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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
Los altos precios del petróleo y
su extrema volatilidad, tienen en vigilia y
apesadumbrados a casi todos los habitantes del planeta.
Los especuladores intermediarios, que son los más
beneficiados de todo este proceso, son sin lugar a
dudas, uno de los más activos contribuyentes para que
tengamos la volatilidad e incertidumbre que estamos
observando.
Los hidrocarburos, base
de la energía del planeta, no podrán ser reemplazados en
el corto ni mediano plazo y por ende, seguirán jugando
un papel altamente político en la relación entre países
y bloques económicos. En este orden de cosas, tenemos a
muchos gobiernos revisando sus políticas energéticas
para tratar de depender en el largo plazo, en menor
grado de los hidrocarburos.
Para la generación de
energía eléctrica, existen substitutos como la nuclear,
la térmica en base a carbón, energía hidráulica, eólica,
solar, geotérmica y otras, que aunque muchas veces
repudiadas y más contaminantes que el gas natural, por
ejemplo, se están analizando a profundidad. Programas y
políticas que se inicien ahora en 5 a 15 años,
fácilmente pueden marcar una nueva tendencia.
Con el petróleo el
cantar es de otra naturaleza. Los derivados de este
energético, son usados mayormente para dar movilidad al
planeta y su uso en los vehículos o sistemas de
transporte ocupa gran parte de la demanda mundial y no
hay substituto a la vista de corto, mediano y hasta de
largo plazo.
Estados Unidos utiliza
aproximadamente el 25% del petróleo con solo el 5% de la
población global. Esto debido al hábito que han
adquirido los norteamericanos de manejar largas
distancias y no usar masivos sistemas de transporte.
La China e India, sin
duda que aspiran a tener un PIB per capita similar al de
USA o Europa en las próximas décadas. Esto se traducirá
en un incremento notable de vehículos en el mundo. Las
estadísticas indican que en 1975 habían alrededor de 220
millones de vehículos, en el 2005 este número subió a
900 millones y para el 2025 se espera que existan 1.200
millones de vehículos. Este incremento pondrá una seria
presión en la demanda por los derivados del petróleo, en
especial el diesel y la gasolina.
Los países de Latinoamérica y el Caribe no escaparán a
esta realidad mundial del petróleo y por lo tanto es
imprescindible, comenzar la búsqueda de soluciones, que
permitan iniciar un viraje en la diversificación de las
matrices energéticas, en especial para el transporte en
uso vehicular.
Una alternativa viable
para disminuir el consumo de combustibles fósiles y así
aliviar en algo el problema económico, es la producción
nacional de bio-combustibles (etanol y biodiesel)
utilizando productos agrícolas como: caña de azúcar,
maíz, soja, higuerilla, resino, palma y otras
oleaginosas, que se utilizan en mezcla con la gasolina y
el diesel. Brasil ha desarrollado una experiencia sólida
sobre producción y comercialización de etanol y
biodiesel como combustibles, con ahorros significativos
en el consumo de gasolina y diesel, desarrollando su
producción agrícola y su industria de equipo, maquinaria
y tecnología de punta.
Si bien estos productos
no serán muy diferentes los precios internacionales de
los combustibles que se reemplazaran (léase commodity),
tienen una serie de beneficios alternativos que merecen
que los países de Latinoamérica y el Caribe hagan todos
los esfuerzos necesarios para introducir los mismos en
sus matrices energéticas en el largo plazo.
Cuando un país es
importador neto de derivados de los hidrocarburos, los
beneficios por la balanza comercial son muy grandes.
Cuando un país es exportador de petróleo o sus
derivados, se puede tener excedentes exportables, cuando
se sustituye con los biocombustibles, favoreciendo
también la balanza comercial, por productos elaborados
internamente.
Los biocombustibles,
por otro lado favorecen y fomentan la generación de
mucho mas empleo, especialmente en el sector agrícola,
aliviando así un gran problema de la regional. Más aún,
el incremento en la producción agrícola, fija al
agricultor en el área rural, evitando la migración hacia
las grandes urbes y fomenta la utilización de esquemas
productivos participativos en estas áreas.
La producción y uso de
biocombustibles, es también, mucho más amigable en el
cuidado y protección del ambiente, dada su
característica de combustibles limpios, por lo que
pueden aplicar a los mecanismos ambientales establecidos
en el Protocolo de Kyoto. Por lo tanto, los
financiamientos a través de los Mecanismos de Desarrollo
Limpio (MDL) pueden favorecer a una gama de pequeños
agricultores.
Un buen programa de
biocombustibles, de largo plazo, debe ser considerado
por todos los países de Latinoamérica y el Caribe,
tendiendo siempre a utilizar áreas agrícolas que no
comprometan la producción y crecimiento del sector
destinado a los productos alimenticios.
Desde la Organización
Latinoamericana e Energía, se esta trabajando, con el
apoyo de Brasil, en un proyecto de largo aliento para
apoyar el desarrollo de biocombustibles en aquellos
países que manifiesten su voluntad política de hacerlo y
tengan la condiciones, principalmente agrícolas.
• Álvaro Ríos Roca,
es el actual secretario ejecutivo de la Organización
Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo
2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia.
Experto en áreas relacionadas con el sector energético
que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios
proyectos energéticos internacionales, conferencista,
analista y articulista en varios medios de comunicación
de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en
Estados Unidos.
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