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I T E R
La seguridad energética se ha venido a
tornar en una preocupación planetaria, tanto
de países desarrollados como en vías de
desarrollo. Esta preocupación, se complica
aun mucho más, cuando se pone cada vez mas
en evidencia que el uso de los combustibles
fósiles (carbón, petróleo y gas natural),
fuente además no renovable, es factor
contributivo de significancia de los gases
de efecto invernadero, que están seriamente
contribuyendo al calentamiento global. A lo
anterior, se debe sumar la volatilidad de
los precios de los dos a tres últimos años y
recordar que el 80% de la energía primaria a
nivel mundial proviene de los combustibles
fósiles.
Esta coyuntura hace que se vengan impulsando
con mayor fuerza una serie de energías
alternativas tecnológicas para diversificar
las fuentes de suministro y poder utilizar
económicamente energéticos mas amigables con
el medio ambiente. Así, se puede evidenciar
una serie de esfuerzos políticos,
tecnológicos y económicos para impulsar los
biocombustibles, la hidroelectricidad,
energía solar, eólica, nuclear, captura y
almacenamiento de CO2, etc.
Sin embargo, la búsqueda de fuentes de
energía para resolver el eterno problema del
suministro energético y de su impacto
ambiental es uno de los retos tecnológicos
del presente siglo. En esta incesante
búsqueda y con las preocupaciones
mencionadas, es que cada vez se tiene mayor
interés para continuar impulsando el
proyecto ITER (“Reactor Internacional
Termonu-clear Experimental” derivado de sus
siglas en ingles “Internacional
Termonuclear Experimental Reactor”)
El soñado proyecto trata de alguna manera de
“reproducir en la tierra lo que pasa en las
estrellas”. En otras palabras, se esta
hablando de fusión nuclear y tratar de
emular la forma en que las estrellas
producen ingentes cantidades de energía.
También se habla de un “sol artificial
terrestre”, donde se producirían reacciones
termonucleares análogas a las que se
producen en el sol. En las entrañas del
ITER, se señala que se obtendrán
temperaturas del orden de los 150 millones
de grados.
Los estudios científicos están tratando de
demostrar que es posible domesticar y
controlar la fusión nuclear y estas
increíbles temperaturas y también presiones,
para así poder acceder a una fuente de
energía poderosa, confiable, inagotable y
limpia desde el punto de vista de la
protección a nuestro hábitat. Será esta una
solución definitiva al problema de
abastecimiento de largo plazo? Esa es la
pregunta del millón y de allí las apuestas
tecnológicas, económicas, política y humanas
que muchos están realizando hacia el
proyecto ITER.
Los optimistas de esta apuesta exponen la
siguiente analogía. “Para alimentar una
central eléctrica convencional de 1,000 MW
es necesario un tren cargado de carbón con
una longitud desde Paris a Estrasburgo, o en
el caso de petróleo, siete enormes buques
petroleros, o en el caso de energía nuclear
ocho camiones con uranio. Una central
termonuclear de la misma potencia solo
requeriría una camioneta cargada con agua y
en calidad de desechos, produciría helio, un
gas inerte e inofensivo.”
La idea del ITER se remonta hacia mitad de
la década del los ochenta con el acuerdo
firmado entre Estados Unidos y la ex Unión
Soviética. Luego se formo el consorcio en
1986, que además de estos dos países sumaba
a Japón y Europa a través de EURATOM. El
diseño del proyecto fue concluido el año
1990 y su estimación de presupuesto llegaba
a los 13,000 millones de euros. Entre esa
fecha y los años recientes, una serie de
desavenencias tuvieron lugar, muy en
particular para obtener los recursos en cada
uno de los países.
El año 2003, con un nuevo escenario
energético, Estados Unidos se plegó
nuevamente al proyecto ITER y China pedía
formalmente asociarse al mismo. El proyecto
ITER se pondrá en marcha con aportes de
Rusia, países de la Unión Europea, India,
China, Estados Unidos, Corea del Sur y
Japón. Se conoce que Brasil ha manifestado
también su deseo de adhesión al proyecto.
La sede del proyecto estará ubicada en la
ciudad española de Barcelona desde donde se
desarrollara y planificara la energía de la
fusión. La construcción del reactor se
realizara en la localidad de Carandage en
Francia donde los trabajos preliminares ya
se han iniciado, aunque se espera que no sea
hasta el año 2011 cuando se aborde el
montaje del reactor, y la instalación
completa no culminara hasta antes del año
2016. El obtener esta fuente inagotable de
energía, es sin embargo, de más largo plazo,
debido a que al reactor de investigación
ITER que se construirá en Francia, le debe
seguir un reactor de demostración hacia el
año 2025 y se estima que los primeros
reactores industriales comerciales no
estarían listos hasta el 2050. Estamos
hablando de más de cuatro décadas.
Toda una apuesta tecnológica donde los
sueños de los físicos podrían hacerse
realidad, al obtener una fuente de energía
mas segura que la nuclear, que no supone
riesgos de explosiones o contaminación
radioactiva y excluye las reacciones en
cadena, por cuanto se realiza en base a la
fusión de los elementos y no en base a su
desintegración.
Álvaro Ríos Roca, secretario ejecutivo de
OLADE
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