Edición 356 - 06/08/2007

 

Opinión

Descontento en el sector energético

 

>> Por: Osvaldo Calcagno

     Energía & Negocios

   

Un viejo axioma dice que nadie puede obligarse a algo si está descontento. Descontento moralmente o porque le duela el bolsillo.

 

En los últimos tiempos se podía trabajar, invertir y ganar en nuestra Industria. Esta pudo y supo colaborar económicamente con quienes le pidieron hacerlo en el entendimiento de que ello era temporario y el conocimiento de que muchos otros sectores estaban haciendo lo mismo. Una colaboración al país, al bolsillo de los usuarios… Se dejó la ganancia y no se invirtió. Pero la colaboración resultó ser, ya, demasiado larga y el sector está descontento.

 

El negocio se achicó y, resultados a la vista, hoy faltan gas natural y energía. Fuera del desbarajuste interno: con Chile no cumplimos, importamos gas de Bolivia a un costo estrepitoso, traemos electricidad de Uruguay porque nos ha ayudado el clima y los líquidos de Venezuela no son gratis. Viene cayendo la producción de petróleo. La situación actual no se va a solucionar masiva y rápidamente con los biocombustibles, lo sabemos. Tendremos que importar energía a precio internacional, también lo sabemos.

 

Los precios y los subsidios de hoy -de ellos hablamos- son ya importantes, los aporta cada contribuyente que no ve aumentar su calidad de vida, como pudieran hacerlo sin ellos. Pueden ser una solución, sí, pero corta. Dicen los que saben que lo ideal es dejar actuar al mercado. Que él, sin subsidios, determine el nivel de precios. En competencia. La ley del más apto. De otro modo: solución para hoy, hambre para mañana.

 

Esos subsidios vienen no siendo ya la solución y comenzamos a experimentarlo. Para estar contentos y producir hay que abrir esa válvula de excepción ya. Decirlo y hacerlo. No trabajar para el corto plazo, sino para lo que está más allá.

 

Por ejemplo: el gran salto en materia de producción de petróleo se dio en 1990, dejando a los individuos la fijación del precio. Sin YPF.

Con el Estado reducido a recaudar impuestos para distribuirlos después en beneficio de sus administrados, como debe ser. Ganar y dejar ganar, una fórmula que implica gente contenta, invirtiendo, pensando como producir más y mejor es la única fórmula para ir adelante. Los malos subsidios son basura, dicen también los que saben. No nos engañemos.

 

Tampoco nos engañemos pensando que el Estado no deba reaccionar temporariamente ante circunstancias excepcionales. Diríamos que es un deber del buen administrador de fondos de terceros. Puede, así, intervenir y aplicar una retención temporaria, si ello resulta de beneficio común.

 

Para ello, nuestro sistema democrático establece que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes.

Son ellos que deberán tomar las decisiones finales, y hacerlas conocer a sus representados. La publicidad de los actos de gobierno, que le dicen. Todo ello con la Constitución Nacional y demás reglamentos aplicables a la mano. Si todo ello no es así, esos representantes no sirven.

 

Hoy, a seis años de una devaluación como la de 2001 y luego de dos/tres años de un mercado volátil del petróleo, y vigentes retenciones y precios bajos, la situación no parece muy normal para el común de los habitantes de nuestro país. Pero ya se ha superado el tiempo de la excepcionalidad de las medidas y olvidado que el petróleo vale lo que vale.

 

Aunque no lo exprese, no es una situación del gusto de nuestra Industria Petrolera, como no lo sería para ninguna otra. Obviamente, no está contenta.

 

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