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¿México país petrolero?
Por: Alvaro Ríos Roca
Un análisis de la composición de la demanda
de energías primarias a nivel mundial al año
2006, muestra que el petróleo convencional
representa aproximadamente el 35.7 % del
total, mientras que el carbón le sigue con
alrededor del 28.4 %, el gas natural con
23.7% y el restante 12.2 % corresponde a
otras energías primarias como la hídrica,
nuclear, solar, eólica, térmica, los
biocombustibles y otro tipo de energías de
aun menor uso.
Enormes esfuerzos políticos, tecnológicos,
humanos y económicos se vienen concretando
para tratar de diversificar la matriz
energética mundial y alejarse de los finitos
combustibles fósiles y muy en especial del
petróleo. Esto debido a la extrema
volatilidad en los precios y a la
contribución de todos ellos al calentamiento
global, fruto de los gases de efecto
invernadero durante su combustión. Esfuerzos
nada sencillos de concretar, debido a la
adicción en el uso, desarrollo tecnológico y
nivel de infraestructura que existe para la
producción, transporte y distribución de
estos energéticos de origen fósil.
Muy a pesar de los esfuerzos señalados, no
queda la menor duda que los fósiles y en
especial el petróleo, continuaran siendo las
fuentes mas importantes de suministro de
energia primaria en las próximas tres
décadas (75 a 80%), Los escenarios futuros
de oferta y demanda nos señalan que la
demanda de energía se incrementará en
aproximadamente un 50 a 55% en las próximas
tres décadas, fruto de un fuerte incremento
de la población mundial de 6.5 billones
actuales a mas de 8 billones hacia el 2030,
así como el acelerado crecimiento económico
que se pronostica en los países en vías de
desarrollo, muy particularmente en China,
India y otros países de Asia, que
demandarán energía adicional a un ritmo
anual cercano al 3.2% y que a su vez,
impulsarán la demanda de energía a nivel
global.
Latinoamérica y el Caribe (LAC) no escaparan
a esta realidad mundial y la región
continuara en denodados esfuerzos para
tratar de diversificar su matriz energética.
De la misma manera, varios países de la
región son todavía altamente dependientes en
su economía central a la producción y
exportación de hidrocarburos, entre ellos
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Trinidad y
Tobago y México. En este contexto de un
nuevo orden energético mundial y regional,
es que es importante analizar la
problemática petrolera del país azteca.
Por décadas el petróleo ha sido y sigue
siendo uno de los principales rubros de
exportación y de generación de ingresos a
las arcas mexicanas. Un rápido análisis de
lo que viene aconteciendo en relación a
reservas y producción petrolera, debe
hacernos reflexionar sobre la sostenibilidad
y transitabilidad de esta industria en
México.
En 1996, las reservas mexicanas de petróleo
convencional ascendían a 48.5 miles de
millones de barriles (MMMbbls),
representando el 4.62% del total mundial y
el 34.8 del total de las reservas de LAC.
Solo una década después, es decir el 2006,
las estadística anotan que México tenia
reservas acumuladas de petróleo de 12.9
MMMbbls, representando el 1.06% de total
mundial y 11.1% del total de LAC. Una caída
en reservas del 35.6 MMMbbls, es decir 276%
en diez años o 27.6% por año.
Con relación a la producción de petróleo, la
necesidad de ingresos por renta petrolera ha
hecho que la misma vaya en aumento. Así el
1996 la producción ascendía a 3,277 MBbls/día
representando el 4.68% del total mundial y
el 34.8% de LAC. Al año 2006, la producción
fue de 3,683 MBbls/día, representando 4.5%
del total mundial y 34.9% de LAC. Un
incremento en la producción 406 Mbbls/día,
que representa 11.0% en 10 años o 1.1% anual.
La relación reservas producción, en años,
nos muestra más contundentemente la
preocupante realidad mexicana en materia
petrolera de reservas decrecientes y
producción en aumento. En 1996 la misma era
de 40.5 años, mientras 10 años después en el
2006, fue de 9.6 años. Para comparación,
existe una relación reservas producción
mundial de 40 años y de 30 años para LAC el
mismo año. Sin duda, que la situación
resulta seria y lo peor es que la tendencia
indicada es básicamente la misma para el gas
natural.
Lo positivo es que México esta todavía a
tiempo de hacer una profunda reforma
energética, que involucra considerar tres
importantes aristas. En primer lugar existe
todavía un extenso potencial exploratorio en
territorio mexicano, tanto costa afuera
(léase Golfo de México) como costa adentro.
Segundo, el mercado será creciente para el
petróleo, gas natural y sus derivados, tanto
en el mercado interno como externo. Tercero,
solo se requiere de dantescas inversiones
tecnológicas para explorar, explotar y
procesar los recursos hidrocarburiferos.
Esta ultima, empero, es la arista del millón
a considerar seriamente. Donde conseguir
esta cuantiosa inversión y también
tecnología? A nuestro entender, solo existen
dos caminos. Hacer una profunda reforma a la
estructura de funcionamiento de PEMEX, que
le permita mantener el monopolio, dejar de
transferir fuertemente a las arcas del
Estado y reinvertir vigorosamente en toda la
cadena con alta eficiencia y tecnología.
Hay experiencias regionales de
transformación de empresas estatales que
pueden ser adaptadas y hasta permitir la
internacionalización de PEMEX, para así
diversificar el riesgo.
Otro camino, involucra también hacer una
profunda reforma a la estructura de
funcionamiento de PEMEX, además de realizar
ajustes a la Constitución o Leyes vigentes,
que permitan que la estatal petrolera pueda
asociarse al capital publico y privado
internacional, diversificando y compartiendo
el riesgo, adquiriendo tecnología y no
sacrificando muy fuertemente las arcas del
Estado mexicano.
Si, México es y debe continuar siendo un
país petrolero, para así contribuir
desarrollo económico y social de sus
ciudadanos. Empero profundas reformas deben
venir en muy breve tiempo para no permitir
un colapso de la industria o de una eventual
privatización de emergencia de PEMEX.
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