Alternativas en el segmento transporte     

12/03/2007     

 

Ing. Alvaro Ríos R.

Secretario Ejecutivo de OLADE

La composición de la demanda de energías primarias a nivel mundial al año 2005, nos señala que el petróleo convencional constituye aproximadamente el 35 a 36% del total, mientras que el carbón le sigue muy de cerca con alrededor de el 24%, el gas natural con aproximadamente el 21 a 22% y el restante 19% son otros tipos de energías primarias como la hídrica, nuclear, solar, eolica, térmica, los biocombustibles y otras menores.


La conciencia que se esta gestando sobre el medioambiente para descarbonizar el planeta, sumado a la volatilidad de los precios del petróleo y el desarrollo tecnológico, sin lugar a dudas que nos llevaran a tratar de diversificar aun más esta matriz energética y alejarnos un poco más de los denominados combustibles fósiles (carbón, petróleo y en menor grado el gas natural). Tarea nada sencilla, debido a la adicción, desarrollo tecnológico y nivel de infraestructura que existe para su producción, transporte y distribución.


Encontrar energéticos libres de carbono en el sector del transporte, ha sido, es y será un desafío mucho mas grande que en la generación de energia eléctrica, donde la hidroelectricidad (con gran potencial en Latinoamérica y el Caribe), la nuclear, eolica, solar y otras, son alternativas libres de carbón ampliamente utilizadas. Para el caso del transporte, y reemplazar las gasolina y diesel oil principalmente, las alternativas previsibles están en los biocombustibles y las células combustibles.


El etanol, derivado del material de plantas vegetales, es un combustible muy atractivo, con muy buena calidad en su combustión. Normalmente, el etanol ha sido mezclado al 10% con gasolina, pero Brasil ha revolucionado la industria al poder utilizar una gama mucho mas amplia de mezclas e incluso poder llegar a operar con 100% de gasolina o 100% de etanol en los denominados vehículos Flexfuel. Lo importante, es que esto se ha hecho con modificaciones muy menores a los vehículos y con la posibilidad de acomodarse muy fácilmente los esquemas de almacenamiento y distribución actuales.


De la misma manera, la persistencia y desarrollo tecnológico de Brasil en estas energías renovables, han llegado a que se este también introduciendo el biodiesel, el cual es posible elaborar a partir de un sin número de plantas o cultivos vegetales. Sin vacilación, América Latina y el Caribe, tienen, de la mano de Brasil, la oportunidad de posicionarse como productores nacionales, regionales y mundiales de biocombustibles.


Empero, lo ideal, seria no solo apuntar la tecnología a las plantaciones tradicionales que pueden estar limitadas, sino el poder utilizar biomasa lignocellulosica para producir los combustibles necesarios para el transporte. La maquinaria a nivel global esta en marcha para seguir impulsando los biocombustibles y muchos recursos económicos, humanos y tecnológicos se continuaran invirtiendo en los años que vienen.


Otra alternativa que existe para reemplazar a los combustibles tradicionales en el transporte es la utilización de hidrógeno de fuentes muy bajas en carbón (como el gas natural por ejemplo) o cero carbón para los vehículos con células de combustibles. Esta tecnología, podría descarbonizar la industria del transporte en el muy largo plazo. Empero, un cambio profundo hacia el hidrógeno requerirá de grandes inversiones en la infraestructura existente para la producción, transporte, distribución y comercialización. A lo señalado anteriormente, se debe añadir que si bien se han tenido avances impresionantes en materia de tecnología para utilizar células de combustible de hidrógeno, la misma es todavía bastante costosa, muy a pesar de las eficiencias que se reportan en su uso de ser tres veces superior  a la de los vehículos convencionales. Hay todavía para largo antes de que se de el punto de inflexión en este quiebre tecnológico y valdrá la voluntad de los conglomerados petroleros y automovilísticos.


Por ahora, la diversificación en el sector transporte viene por el lado de los biocombustibles, donde como hemos manifestado, es vital seguir trabajando en los costos y esquemas y tratar de impulsar en lo posible también el uso de material lignocellulosico.

 

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