El ambiguo interés de Irán
>> Por Andrés Oppenheimer
La Nación (Argentina)
MIAMI.- Al presidente iraní, Mahmoud
Ahmadinejad, le debe encantar el clima
tropical: en los últimos doce meses, se ha
pasado más tiempo en América Latina que el
presidente George W. Bush. La visita de
Ahmadinejad a Venezuela y Bolivia fue su
tercer viaje a la región desde 2006.
Comparativamente, Bush sólo ha hecho una
visita en el mismo período. Lo que es más,
Ahmadinejad difícilmente podría estar
firmando más acuerdos de cooperación con
Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Horas después de que la canciller de
Alemania, Angela Merkel, comparara en las
Naciones Unidas a Ahmadinejad con Adolfo
Hitler, el presidente iraní recibió una
bienvenida de héroe del jefe del Estado de
Bolivia, Evo Morales, en La Paz, y prometió
1100 millones de dólares en ayuda a Bolivia
en los próximos cinco años. Poco después, en
Venezuela, Ahmadinejad firmó un compromiso
para crear un fondo de inversión conjunto de
2000 millones de dólares.
Irán ya se ha convertido en el segundo mayor
inversionista en Venezuela, después de
Estados Unidos, y recientemente inauguró un
vuelo comercial semanal de Iran Air entre
Teherán y Caracas. Los vuelos están repletos
de funcionarios y empresarios cercanos a
ambos gobiernos.
Además de abrir una embajada en Bolivia,
Irán ha incrementado su personal diplomático
en la región. ¿Qué está buscando Ahmadinejad
en América Latina?
En primer lugar, busca apoyo para
defenderse de las demandas de Estados Unidos
y Europa para que Irán detenga su programa
nuclear o lo someta a observadores
internacionales. Venezuela y Cuba fueron,
junto con Siria, los únicos tres países que
apoyaron el plan nuclear de Irán en un voto
en el Organismo Internacional de Energía
Atómica, en febrero de 2006.
En segundo lugar, Ahmadinejad quiere
contraatacar a Estados Unidos en su propio
continente, financia a grupos
antinorteamericanos y amenaza con
desestabilizar gobiernos afines a
Washington, para poder negociar con la Casa
Blanca desde una posición de mayor fuerza.
Tras la invasión de Estados Unidos a Irak,
el gobierno de Irán parece estar diciéndole
a Washington: "Usted se metió en mi
vecindario, ahora yo me meto en el suyo".
En tercer lugar, la popularidad de
Ahmadinejad ha caído en Irán, y
probablemente necesite que la televisión de
su país muestre cómo es recibido como un
héroe en otros países.
Thomas Shannon, el encargado de Relaciones
con América latina del Departamento de
Estado, me dijo en una reciente entrevista
que Irán "quiere mostrar a sus propios
ciudadanos que no es un país
diplomáticamente aislado".
"¿Hay preocupación en Washington por las
visitas de Ahmadinejad?", le pregunté.
Shannon respondió que Estados Unidos está
preocupado por los nexos de Irán con
Hezbollah, que entre otras cosas fue
responsable del atentado contra la AMIA en
Buenos Aires, en 1994.
"Lo que nos preocupa es el historial de
actividades de Irán en la región, y
especialmente su lazos con el Hezbollah y
los ataques terroristas en Buenos Aires
-dijo Shannon-. El pasado es prólogo."
Mi opinión: si Ahmadinejad estuviera
cooperando con la Argentina en la
investigación del atentado contra la AMIA o
no estuviera pidiendo la "aniquilación" de
otros países, no habría nada de malo en que
países latinoamericanos aceptaran la ayuda
económica de una petrodictadura teocrática.
Pero la creciente presencia de presuntos
diplomáticos y empresarios iraníes en
Venezuela, Nicaragua y otros países de la
región trae aparejado el peligro de que
agentes iraníes respaldados por su gobierno
empiecen a infiltrar otras naciones para
apoyar a grupos terroristas o totalitarios,
como probablemente pasó en la Argentina en
1994. La importación del conflicto de Medio
Oriente o de la disputa entre Irán y Estados
Unidos a territorio latinoamericano
claramente beneficia a Teherán, pero es un
juego peligroso para los países
latinoamericanos.
A menos que Irán pruebe que no estaba
involucrado en el ataque a la AMIA, como lo
pide el gobierno argentino, los países de la
región deberían mantener al régimen fascista
iraní a una prudente distancia, antes de que
sea demasiado tarde.
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