolor de cabeza, bien sea como consumidores (cuando acudimos, por ejemplo, a rellenar el depósito de nuestros coches) o como productores (cuando vemos cómo se encarece uno de los recursos productivos básicos).

 

El petróleo, en efecto, no mueve el mundo, pero es indudable que engrasa las ruedas de la actividad económica. Por eso, lo que suceda con su precio es de vital importancia y tiene influencia a escala planetaria.

 

Según datos del sector, el precio del barril ha subido de cerca de 20 dólares a principios del año 2002 a cerca de 55 dólares a principios de 2007.

 

Una subida tan importante tiene efectos negativos sobre la economía, aunque, por fortuna, parece que la mayoría de los países (al menos de los países desarrollados) están encajando relativamente bien este aumento de precios, ya que no se ha provocado nada parecido a una recesión económica global.

 

Mucho se ha discutido y, probablemente, mucho se discutirá acerca de las causas de este fuerte crecimiento en los precios del crudo. Pues bien, aunque es difícil otorgar “culpabilidades relativas”, es evidente que, siendo el petróleo una mercancía (commodity) que se negocia en todo el mundo, es la demanda y la oferta mundial de la misma la que determina su precio.

 

Desde el punto de vista de la oferta, son varias las causas que ayudan a explicar el aumento del precio del crudo, algunas de naturaleza más o menos transitoria y otras de naturaleza más permanente. Entre las primeras cabe mencionar, por ejemplo, las huelgas del sector en Venezuela y Noruega; entre las segundas, algunos ejemplos destacados son la inestabilidad política en Nigeria, Irán y Venezuela, y el deterioro estacional de algunas refinerías norteamericanas en el Golfo de México. A esto hay que añadir la inestabilidad permanente en todo Oriente Medio, que hace que los precios del crudo reflejen una prima de riesgo geopolítico, motivada por el hecho de querer acumular unas reservas mayores ante la eventualidad de alzas de precios desmesuradas.

 

Probablemente, sin embargo, son los avatares por el lado de la demanda los que explican, en mayor medida, los aumentos de precios antes mencionados. Y aquí el dedo acusador, si se puede decir así, se dirige a los dos nuevos colosos asiáticos. En efecto, aunque Estados Unidos continúa siendo el primer consumidor mundial de petróleo, son China e India los países que, con su fuerte dinamismo económico, más han presionado sobre la demanda mundial de crudo.

 

El caso de China es, en este sentido, paradigmático, ya que a principios de los años 90 era un país exportador de petróleo mientras que, en la actualidad, es un importador neto: aproximadamente el 40% de sus necesidades de petróleo se satisfacen mediante importaciones. Aunque el crecimiento económico chino explica una gran parte de este cambio de tendencia, los expertos consideran que hay otros dos factores detrás del mismo: el deseo de incrementar el nivel de las reservas, para satisfacer las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía, y la necesidad de reducir la contaminación ambiental, que ha hecho que el Gobierno subsidie el consumo de petróleo en detrimento de, por ejemplo, el carbón. Aunque algunas causas particulares puedan ser distintas, el caso indio es muy similar al chino; el fuerte crecimiento económico ha provocado un gran aumento del consumo de petróleo, circunstancia que es preocupante si pensamos que ahora India tiene que importar más del 70% del crudo que consume.

 

Dado que las perspectivas de crecimiento económico en China e India parecen aseguradas para los próximos años, dado que los elementos de inestabilidad política en Oriente Medio y otros países productores también parecen asegurados, y dado que tampoco se pueden descartar otras perturbaciones por el lado de la oferta y la demanda, todo parece indicar que los precios del petróleo se seguirán manteniendo en niveles altos e incluso crecientes. En consecuencia, si no queremos ver seriamente perjudicado nuestro estilo y nivel de vida, no queda más remedio que continuar avanzando por la senda de la eficiencia energética.

 

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