Edición 364 - 01/10/2007

 

Opinión

Deus ex IDH

 

>> Por Francesco Zaratti

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La expresión latina “deus ex machina” se utilizaba, en el mundo grecorromano, para describir el final feliz de una historia, gracias a la intervención extraordinaria  de una divinidad que bajaba del cielo (mediante una máquina), para sacar de apuros al protagonista de una obra teatral. Eso es exactamente lo que acaba de pasar con el Bonosol gracias al IDH.

 

Hace un par de meses, en un artículo publicado en este mismo semanario  pronostiqué la inminente muerte del Bonosol, a menos de una urgente terapia de choque que el gobierno no ha tardado en aplicar. La resolución 004/07de los Ministerios de Hidrocarburos y Hacienda, en efecto, es equivalente a un transplante de órganos - para continuar con la metáfora utilizada en el artículo citado- de modo que, más allá de las interpretaciones políticas o interesadas de la medida, lo que corresponde es un análisis técnico.

 

En síntesis, la operación consiste en traspasar fondos del IDH pagado por dos empresas capitalizadas (Transredes no paga IDH por no ser productora de hidrocarburos) para cubrir el déficit del Bonosol en la presente gestión. Las preguntas que suscita la medida son: ¿hay compatibilidad de órganos?, ¿la operación realizada es éticamente aceptable?, ¿qué consecuencias tendrá la medida para la vida futura del paciente?

 

En primer lugar, si nos preguntamos si el IDH es compatible con el Fondo de Capitalización Colectiva (FCC), responsable del pago del Bonosol, la respuesta es negativa. El IDH es un impuesto (o, mejor dicho, una regalía encubierta) que ya no pertenece a la empresa petrolera ni a sus accionistas, sino al Estado boliviano (TGN, regiones, municipios y universidades). La Ley de Hidrocarburos 3058 determina su distribución, de modo que una resolución no podría modificar la ley. Por otro lado, el Bonosol se alimenta con las utilidades de las empresas capitalizadas, algo muy diferente de los impuestos. Por tanto existiría una incompatibilidad entre las dos fuentes de recursos, como si se transplantara una pata de perro a un caballo.

 

Para tratar de impedir el rechazo de órganos y salvar la vida del Bonosol, el gobierno ha admitido que el IDH tiene la culpa de que las empresas petroleras capitalizadas no hayan tenido utilidades y de que hayan dejado de aportar al Bonosol, de modo que, técnicamente, es como si se restituyera una parte del IDH a las empresas para que éstas pudieran entregar más dividendos al FCC. Ahora bien, a parte de las implicaciones contables, esta admisión es grave, porque denigra al IDH y a la “nacionalización”, como si ambos hubieran metido mano a los bolsillos de los bonosolistas. Pero, más grave aún, respalda la devolución de impuestos (o regalías) para fines particulares, aunque socialmente aceptables, violando la ley.

 

A decir verdad, algo similar ya ha ocurrido a partir de la firma de los nuevos contratos: se ha devuelto a las empresas productoras de campos marginales de líquidos una parte del IDH mediante certificados de créditos fiscales con el fin de que esas operaciones petroleras no tuvieran pérdidas, debido al pago del IDH, aunque no me queda claro quién (TGN, YPFB o gobiernos locales) está asumiendo el costo de esa operación.

 

Por tanto, la falla de la justificación oficial radica en considerar bien cobrado pero mal distribuido el IDH, cuando un impuesto no puede ser distribuido fuera de la ley y menos a un fondo “privado” como es el FCC.  Admito y comparto la preocupación del gobierno para salvar un beneficio justo para nuestros ancianos, pero la terapia del transplante no parece ser la correcta, como no es ético sacar un órgano de una persona viva, sin su consentimiento, para tratar de salvar la vida de un moribundo. En el fondo se trata de un ejemplo del enredo conceptual que sigue guiando a los autores de la nacionalización de los hidrocarburos, desde el momento en que no han considerado el alcance de todos los factores involucrados .

 

Por otro lado, parecería que la resolución mencionada se inventara una devolución de utilidades a Chaco y Andina para justificar el traspaso del IDH al FCC y así cargar parte de la cuenta a los gobiernos locales. En la práctica, las dos petroleras deberían transferir mensualmente 72.5 millones de bolivianos al FCC en lo que resta de este año , que representa aproximadamente la totalidad del IDH que pagan las dos empresas. Cabe preguntarse: ¿con qué criterio se atribuye ese déficit exclusivamente a Chaco y Andina?

 

Pero hay algo más curioso. Se admite y acepta que algunas empresas puedan reinvertir, en lugar de distribuir, sus utilidades, como ha sucedido con Andina y Transredes, para enfrentar emergencias de producción y transporte, ante la dificultad de atraer nuevas inversiones, para luego devolverles el IDH necesario para garantizar el Bonosol. ¿Qué tiene que ver el IDH y sus beneficiarios con esa concesión? ¿No se estará “bicicleteando” dinero fiscal (IDH) para que las petroleras capitalizadas realicen inversiones? Sería otra estacada en el corazón de la nacionalización.

 

Finalmente, encuentro, en las justificaciones oficiales, una interpretación sesgada del art. 6 de la Ley 3058 de Hidrocarburos y del art. 6 del DS 28701.

 

Es YPFB, y no el IDH, el “deus ex machina” que debe salvar el Bonosol, en virtud a que recibió, a título gratuito, las acciones de las tres empresas petroleras capitalizadas, acciones cuya venta debía servir para sostener ese beneficio. Por tanto, el  camino más racional y legal de resolver el problema sería que YPFB pague al FCC el valor de las acciones recibidas o, en su defecto, que “convenza” a las prefecturas, municipios, universidades y TGN a comprar su cuota parte de esas acciones con dineros del IDH. Caso contrario, el resultado neto es que YPFB se hace de las acciones, pero TGN, prefecturas, municipios y universidades pagan la cuenta. El mecanismo propuesto daría un respiro de unos años al FCC, período durante el cual debería aprobarse, mediante ley, una modalidad más racional y equitativa de la actual de pagar ese beneficio.

 

Eutanasia para el Bonosol, PULSO, 17 de agosto de 2007

Ver mi artículo “La navaja de Evo”, en La Razón, 11 de mayo de 2006

De acuerdo al diario El Deber (6 de octubre de 2007).

 

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