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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
Es conocido por todos que Rusia tiene las mayores
reservas del gas natural del planeta, con
aproximadamente 1,680 trillones de pies cúbicos (TPC),
que representan el 32% de las reservas totales. Para
efectos meramente comparativos, América del Sur tiene
aproximadamente 260 TPC de reservas, es decir el 15% de
las reservas de ese país.
Rusia, es también el
mayor productor de este limpio energético, llegando a
una producción de 22.4 TPC por año, que representa el
27% de la producción total mundial. Además, es el mayor
exportador de producto del planeta con 7.1 TPC por año.
Para efectos también comparativos, el mayor exportador
en la región es Trinidad y Tobago con exportaciones de
1.0 TPC por año, con principal destino Estados Unidos y
le sigue Bolivia con exportaciones de 0.5 TPC por año
con principal destino Brasil y Argentina.
Gran parte de la
exportación de gas natural de Rusia tiene como mercado a
Europa, que representa para este continente el 25% de
las importaciones totales de gas natural y por lo tanto
son parte fundamental de la seguridad de suministro
energético que Europa requiere. Este suministro desde
Rusia, es casi totalmente realizado a través de inmensos
gasoductos que cruzan una parte del extenso territorio
Ruso, parte de países de la ex Unión Soviética, como
Ucrania, antes de llegar al mercado Europeo.
Antes de los años
ochenta, gran parte de las exportaciones de gas natural
Rusas estaban destinadas a Europa del Este, pero este
país fue diversificando y ampliando sus exportaciones a
Europa Occidental, Turquía, Japón, países del
Commonwealth of Independant States (CIS) y otras
naciones en el Asia.
Rusia por varios años
ha venido insistiendo e intentando por todos los medios
en alzar los precios del gas natural para los países del
CIS principalmente y poder igualarlos a los de Europa.
Estas manifestaciones de incremento de precios no
llegaron a diálogos fructíferos, y Rusia a través de
Gazprom, realizo su primer recorte de suministro de gas
natural a Ucrania a partir del 1ro de Enero del 2006.
Es importante recordar que el 80% del gas de Rusia, que
tiene como destino Europa, cruza por suelo Ucraniano.
Si bien el problema
esta reflejado como económico, el fondo del asunto es
también político y Rusia esta tratando de ablandar
posiciones bastante liberales que se expresan desde
Ucrania. En este sentido, Rusia le pide a Ucrania que
debe pagar precios de mercado cercanos a los 6.50 $US/MMBTU
que paga Europa y no los 1.40 $US/MMBTU que le viene
pagando.
Lo cierto es que
Ucrania no se quedara sin el energético y ha tomado
parte de los envíos que se estaban destinados a Europa,
creando un cierto pánico en países Europeos como
Austria, Hungría, Alemania, Holanda y hasta Inglaterra.
Todo lo anterior, acrecentado por el duro invierno que
esta atravesando esa parte del planeta, que hace que la
demanda se incremente algo más de lo normal.
La situación se torna
mas complicada aun, cuando Ucrania decide contratar gas
natural de Asia Central vía RosUkrEnergo, para así poder
abaratar los costos del energético, pero Rusia quiere
elevar las tarifas de transito en el transporte en 47%,
complicando así el suministro de gas a este ultimo país.
Para completar el
tremendo lío en torno al gas natural, Rusia a través de
Gazprom ha estado también realizando importaciones de
gas desde Turkmenistán hasta el 2004, para así poder
atender los contratos que había pactado con Europa
principalmente. Estos dos países, por supuesto que
también se han enfrentado en disputas intensas sobre los
precios de gas y las tarifas de transporte, situación
que ciertamente agrava el suministro desde esa zona y
tiene en vigilia a los compradores Europeos, que no
saben donde acudir para solucionar el conflicto.
Este complejo panorama
debería ser visto como un antecedente para no replicarlo
en el proceso de integración de la Latinoamericana y del
Caribe. El problema se presenta, cuando no se tiene un
marco jurídico apropiado que permita a los países
integrados, que ciertas condiciones de libre transito,
libre acceso, tarifas y precios con señal económica y
otras se respeten y cumplan. Es decir, que las
condiciones de suministro no deben estar sujetas a
condicionamientos políticos sino también a variables
económicas y técnicas.
Así mismo, en un
proceso de integración energética, es importante contar
con uno o más organismos internacionales que permitan
dar solución efectiva, independiente y rápida a este
tipo de conflictos cuando se presenten. Todo esto,
precautelando en primer lugar, seguridad en el
abastecimiento y posteriormente, realizadas las
investigaciones y arbitrajes, realizar las
compensaciones respectivas.
La seguridad en el
suministro es clave para la integración de los
mercados, que recién empieza a gestarse en
Latinoamérica y el Caribe y para lo cual se deben dar
los pasos concretos en afán de constituir algún tipo de
mecanismo jurídico y normativo que sea avalado por los
países participantes del proceso. La experiencia Rusa y
de toda esa región, debe servir como experiencia para no
repetirla en esta parte el continente.
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