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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
Es por todos conocido que la energía que utilizamos en
el planeta está tendiendo cada vez más hacia la
descarbonización, es decir a usar cada vez más productos
con menos relación de carbono a hidrogeno. En otras
palabras, el mundo camina de una u otra manera hacia el
hidrogeno. Esto es fácil de comprobar, cuando vemos la
evolución de la leña, al carbón, al petróleo al gas
natural y muy probablemente en este siglo hacia el
hidrogeno. Estos son conocidos como los energéticos del
siglo XVIII, XIX, XX, XXI y XXI respectivamente.
Tender al uso de
energías abundantes, cada vez más limpias en su
combustión y por supuesto económicamente competitivas
son constantes en el desarrollo de la industria
energética. Todo esto por supuesto, detrás del ser
humano, que no ceja en la innovación y desarrollo
tecnológico para tener abastecido al planeta, que es
cada vez más ávido de energía, no solo por los
crecimientos vegetativos, sino también por el grado de
desarrollo de los países, tal cual lo están haciendo la
China en India en estos años.
Dentro de este panorama
tendiente a diversificación de los combustibles fósiles
y uso de recursos renovables limpios, es importante la
consideración y uso de la hidroelectricidad en
Latinoamérica y el Caribe. Según datos de OLADE, el
potencial regional de hidroelectricidad al año 2005 es
de 582,033 MW. De este potencial, únicamente 139,688 MW
(aproximadamente 24%) están siendo aprovechados con una
producción bruta de 3,153,804 Gwh/año.
Como sabemos, los
países de América Latina y el Caribe, son, o
preponderantemente hidroeléctricos, como en el caso de
Brasil, o preponderantemente térmicos como en el caso de
algunos países del Caribe y de Centro América. Los más,
sin embargo, tienen un balance mas equilibrado entre la
generación hidro y térmica, con gran inclinación en los
últimos años hacia el gas natural para la
termoelectricidad.
El año 2005 la potencia
instalada termo en Sudamérica fue de 64 GW, mientras que
la potencia instalada en hidro fue de 122 GW. Es decir
que la termo representa el 34% y 66% para la
hidroelectricidad.
En este mismo
continente Sudamericano, los datos de OLADE nos señalan
otra clara tendencia.
De 1980 a 1995 el
crecimiento promedio anual fue de 2.2% para la
termoelectricida, mientras que para la hidroelectricidad
fue de 5.5%. Anótese que en este periodo, las decisiones
sobre las inversiones eran guiadas mayormente todavía
por los estados a través de empresas estatales
verticalmente integradas y donde la utilización del gas
natural en particular, no estaba muy desarrollada.
Si analizamos el
periodo de 1995 a 2005, los datos de crecimiento anual
en la región para la hidroelectricidad se reducen a 2.7%
y los de la termoelectricidad se incrementan a 6.5%.
Recordar que a partir de 2002 a 2004, se inicia y
producen en América Latina una mayor apertura a
inversión privada y también se dan una serie de
privatizaciones en varios países y se multiplican los
gasoductos, muy especialmente en el Cono Sur.
Excluyendo que el gas
natural estuvo mucho más disponible, es también cierto
que por naturaleza, el sector privado prefiere mirar más
hacia los proyectos térmicos que tienen un costo de casi
el 50% de la hidroelectricidad. En otras palabras, la
hidro compromete mayor capital con tiempos de
recuperación mucho más largos y por supuesto es más
riesgoso desde un punto de vista netamente empresarial.
Es más, en algunos
países de la región y particularmente en los últimos
tres años, se han venido dando una serie de inversiones
en centrales térmicas con derivados del petróleo pesados
y diesel, que no solo son mucho más caros que la
hidroelectricidad, sino también mucho más contaminantes.
En esta dirección, por
ejemplo, podemos indicar que las emisiones en la región
se han incrementado de 2.19 Ton CO2/hab en 1995 a 2.5%
Ton CO2/hab el 2005. Si analizamos esto en términos
globales, empero, vemos que la contribución de emisiones
de la región es baja en comparación con los países de la
Unión Europea que es de 9 Ton CO2/hab y para Estados
Unidos de 21 Ton CO2/hab.
De este análisis solo
queremos rescatar unas tres lecciones. Primero, que la
región tiene gran potencial hídrico que debe ser base
para la generación térmica, siempre con una adecuada
protección al medio ambiente en su desarrollo. Segundo,
que la región también tiene abundantes reservas de gas
natural distribuidas en varios países que sirven para
complementar el desarrollo hídrico. Este balance hidro y
térmico en la generación de energía eléctrica, que solo
es posible mediante la integración energética y con
entendimiento entre las naciones, también nos permitirá
apoyar a la protección del planeta.
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