Norte de empresas estatales de energía     

04/12/2006     

 

Ing. Alvaro Ríos R.

Secretario Ejecutivo de OLADE

Es por todos conocido, que las reformas impulsadas desde finales de la década de los años ochenta y durante la década de los años noventa, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, planteaban una serie de medidas para gestar cambios estructurales, principalmente en materia económica.


Recordemos que en décadas pasadas, y en particular la de los setenta, los sectores estratégicos de las economías Latinoamericanas, incluyendo, por supuesto, el de la energía, se ceñían en casi todos los países de la región, por las siguientes características: 1) Predominaban las empresas estatales y por ende las inversiones resultaban mayormente de carácter publico 2) Integración vertical en los segmentos de la industria eléctrica y de los hidrocarburos, 3) Precios y tarifas estructurados entre lo político y lo económico 4) Estados normadores, reguladores y empresarios  5) Integración energética subregional impulsada desde los gobiernos y con inversión publica.


Los objetivos de las reformas, por lo tanto, estaban dirigidos a: 1)  Estimulación de la competencia y apertura a inversiones del sector privado 2) Privatizaciones y/o capitalizaciones con transferencias de empresas publicas al sector privado, 3) Desintegración vertical para tener segmentos competitivos, 4) Tarifas y precios de mercado, económicas y competitivas, 5) Creación de entes reguladores autónomos e imparciales, 6)  Estado básicamente normador 7) Integración regional fomentada mediante la actividad privada, con armonización de marcos regulatorios subregionales.


Dentro de este contexto de reformas, es atrayente analizar las razones que se manifestaban para avanzar con las privatizaciones y transferencias de empresas estatales al sector privado. Una, de carácter conceptual, radicaba en que el estado no debía ser empresario y que las actividades productivas y de riesgo deberían estar íntegramente en manos de sector privado. Otra, resultaba de la patética evidencia que presentaban muchas (no todas por supuesto) de las empresas estatales de energía en la región. Alto endeudamiento, escasos recursos tecnológicos y dificultad para enfrentar inversiones, resultado de un manejo empresarial más político que económico. Es decir que el estado fehacientemente demostraba que no era un buen empresario.


Analizando lo acontecido en este periodo de reformas, en relación a las privatizaciones y transferencias de empresas de energía en la región, se puede concluir que las mismas no llegaron donde pretendía llegar, y se han perpetrado a medias o no se han concretado en la mayoría de los países.


Es mas, todo indica que la tendencia actual es a renacer y robustecer las empresas estatales de energía. Empero, otra marcada tendencia de casi todos los países de la región, nos señala también que se desea continuar captando inversiones del sector privado. Por lo expuesto, el reto, dentro de este nuevo escenario que se nos presenta en el sector energía, es que norte se debe dar a las empresas estatales de energía, para hacerlas sostenibles en el tiempo.


Queda un solo camino, tornarlas altamente competitivas y dinámicas para competir y asociarse al capital privado. Para realizar lo anterior, no queda más que dotarlas de un gobierno corporativo, que les permita tener plena autonomía de gestión en lo administrativo y financiero, para así poder realizar inversiones de riesgo y apostar por la recuperación de capital y rentabilidad sobre el mismo y de toda su gestión. De no tomar este rumbo, en muy corto plazo, todo el esfuerzo por refundarlas y potenciarlas habrá sido fútil y probablemente observaremos otro ciclo de privatizaciones.


Existen exitosos ejemplos regionales y también internacionales de empresas estatales de energía eficientes y competitivas, que se han dado como alternativa a los procesos de privatización. Analicemos y tomemos los mejores de estos ejemplos y de acuerdo a la realidad de cada país, estructuremos su funcionamiento en el largo plazo y no volvamos a equivocarnos.

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