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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
Durante el mes de Abril, con el
decidido apoyo del gobierno de Brasil, se ha
desarrollado un Seminario Regional de Biocombustibles.
En el mismo, han participado 18 países de América Latina
y el Caribe, donde no solo Brasil ha expuesto su
liderazgo mundial en este tema, sino también casi todos
los países han expuesto sus realidades y visiones sobre
esta temática y donde ha quedado muy claro el decidido
impulso que se esta dando a este tema en la región.
A continuación, algunos aspectos relacionados a las
conclusiones que la Organización Latinoamericana de
Energía (OLADE) ha podido rescatar, sobre el norte, que
deberían tener en los países de la región, respecto a
los programas de biocombustibles que se están lanzando.
No cabe ninguna duda,
que los biocombustibles, son una transición al futuro en
materia energética. Es decir, que constituyen una
especie de puente entre el petróleo/gas y los
energéticos renovables del futuro como son
hidrógeno/celdas combustibles.
Los procesos de
incorporación de la producción, transporte, distribución
y comercialización de biocombustibles, dentro de las
matrices energéticas de los diferentes países, son de
muy largo plazo. El tratar de acelerar la penetración,
sin una adecuada planificación y marco regulatorio bien
fiscalizado, puede resultar en un estrategia boomerang
sobre las políticas energéticas que se están tomando, y
llevar al fracaso del programa.
Los biocombustibles,
como el etanol y el biodiesel, deben ser considerados
como "commodities". En tanto, las legislaciones de los
diferentes países del mundo abran más sus opciones al
uso de estos en procesos energéticos, se generara exceso
de demanda, que inmediatamente impactara sobre los
precios. En consecuencia, tendremos precios oscilantes y
especulativos muy pegados a los precios de los
combustibles alternativos como son la gasolina y el
diesel, provenientes del petróleo.
Lo anterior, nos debe
llevar a pensar que el beneficio de desarrollar los
biocombustibles, no viene por un proceso de encontrar
productos necesariamente mucho más económicos respecto a
los combustibles tradicionales, a no ser que se regule
su precio y se restrinja su libre comercialización,
exportación o importación, situación no recomendable.
Uno de los beneficios
de introducir los biocombustibles, es sin duda, tener
una diversificación en la matriz energética, en caso la
situación del petróleo y sus derivados se torne más
complicada y conflictiva en los próximos años.
Diversificar es una consigna.
Otro de los beneficios,
es que constituye una opción de reducción de la
contaminación por gases de efecto invernadero (con
excepción de Brasil, donde el etanol y el biodiesel ya
forman parte de la matriz energética). En los países de
América Latina y el Caribe estas sustituciones pueden
muy fácilmente calificar como proyectos del Mecanismo de
Desarrollo Limpio (MDL), al evitar la generación de CO2
con combustibles tradicionales.
De la misma manera, la
producción de biocombustibles, involucra una gran
cantidad de mano de obra local, con diverso grado de
preparación para cubrir necesidades agrícolas,
energéticas, comerciales, tecnológicas, de control de
calidad, etc. Es decir, que se fomenta la creación de
mano de obra, situación que no ocurre con el petróleo y
el gas natural, actividades extractivas, que son fuentes
más bien rentistas, con dantescas inversiones, pero que
generan muy escaso empleo y si lo hacen, es demasiado
especializado y generalmente viene de afuera.
Para los países
deficitarios en la producción y abastecimiento de
productos como diesel y gasolina, resulta en un ahorro
de divisas, al tener que dejar de importar estos
productos, fruto del reemplazo que se disponga en las
mezclas establecidas en los marcos normativos.
De la misma manera, los
países que producen y son autosuficientes en gasolina y
diesel, la producción de biocombustibles debe generar
excedentes exportables de crudo y derivados, que generan
divisas e ingresos para las distintas economías.
Otro beneficio del
etanol, viene por su uso como aditivo (oxigenante) en
reemplazo del MTBE, que es un compuesto fósil que se
importa en la mayoría de los países de Latinoamérica y
el Caribe. Este efecto económico se debe sumar al efecto
contaminación en los suelos y aguas que trae el uso del
MTBE.
La introducción de
biocombustibles, requiere de una estricta voluntad
política, con visión de muy largo plazo sobre los
objetivos señalados, donde la concertación institucional
de Ministerios y otros organismos de gobierno, resulta
vital. La participación y compromiso del sector privado,
es también fundamental para el éxito del programa.
Fuera de voluntad
política, coordinación interinstitucional y activa
participación del sector privado, se requiere además de
marcos regulatorios claros, que incentiven la
participación de los diferentes actores, donde se de
incentivos tributarios iniciales y se determine
claramente el tipo de las mezclas realizar.
*Álvaro Ríos Roca, es
el actual secretario ejecutivo de la Organización
Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo
2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia.
Experto en áreas relacionadas con el sector energético
que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios
proyectos energéticos internacionales, conferencista,
analista y articulista en varios medios de comunicación
de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en
Estados Unidos.
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