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>> Por: ABC (España)
El precio del petróleo ha subido en dólares
un 10 por ciento en una semana y alcanzado
nuevos máximos históricos; el WTI americano
se vende a 90 dólares barril y el Brent, a
85. Tanto la intensidad y rapidez de la
subida como sus causas son motivo de
preocupación en una economía que no
necesitaba nuevos sustos.
Los expertos hablan de problemas de
suministro ligados a las tensiones
geopolíticas en el Kurdistán iraquí y a
nuevos fenómenos climatológicos en el golfo
de México con la llegada del invierno. Pero
los economistas añaden una creciente
correlación negativa entre el precio del
petróleo y del dólar, con lo que el impacto
positivo sobre nuestra balanza energética
derivado del fortalecimiento de la divisa
americana podría desaparecer, complicando
aún más nuestras ya de por sí elevadas
necesidades de financiación externa. Sobre
todo, si se confirman los pronósticos de una
nueva depreciación del billete verde que,
según muchos analistas, continúa
sobrevalorado.
La economía internacional tiene su gran cita
de otoño esta semana en Washington, con la
reunión del G-7 y la Asamblea Anual del FMI
y el Banco Mundial. Allí se oirán voces para
que China asuma su parte de responsabilidad
global y deje que el tipo de cambio de su
divisa se aprecie para quitarle presión al
euro. También tendremos más información
sobre el impacto en el crecimiento mundial
de la crisis financiera de este verano,
información que añadir al comentario de
Bernanke, presidente de la Reserva Federal,
de que significará un lastre para el
crecimiento.
Aunque el precio del petróleo se está
comportando con gran volatilidad y es
posible que todo quede en un episodio
pasajero, las actuales tensiones de oferta
se dan en un contexto de fuerte demanda como
consecuencia de la voracidad energética de
las potencias emergentes asiáticas.
Se dibuja así un escenario internacional
complicado, en el que al efecto contractivo
de la crisis financiera se unen presiones
inflacionistas derivadas del petróleo y una
nueva depreciación del dólar.
La razón fundamental de la escalada de
precios se encuentra en la fortaleza de la
demanda, que este año crecerá de nuevo un
1,5% a nivel mundial, combinada con una
contención de la oferta por parte de los
miembros de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP), que no
quieren de ninguna manera que crezcan los
inventarios. A esto se une que, dentro de la
propia organización, que en estos momentos
supone el 40% del suministro mundial y que
sigue creciendo, hay algunos países como
Venezuela o Irán que están presionando para
que suban los precios. Además, la capacidad
excedentaria del cártel está muy concentrada
en Arabia Saudí, lo que dificulta que
empiece a llegar al mercado oferta de otros
países de la organización. En el mercado los
operadores confiaban en que las
restricciones de la OPEP fueran compensadas
de alguna manera por incrementos de
producción en otros países fuera de la
organización, pero no ha sido así. La mayor
parte de los proyectos en marcha no siguen
el ritmo previsto inicialmente.
Afortunadamente, el petróleo ha perdido el
peso que tuvo antaño sobre la economía -en
la actualidad representa la mitad que en la
crisis de los setenta-, lo que ha moderado
los efectos de la subida de los precios
sobre la crisis financiera. Sin embargo,
esta coyuntura tiene consecuencias negativas
sobre algunos sectores en concreto como el
del transporte.
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