¿Cómo avanzar hacia un horizonte de seguridad energética?
>> Por: : Francisco Mezzadri Doctor en
Economía especializado en la industria
energética.
Business Development Manager Power Plants
Division de Wärtsilä Chile Ltd.
Si cualquier mercado no encuentra
posibilidades de ajustar los consumos por
precios que reflejen la eficiencia del
sistema y que los costos, a su vez, reflejen
el valor de la escasez de los recursos, en
algún lugar del sistema comienzan a
producirse problemas de abastecimiento, sea
porque los precios no resulten competitivos
o porque los bajos costos -que generalmente
resultan de sistemas de precios políticos o
controlados- inducen a una utilización
exagerada de los recursos. Y eso es lo que
ha pasado en el sistema de la electricidad y
el gas en Argentina.
La incapacidad de operar con los mejores
equipos porque ante la falta de inversión
debió recurrirse a la reserva que se
mantenía sólo para atender cortas
emergencias, ha imposibilitado mantener los
niveles de eficiencia del sector eléctrico.
La eficiencia ha caído por la necesidad de
utilizar ese equipamiento antiguo y de mayor
consumo de combustibles por unidad de
producción, el MWh.
A esa pérdida de eficiencia hay que agregar
costos crecientes de los combustibles
líquidos que reemplazan al gas natural en la
generación eléctrica, porque el control de
precios no ha estimulado la inversión en los
campos de gas y las reservas han caído de
manera sorprendente (algo más de 40 por
ciento en seis años). La inflexibilidad de
precios introducida por el nuevo régimen
económico de la energía ha desequilibrado,
en consecuencia, los mercados de la
electricidad y del gas en el país.
Hasta el momento, tales desequilibrios los
paga el sector público en su mayor parte, al
hacerse cargo de los sobrecostos que surgen
de la importación del fuel oil que este año
alcanzaría a 800 millones de dólares. Surge
así un sistema de subsidios insensato,
porque originalmente benefició enormemente a
muchos que no lo necesitaban (piénsese en
los exportadores que competían con productos
en el mundo que pagaban más cara la energía
que utilizaban y que, además, gozaban de un
dólar sobrevaluado alrededor de 3 pesos) y
porque sigue sin diferenciar los
beneficiarios ya que la Tarifa Social no se
ha implementado a lo largo de cinco años.
De modo tal que junto con haber creado
desequilibrios en el mercado energético se
comenzó a minar las condiciones de
estabilidad del superávit fiscal, hecho que
no se percibía en un principio, pero que a
medida que el gasto público crezca más que
los ingresos, el problema del sector
energético comenzará a hacerse sentir con
mayor intensidad en las cuentas públicas.
Pero, los desequilibrios inducidos no se
detienen en lo fiscal, porque Argentina va
en camino a generar déficit en su balanza
comercial energética. Sólo la importación
del gas acordado con Bolivia, tendría un
costo de no menos de 2.200 millones de
dólares.
Finalmente, un país sin confianza energética
no atrae a muchas actividades industriales
para las cuales la disponibilidad de energía
ininterrumpible es esencial. Eventualmente,
también por ese lado pueden aparecer
problemas que generen desequilibrios en
otros mercados de bienes y del trabajo.
De ahí que las condiciones internas para
avanzar hacia un horizonte de seguridad
energética están íntimamente vinculadas a
los grados de flexibilidad que se vayan
introduciendo en los precios del sistema,
alejando la intervención del Estado y dando
lugar a una vinculación políticamente sana y
profesionalmente idónea entre el mercado y
los entes reguladores. Todo ello ayudará a
reestablecer progresivamente el equilibrio
de los mercados, si las políticas se manejan
de manera económicamente correcta.
Finalmente, si el país tendrá que buscar en
el mundo parte de su abastecimiento de
energía primaria (petróleo y gas), el camino
es la diversificación de las fuentes. Esta
es la tendencia que no sólo surge del
análisis económico y del sentido común sino
que también es el camino que se ve seguir a
China, India, Estados Unidos, Brasil y
Chile, entre otros. Es la única manera de
compartir los avances del mundo a la vez que
se reducen los riesgos de la dependencia
externa.
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