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Ing. Alvaro Ríos
R.
Secretario Ejecutivo
de OLADE |
El petróleo ha sido el combustible del siglo XX y todo
apunta a que el gas natural será el combustible del
siglo XXI, muy especialmente en los próximos 40 a 50
años. Este último energético, sin duda que es el
preferido para hacer funcionar cada vez más eficientes
plantas de generación de energía eléctrica de ciclo
combinado, que son menos intensivas en capital inicial,
contaminan mucho menos que plantas de carbón o productos
pesados derivados del petróleo, tienen mucho de menor
tiempo de implementación que las centrales hidráulicas
y, finalmente, tienen menor impacto en el medioambiente
al momento de ser instaladas.
El gas natural, por lo
anteriormente citado y su elevada demanda, esta dejando
de ser un producto de uso regional y su tendencia es
cada vez más a convertirse en un “commodity”, todo por
el avance de la tecnología y los costos del gas natural
licuado (LNG por sus siglas en inglés). Las grandes
reservas que estaban lejos de los grandes mercados y que
requerían cerrarse anteriormente con costosos
gasoductos, que difícilmente pueden atravesar océanos y
territorios, sin comprometer el medio ambiente, resulta
ahora más factible realizarlo por medio del gas natural
transportado en forma liquida.
Esta nueva fisonomía
del gas natural, sin duda esta haciendo que los precios
tiendan acompañar muy de cerca los precios
internacionales del petróleo y sus derivados. Por lo
tanto, esta dejando de ser un combustible que se puede
definir como mas económico en términos netamente
energéticos.
Ante la tendencia de
precios altos, volátiles, especulativos y cada vez de
más corta relación reservas/producción del petróleo y de
las características anteriormente indicadas del gas
natural, es que desde hace un par de años, se esta
debatiendo mucho mas intensamente en el mundo, otras
opciones de energía, de menor costo económico, que sean
alternativas limpias y también sustentables y que
tiendan a reemplazar los productos fósiles que domina el
espectro mundial de la energía.
El carbón, con todos
sus problemas de contaminación ambiental, es sin duda
una alternativa que se esta evaluando, así como la muy
impopular energía nuclear, que se esta exponiendo
nuevamente en todos los foros como otra alternativa para
dar seguridad en el suministro.
Energía solar, eólica,
minicentrales hidroeléctricas, biocombustibles como el
etanol y el diesel ecológico, son energías conocidas
como renovables no convencionales, que están también
sobre la mesa del debate para intentar desplazar a los
volátiles y más contaminantes combustibles fósiles.
Algunos países Europeos
han dado ya pasos fundamentales para el uso de energía
eólica y solar con voluntad política, que ha sido
seguida de un marco regulatorio que permite inversiones
que deben ser recuperadas a largo plazo. Estas energías,
si bien son ambientalmente muy permisibles, tienen
costos mas elevados que las energías convencionales de
los fósiles y requieren de incentivos para su aplicación
como depreciaciones aceleradas, excepciones de impuesto,
fijación de precios y otros.
El Latinoamérica y el
Caribe, la implementación de estas alternativas
tecnológicas, se hace mucho más complicada, debido a
varias razones que pasan por subsidios establecidos,
falta de regulación adecuada, falta de voluntad
política, pero sobre todo, por el nivel socioeconómico
para implementar tecnologías que muchas veces resultan
más costosas.
México, Brasil y Costa
Rica son países que están avanzando notablemente en este
tipo de fuentes de energías alternativa renovables, con
mucha voluntad política y llevando la misma más allá de
una solo gestión de gobierno.
Si bien, estos
productos ofrecen ventajas en cuanto a que son
renovables, también son peculiares en cuanto a su
seguridad de abastecimiento, ya que en el caso de la
energía eólica, se depende mucho de los vientos y en
caso de la energía solar, de los cambios climáticos y
por lo tanto su uso no es generalmente de base para la
generación eléctrica.
Los biocombustibles,
como ser el etanol y diesel ecológico, que pueden ser
fabricados a partir de productos agrícolas de producción
masiva, como la caña de azúcar, el maíz, la soya y
otros, si bien se han presentado como una alternativa
hasta el presente, su uso esta siendo debatido por dos
razones fundamentales.
Primero, que los
precios se están acomodando a los precios del petróleo y
sus derivados y se están convirtiendo en otro commodity
para uso energético y por lo tanto el beneficio
económico que se esperaba no resulta ser beneficios, a
no ser que se fijen los precios, violando equilibrios de
mercado. Por otro lado, si su uso se llegara a masificar
y se sustituiría en gran parte a los combustibles
fósiles, se estaría generando en una alternativa contra
la producción alimentaria a favor de la energía, que
podría tener serios desbalances en el futuro.
El uso de energías
renovables debe continuar debatiéndose e impulsándose,
pero su reemplazo debe ser medido y avanzado con mucha
cautela. Los países de Latinoamérica y el Caribe, deben
evaluar muy cuidadosamente el norte que quieren tomar
respecto a estas alternativas antes de cambiar la matriz
energética, sin una adecuada planificación.
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