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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
Como se ha manifestado en varias entregas anteriores, la
volatilidad de los precios del petróleo esta causando
una especie de convulsión energética a nivel mundial. No
solo los precios del petróleo y sus derivados se han más
que triplicado, sino también que ha hecho, que el gas
natural, el carbón, los biocombustibles y otros
energéticos se eleven notablemente, debido a que
representan productos alternativos y ciertamente, nadie
pierde la oportunidad que presenta el mercado.
No hay país en el mundo
que no este revisando de una manera u otra su política
energética y se lo esta haciendo desde una gran
diversidad de aristas. La gran mayoría, tendiente a
fomentar la diversificación, cambiar la matriz
energética y tender a depender cada vez menos del
petróleo y sus derivados. Otros lo hacen para ajustar
sus regimenes fiscales, dar mayor equidad al negocio y
obtener mayor control sobre los recursos energéticos.
Otros, para diseñar y
poner en marcha sistemas de bandas de precios o
ingeniosos mecanismos para que no se afecte
drásticamente a los ciudadanos y la economía en su
conjunto. Otros, que están aprovechando las
oportunidades y recursos y están en franca apertura para
captar o destinar más inversiones que permitan descubrir
y producir más.
Los mas desarrollados,
buscando incesantemente a través de la investigación
científica la forma de capturar y almacenar el CO2
(Carbón Capture and Sequestration - CCS) en forma
comercial y económica para así hacer uso de grandes
reservas de carbón, gas, petróleo o arenas bituminosas u
otras fuentes fósiles, para así cumplir con la
protección al medioambiente, que día a día nos manda mas
señales de que no estamos haciendo sostenible el
planeta.
Parecería que gran
parte del mundo, quisiera de una vez por todas
divorciarse del petróleo, tarea que no resultará nada
fácil, a pesar de los grandes cambios que se anuncian y
que expondremos más adelante. Virar del petróleo a
fuentes alternativas en forma masiva es casi imposible
en el corto a mediano plazo y mucho peor en el
transporte vehicular, donde las alternativas son
limitadas. No así en el caso de la generación de
electricidad, donde existen alternativas económicas que
pueden irse implementando en el corto a mediano plazo.
Expliquemos.
Los biocombustibles son
la gran novedad y en Europa por ejemplo se viene
trabajando para tener un 20% de reemplazo de la gasolina
por etanol. De la misma manera, Estado Unidos, en forma
menos directa, viene impulsando el uso de
biocombustibles del maíz, caña de azúcar y trigo
principalmente. Este país usa aproximadamente el 25% del
petróleo que se produce en el mundo y es muy fácil hacer
cálculos para trabajar en sustituir 5%, 10% u otro
porcentaje. El Consejo de Asuntos Hemisféricos
manifestaba que para reemplazar toda esa cantidad de
combustibles en USA, se requerirá que la mitad del
territorio se destine al cultivo del maíz.
Los biocombustibles,
según estimaciones no podrán sustituir más allá de un
20% de la gasolina y diesel que se consumen actualmente,
sin comprometer la seguridad alimentaria y la
eliminación de más bosques y áreas protegidas naturales.
Los biocombustibles, son el trampolín hacia el futuro
que son los vehículos impulsados con hidrogeno y los
vehículos híbridos que ya se están fabricando
comercialmente.
Con respecto a la
generación de energía eléctrica, casi la totalidad de
los países que habían decidido no ampliar más capacidad
o dejar de usar energía nuclear están revertiendo estas
políticas. Gran Bretaña, que el 2003 señaló no
construir más usinas nucleares, ahora las presenta como
una alternativa viable. Países como Alemania y Holanda
también han dado un giro en su programas nucleares y ni
que decir de Francia y China que lo han venido haciendo
consecuentemente en los últimos años.
Este convulsionado
panorama energético no escapa a Latinoamérica y el
Caribe y donde la situación se ha visto agravada por dos
razones fundamentales. Primero, la falta de
entendimiento político para usar combustibles regionales
como la hidráulica y gas natural mediante la integración
energética. Segundo, los pocos recursos que se tienen
para desarrollar tecnologías propias con muy raras
excepciones como los biocombustibles en Brasil.
Por lo anterior
expuesto, seguiremos insistiendo en que los procesos de
integración en América Latina deben continuar con
energéticos limpios y abundantes como la
hidroelectricidad, el gas natural y los biocombustibles.
Los entendimientos políticos deben llegar para obtener
este beneficio de un convulsionado panorama energético
mundial.
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