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Evitando las crisis energeticas
Por: Alvaro Ríos Roca
Dice un sabio adagio energético popular: “No
hay energia mas costosa que aquella que no
se dispone”. Incuestionable, en virtud de
los efectos que el desabastecimiento
energético (crisis) causa en lo político,
social y económico. Sin acceso seguro a la
energia es básicamente imposible desarrollar
políticas alimentarias, de salud, educación
y otras áreas que contribuyen al bienestar
social del ser humano.
Sin un acceso a energia continua y
eficiente, es también básicamente imposible
lograr competitividad y por ende desarrollo
económico, que es fundamental para la
prosperidad social. Por lo expuesto, la
seguridad de abastecimiento se hace muy
indispensable en un mundo cada vez más
dinámico y globalizado.
Desafortunadamente, en los últimos doce
meses, es muy fácil poder contabilizar y
registrar que por lo menos 14 países en
América Latina y el Caribe, de una u otra
manera, han incorporado en algún tipo de
crisis energética (desabastecimiento). Las
causas de las crisis energéticas son muy
diversas y particulares a cada país o
subregión.
Hay crisis energéticas que son ineludibles,
como por ejemplo las causadas por efectos de
la naturaleza en contra de infraestructura
de producción, transporte y/o
comercialización. A estas no nos
referiremos.
Una de las principales causas para que se
gesten las crisis energéticas en
Latinoamérica es el alejamiento de las
políticas energéticas de lo que es el
mercado y la oferta y demanda. Es decir, una
exagerada intervención estatal en el mercado
de los energéticos. Cuando se da la señal
económica incorrecta, estamos claramente
invocando hacia delante a una crisis
energética. Desafortuna-damente, la gran
mayoría de las veces, se toman estas medidas
alejadas de lo económico, solo para obtener
réditos políticos de corto plazo, pero que
en el largo plazo se vuelven un boomerang
con las crisis que nos golpean de regreso.
Una práctica común de intervencionismo y
causa de crisis en el sector energético La-tinoamericano,
es el obsesivo subsidio. El subsidio debe
ser asistencialista a un determinado sector
(focalizada) y debe tratar de ser del más
corto plazo posible, caso contrario se hace
costumbre y se eterniza. Como alegoría
manifestaremos que gran parte de
Latinoamérica subsidia o tiende inclinación
a subsidiar los energéticos y los países
desarrollados lo hacen con sus productos
agrícolas. La diferencia es que los últimos
son ricos y pueden hacerlo y los primeros
no, y cuando lo hacen prolongadamente,
generalmente culminan en severas crisis
energéticas.
Si no hay señal económica adecuada, el
sector privado ni se aproximara y por ende
no habrá inversión de este sector. Al no dar
señal clara y requerir inversión, otra
práctica común en Latinoamérica es forzar a
las empresas estatales de energia a realizar
inversiones sin un adecuado retorno. Si no
hay retorno, no hay sostenibilidad
empresarial. Al forzar a las empresa
estatales a inversiones sin acceso a
retorno, las estamos lentamente aniquilando,
generando crisis futuras y muy probablemente
no habrá mas remedio que privatizarlas mas
adelante, y lo que es peor a precio de
gallina muerta.
Un marco regulatorio claro, de largo plazo y
algo flexible (para etapas de altos o bajos
precios por ejemplo) apoyado sobre costos
económicos de los energéticos y el mercado
es lo que requiere el inversionista, sea
este publico o privado.
Este marco regulatorio, empero, debe
necesariamente estar acompañado de dos
condiciones que consideramos esenciales. Una
coherente y estudiada planificación
energética, en base a costos. El mercado,
por si solo es sujeto de abusos y de su
manipulación. Muy en particular en América
Latina donde la relación y numero de
demandantes y oferentes no es suficiente
para generar genuina competencia.
Una adecuada planificación energética de
corto, mediano y largo plazo, sustentada
sobre estadísticas serias y confiables,
estudios de oferta y demanda periódicos y
planificación con inversiones económicas,
son sin duda el camino a seguir.
Si el sector privado se resiste a invertir
bajo un esquema de rentabilidad económica
razonable, determinado con la planificación
realizada, las empresas estatales muy bien
pueden hacerlo sin dejar de ser sostenibles.
Estas empresas, en cierta manera pueden
jugar a manera de regulador a esa falta de
competencia que se da en nuestros mercados y
a la practica de exigencia que en algunos
casos ha mostrado el sector privado (si no
me das esto me voy)
Finalmente, el último ingrediente para
espantar las temidas crisis, viene
relacionado a la eficiencia energética. No
solo debemos preocuparnos de garantizar el
suministro a cualquier costo. Es mas
inteligente y sabio el manejar la demanda.
Los escenarios mundiales nos muestran que es
posible reducir la demanda de 40 a 45% solo
por efectos tecnológicos.
Estudios varios demuestran que
adicionalmente se puede generar ahorros
entre 10 a 15% por una conciencia en el uso
racional e inteligente de la energia. Es
decir, evitar el desperdicio de energia, que
consecuentemente trae una serie de
beneficios económicos, sociales y
ambientales y que no necesariamente tienen
que ver con un mayor desarrollo tecnológico.
En síntesis, un mayor apego los costos
económicos de los energéticos y el mercado,
una adecuada planificación energética, una
combinación de empresas privadas con
empresas estatales eficientes y
competitivas, sumadas a un buen manejo de la
eficiencia energética, son sin duda una
buena combinación para asegurar el
abastecimiento energético en varios países
de la región y en las distintas subregiones.
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