Sobre el uso racional de la energía
>> Por: Osvaldo Calcagno
Energía & Negocios
Leímos últimamente que en nuestro país la
relación actual entre el crecimiento
porcentual del consumo energético y del PBI
es de 1,3 lo cual nos ha llenado de
vergüenza en momentos en que los países
industrializados ya han alcanzado o tienen
como meta alcanzar una relación de 0,8. No
hacemos nada coherente sobre ello. De allí
nuestra vergüenza como argentinos.
El consumo residencial doméstico,
aproximadamente 1/3 del abastecimiento
total, deja muy contenta a nuestra amiga
doña Rosa porque la energía es muy barata en
Argentina y por lo tanto su cuenta
energética, mensual o bimestral, es baja. El
transporte es responsable de otro tercio del
consumo y por el mismo motivo, su costo, don
Juan está satisfecho por ello.
El tercio que falta es el de la industria,
donde sucede lo mismo con los precios y don
Roberto, el dueño de la fábrica, que dispone
de equipamiento obsoleto y energéticamente
ineficiente, opta por no reemplazar el que
tiene por otro más moderno ahorrando de
efectuar una inversión que repagará a muy
largo plazo. Ese es el cuadro energético
actual, muy simplificado.
El bajo precio final de los productos usados
en los tres casos, sean los energéticos
utilizados subproductos de petróleo, gas
natural o electricidad son el común
denominador. Ello es relevante en este
momento en que sufrimos problemas de falta
de productos y cargamos con la expectativa
de abastecerlos importándolos a precios
internacionales. El tema no es soluble a
corto plazo pero ¡cuánto combustible y
dinero podríamos ahorrar usando los recursos
eficientemente y prestando seria atención al
asunto!
El precio de cada producto se compone de dos
partes: la retención y el impuesto. La
primera debe responder a una adecuada
retribución al explorador, al productor, al
transportista, el refinador, el trasformador
y el comercializador de cada producto.
El impuesto debe ser tal que tienda a los
fines de política energética, contribuya al
bienestar general e incite a la correcta y
eficiente utilización del recurso. El
mercado establece los primeros, las
retenciones. El Estado usa su potestad y
vela por la correcta fijación del impuesto
dentro de los principios arriba enunciados.
Siempre debe recordarse que hay un precio
final para lo que hay y no para lo que no.
El sistema hoy aplicado, donde el Estado en
definitiva establece los valores para los
dos, en medio de un sistema muy complicado
de retenciones y subsidios no es claro y es
injusto. Todos pagan, directamente o
indirectamente por estos subsidios, utilicen
o no el energético. Puede establecerlos
temporariamente, pero en la actualidad el
tiempo pasado desde los sucesos del 2001 y
la volatilización de los mercados petroleros
son ya lapsos demasiado largos y es hora de
que ambos sean abandonados. Ya no tiene
sentido seguir conviviendo con ellos.
Respecto a la retención decíamos que ella ha
de fijarse por los actores para un mercado
de abundancia. Dar las bases para ese
mercado es una de las funciones del Estado.
Otra función es la fijación del impuesto en
lo cual debe ser cauto. La Ley 17319 de
Hidrocarburos establece en su Artículo 6º
principios dentro de los cuales el Estado
puede intervenir en cualquier etapa, por
excepción.
La ley de Impuesto a los Combustibles, Ley
17597, fijaba inicial y claramente destino
para esos impuestos, en su mayor parte para
energías renovables, para caminos, etc. El
tiempo pasado desde su sanción amerita la
consideración de nuevos aspectos, como los
que aquí tratamos. Bueno sería revisar ambos
cuerpos legales muy serenamente y
actualizarlos.
El camino hacia una correcta y eficiente
utilización de los recursos ha de ser largo
y los resultados presumiblemente graduales.
Ese camino incluye la fijación de correctos
impuestos, la creación de la conciencia
popular sobre el tema en la casa y en la
escuela. La reforma de la Secretaría de
Energía nacional, convirtiéndola de lo que
es hoy, un ente administrativo más, en el
fijador de las políticas energéticas del
Estado.
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