Es hora de tomar en serio a Bolivia
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Las convulsiones de Bolivia son
inquietantes. No es indiferente lo que
sucede allí, especialmente cuando el vecino
puede dividirse y quedar contigua a nosotros
su parte más radicalizada.
Evo Morales fue elegido con la más alta
votación que se recuerde en Bolivia. Su
promisoria situación, favorecida por
valiosos hidrocarburos, ha cambiado
drásticamente.
Una gestión desordenada, autoritaria e
ideologizada desencadenó violencia, mayor
producción de coca, expropiaciones,
intromisiones de Chávez, de Cuba y ahora de
Irán; fracturas políticas y divisiones
geográficas internas por demandas
autonómicas de sus provincias.
Sucre, sede de la Asamblea Constituyente,
testigo del fracaso de los acuerdos para una
constitución, reclama el derecho a ser la
capital, viéndose amenazada de ocupación por
campesinos armados bajo la mirada impotente
(¿?) de fuerzas armadas con abiertos
financiamientos venezolanos.
El pueblo boliviano recuerda a su presidente
que no lo eligió para que impusiera
ideologías y menos para hacerlo vitalicio,
una de las tentaciones mayores del
socialismo caribeño que lo inspira.
Chile puede ayudar mucho a Bolivia con
soluciones distintas de ceder soberanía. La
mejor cooperación es invertir en buenos
caminos y puertos chilenos que la conecten
eficazmente al Pacífico. Para ello, no hay
que ceder soberanía ni pedir permiso a Perú
y se puede hacer "aquí y ahora".
Tales obras, aunque no satisfacen la demanda
histórica boliviana, son más útiles para su
pueblo y su desarrollo que otras promesas
incumplibles. No será posible acoger una
demanda boliviana que solo se satisface
transfiriendo territorios chilenos, sin
canje.
Los únicos viables de negociar --de los
otros depende nuestra continuidad
territorial-- están en la frontera con el
Perú que, también con ambigüedad, no está
dispuesto a dejar de ser nuestro vecino y
tiene derecho a vetar.
¿Quién podría entregar simplemente soberanía
y revisar tratados que afectan a parte
considerable de la población y del
territorio nacional? ¿Qué acuerdo duradero
se podría alcanzar en medio de turbulencias
altiplánicas de su propia responsabilidad?
Bolivia quiere soberanía, y no menos. Lo
demás es música y eso lo deberían tener
claro nuestros diplomáticos, políticos y
uniformados que, a veces, crean expectativas
frustrantes.
La eterna discusión sobre una cesión
territorial con soberanía continúa
postergando la construcción de
infraestructura y la prestación de servicios
que beneficiarán a chilenos y bolivianos.
Ese camino constructivo es, además, muestra
de seriedad y sensibilidad ante nuestro
vecino y la comunidad internacional.
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