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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
La composición de la demanda de energías primarias a
nivel mundial al año 2005, nos señala que el petróleo
convencional constituye aproximadamente el 35 a 36% del
total, mientras que el carbón le sigue muy de cerca con
alrededor de el 24%, el gas natural con aproximadamente
el 21 a 22% y el restante 19% son otros tipos de
energías primarias como la hídrica, nuclear, solar,
eolica, térmica, los biocombustibles y otras menores.
La conciencia que se
esta gestando sobre el medioambiente para descarbonizar
el planeta, sumado a la volatilidad de los precios del
petróleo y el desarrollo tecnológico, sin lugar a dudas
que nos llevaran a tratar de diversificar aun más esta
matriz energética y alejarnos un poco más de los
denominados combustibles fósiles (carbón, petróleo y en
menor grado el gas natural). Tarea nada sencilla, debido
a la adicción, desarrollo tecnológico y nivel de
infraestructura que existe para su producción,
transporte y distribución.
Encontrar energéticos
libres de carbono en el sector del transporte, ha sido,
es y será un desafío mucho mas grande que en la
generación de energia eléctrica, donde la
hidroelectricidad (con gran potencial en Latinoamérica y
el Caribe), la nuclear, eolica, solar y otras, son
alternativas libres de carbón ampliamente utilizadas.
Para el caso del transporte, y reemplazar las gasolina y
diesel oil principalmente, las alternativas previsibles
están en los biocombustibles y las células combustibles.
El etanol, derivado del
material de plantas vegetales, es un combustible muy
atractivo, con muy buena calidad en su combustión.
Normalmente, el etanol ha sido mezclado al 10% con
gasolina, pero Brasil ha revolucionado la industria al
poder utilizar una gama mucho mas amplia de mezclas e
incluso poder llegar a operar con 100% de gasolina o
100% de etanol en los denominados vehículos Flexfuel. Lo
importante, es que esto se ha hecho con modificaciones
muy menores a los vehículos y con la posibilidad de
acomodarse muy fácilmente los esquemas de almacenamiento
y distribución actuales.
De la misma manera, la
persistencia y desarrollo tecnológico de Brasil en estas
energías renovables, han llegado a que se este también
introduciendo el biodiesel, el cual es posible elaborar
a partir de un sin número de plantas o cultivos
vegetales. Sin vacilación, América Latina y el Caribe,
tienen, de la mano de Brasil, la oportunidad de
posicionarse como productores nacionales, regionales y
mundiales de biocombustibles.
Empero, lo ideal, seria
no solo apuntar la tecnología a las plantaciones
tradicionales que pueden estar limitadas, sino el poder
utilizar biomasa lignocellulosica para producir los
combustibles necesarios para el transporte. La
maquinaria a nivel global esta en marcha para seguir
impulsando los biocombustibles y muchos recursos
económicos, humanos y tecnológicos se continuaran
invirtiendo en los años que vienen.
Otra alternativa que
existe para reemplazar a los combustibles tradicionales
en el transporte es la utilización de hidrógeno de
fuentes muy bajas en carbón (como el gas natural por
ejemplo) o cero carbón para los vehículos con células de
combustibles. Esta tecnología, podría descarbonizar la
industria del transporte en el muy largo plazo. Empero,
un cambio profundo hacia el hidrógeno requerirá de
grandes inversiones en la infraestructura existente para
la producción, transporte, distribución y
comercialización. A lo señalado anteriormente, se debe
añadir que si bien se han tenido avances impresionantes
en materia de tecnología para utilizar células de
combustible de hidrógeno, la misma es todavía bastante
costosa, muy a pesar de las eficiencias que se reportan
en su uso de ser tres veces superior a la de los
vehículos convencionales. Hay todavía para largo antes
de que se de el punto de inflexión en este quiebre
tecnológico y valdrá la voluntad de los conglomerados
petroleros y automovilísticos.
Por ahora, la
diversificación en el sector transporte viene por el
lado de los biocombustibles, donde como hemos
manifestado, es vital seguir trabajando en los costos y
esquemas y tratar de impulsar en lo posible también el
uso de material lignocellulosico.
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