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>> Por Primo González
Estrella Digital (España)
En las últimas horas, el precio del petróleo
se batía de nuevo contra los elementos
tratando de romper la barrera de los 100
dólares. Bien es verdad que los dólares de
ahora no son como los de antes, pero 100
dólares son muchos dólares en cualquier
caso. El jeque Yamani, uno de los personajes
más importantes de este negocio (fundador de
la OPEP y 25 años ministro saudí del
Petróleo, hasta que le despidieron en 1987)
dijo en Londres que si hay conflicto bélico
con Irán y este país corta los suministros,
el crudo puede irse a los 200 dólares por
barril, aunque en caso contrario (ausencia
de conflicto bélico) todo debe apuntar hacia
un petróleo a 75 dólares por barril en los
próximos meses. El petróleo, en cualquier
caso, nos va a tener en vilo durante
bastantes años y será un compañero
inevitable de viaje en las previsiones
económicas durante mucho tiempo, aunque hay
algunos motivos para pensar que los márgenes
en los que se mueven los protagonistas de
este negocio no van tan sobrados como podría
parecer a primera vista.
La OPEP, la organización nacida hace 40 años
para defender los precios del producto,
tendrá este año unos ingresos del orden de
los 510.000 millones de dólares, de los
cuales algo más de 150.000 irán a parar a
los sauditas, 47.000 a Irán y unos 40.000 a
Chávez, el caudillo bolivariano que
últimamente ha hecho buenas migas con
algunos colegas del Golfo Pérsico, en
especial con Irán, para constituir una
especie de “núcleo duro” en el seno de la
organización petrolera.
Su propósito de utilizar el petróleo como
arma política ha fracasado en la reciente
cumbre de RIAD de los países petroleros de
la OPEP, como no podía ser de otro modo, ya
que la suma de los países árabes que
podríamos denominar “moderados”, con Arabia
a la cabeza, suma una producción de crudo
muy superior a la de estos dos iluminados.
Kuwait, los Emiratos o Angola o Nigeria, o
el mismo Irak, producen por sí mismas casi
tanto crudo como cualquiera de los dos
díscolos miembros de la OPEP. Y todos los
moderados juntos, con Arabia Saudí a la
cabeza, impedirán posiblemente cualquier
deriva de la organización por senderos
intransitables. Ahora mismo, en la OPEP
existe una línea “profesional” claramente
dominante, frente a la cual Irán y Venezuela
tienen pocas cartas que jugar si su objetivo
es desestabilizar el comercio mundial de
crudo.
La producción de estos dos países no sería
fácilmente reemplazable, pero durante un
periodo corto de tiempo quizás podrían
llegar a ser prescindibles. En todo caso, ni
Irán ni Venezuela, embarcados en una
diplomacia agresiva frente a Occidente, pero
también enfrentados a los países dominantes
de la OPEP, no podrán permitirse el lujo de
mantenerse durante mucho tiempo sin ingresas
las rentas del petróleo. El régimen de
Chávez, sin petróleo, se derrumbaría como un
castillo de naipes y su cacareada revolución
bolivariana o socialismo del siglo XXI, como
gusta llamarlo el comandante, quedarían
seriamente en entredicho. De Irán puede
decirse casi otro tanto.
La misma Arabia Saudí, con sus inalcanzables
151.000 millones de dólares ingresados este
año (según las últimas previsiones) tiene
una arquitectura social, económica y
política que sin el petróleo por encima de
los 50 dólares resultaría difícilmente
sostenible. Se ha llegado a especular en
algunos momentos con una hipotética maniobra
de Arabia, inundando el mercado de crudo
para rebajar el precio y generar de esta
forma serios problemas en su incómodo vecino
iraní, que en los últimos años se ha
convertido en toda una potencia militar y
que en plazo no muy lejano dispondrá también
del arma atómica.
Pero Arabia no resistiría una caída en
picado de los precios del petróleo. Sus
delicados equilibrios religiosos internos,
con una poderosísima población adicta al
credo mayoritario en Irán, provocarían una
grave situación política a la Monarquía
gobernante. Arabia Saudí necesita tan
imperiosamente el petróleo por encima de los
50 dólares el barril como la alianza
defensiva y militar con Estados Unidos, ante
el cariz que está tomando la agresiva
política militar y exterior del régimen de
los ayatolas.
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