Descontento en el sector energético
>> Por: Osvaldo Calcagno
Energía & Negocios
Un viejo axioma dice que nadie puede
obligarse a algo si está descontento.
Descontento moralmente o porque le duela el
bolsillo.
En los últimos tiempos se podía trabajar,
invertir y ganar en nuestra Industria. Esta
pudo y supo colaborar económicamente con
quienes le pidieron hacerlo en el
entendimiento de que ello era temporario y
el conocimiento de que muchos otros sectores
estaban haciendo lo mismo. Una colaboración
al país, al bolsillo de los usuarios… Se
dejó la ganancia y no se invirtió. Pero la
colaboración resultó ser, ya, demasiado
larga y el sector está descontento.
El negocio se achicó y, resultados a la
vista, hoy faltan gas natural y energía.
Fuera del desbarajuste interno: con Chile no
cumplimos, importamos gas de Bolivia a un
costo estrepitoso, traemos electricidad de
Uruguay porque nos ha ayudado el clima y los
líquidos de Venezuela no son gratis. Viene
cayendo la producción de petróleo. La
situación actual no se va a solucionar
masiva y rápidamente con los biocombustibles,
lo sabemos. Tendremos que importar energía a
precio internacional, también lo sabemos.
Los precios y los subsidios de hoy -de ellos
hablamos- son ya importantes, los aporta
cada contribuyente que no ve aumentar su
calidad de vida, como pudieran hacerlo sin
ellos. Pueden ser una solución, sí, pero
corta. Dicen los que saben que lo ideal es
dejar actuar al mercado. Que él, sin
subsidios, determine el nivel de precios. En
competencia. La ley del más apto. De otro
modo: solución para hoy, hambre para mañana.
Esos subsidios vienen no siendo ya la
solución y comenzamos a experimentarlo. Para
estar contentos y producir hay que abrir esa
válvula de excepción ya. Decirlo y hacerlo.
No trabajar para el corto plazo, sino para
lo que está más allá.
Por ejemplo: el gran salto en materia de
producción de petróleo se dio en 1990,
dejando a los individuos la fijación del
precio. Sin YPF.
Con el Estado reducido a recaudar impuestos
para distribuirlos después en beneficio de
sus administrados, como debe ser. Ganar y
dejar ganar, una fórmula que implica gente
contenta, invirtiendo, pensando como
producir más y mejor es la única fórmula
para ir adelante. Los malos subsidios son
basura, dicen también los que saben. No nos
engañemos.
Tampoco nos engañemos pensando que el Estado
no deba reaccionar temporariamente ante
circunstancias excepcionales. Diríamos que
es un deber del buen administrador de fondos
de terceros. Puede, así, intervenir y
aplicar una retención temporaria, si ello
resulta de beneficio común.
Para ello, nuestro sistema democrático
establece que el pueblo no delibera ni
gobierna sino a través de sus
representantes.
Son ellos que deberán tomar las decisiones
finales, y hacerlas conocer a sus
representados. La publicidad de los actos de
gobierno, que le dicen. Todo ello con la
Constitución Nacional y demás reglamentos
aplicables a la mano. Si todo ello no es
así, esos representantes no sirven.
Hoy, a seis años de una devaluación como la
de 2001 y luego de dos/tres años de un
mercado volátil del petróleo, y vigentes
retenciones y precios bajos, la situación no
parece muy normal para el común de los
habitantes de nuestro país. Pero ya se ha
superado el tiempo de la excepcionalidad de
las medidas y olvidado que el petróleo vale
lo que vale.
Aunque no lo exprese, no es una situación
del gusto de nuestra Industria Petrolera,
como no lo sería para ninguna otra.
Obviamente, no está contenta.
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