¿Existe promisorio futuro para la hidroelectricidad?     

13/03/2006     

 

Ing. Alvaro Ríos R.

Secretario Ejecutivo de OLADE

Los precios del petróleo siguen en incertidumbre y volátiles, mayormente a raíz de los conflictos políticos y sociales y la alta especulación sobre un producto altamente inelástico, es decir que cuando el precio sube muy drásticamente, la demanda logra reducirse muy poco, pues se trata de un producto cuyos derivados no pueden conseguir una alternativa inmediata.


Los países de Latinoamérica y el Caribe, principalmente aquellos con economías débiles y con alta dependencia hacia el crudo y sus derivados, han sido muy golpeados en los últimos dos a tres años por esta realidad. No podemos imaginarnos los efectos que se podrían derivar en estos mismos países, a raíz de algún problema político o social mas serio que afecte los precios y los lleve mas allá de los 70 u 80 $US/barril.


América Latina y el Caribe tienen todavía un gran potencial hidroeléctrico por desarrollar. En toda esta amplia región, hasta el año 2004, se ha desarrollado únicamente el 26% del potencial hidroeléctrico total conocido hasta la fecha. De la misma manera, las estadísticas señalan que para el mismo año, el 56% de la producción total de electricidad se generó por centrales hidroeléctricas.


Otra marcada tendencia en la región muestra que entre 1980 y 1995, la capacidad instalada de termoelectricidad crecía a una tasa promedio anual de 2.2%. En el mismo periodo, las estadísticas nos demuestran que el crecimiento de la capacidad instalada para la hidroelectricidad crecía con una tasa promedio anual del 5.5%. A partir de 1995, esta tendencia se revierte muy drásticamente y para el periodo 1995 al 2004 la tasa de crecimiento de capacidad instalada de termoelectricidad fue de 6.3%, mientras que para la hidroelectricidad en el mismo periodo fue de 2.6%.


Este fenómeno y cambio significativo en la participación hidroeléctrica vs. térmica, es posible relacionarlo con las reformas estructurales del sector energético en casi todos los países de la región. Es decir, que el capital privado prefiere invertir sus recursos en proyectos térmicos, muy en especial con gas natural, en base a las eficientes turbinas de ciclo combinado. Esto es totalmente natural porque la termoelectricidad presenta una serie de ventajas comparativas para el inversionista. Entre estas ventajas, se pueden mencionar las siguientes:


1) Un menor costo unitario de inversión inicial de 500 a 600 $US/MW para las termoeléctricas

     contra un costo de 1,000 a 1,5000 $US/MW para la hidroelectricidad;

 

2) Los altos costos unitarios hacen que el periodo de recuperación de la inversión sean

     mucho mas largos para la hidroelectricidad que se traduce en un mayor riesgo financiero,

     que se ve muy agravado por la inseguridad jurídica reinante en buena parte de los países

     de la región;

 

3) Tiempos de desarrollo e implementación, donde para una central hidroeléctrica se

     requieren entre 3 a 5 años y para las termoeléctricas entre 8 meses a un año;

 

4) Los aspectos ambientales también juegan en contra de la hidroelectricidad en la etapa de

    aprobación de los proyectos, donde se deben pasar revisiones muy severas relacionadas

    a la alteración del medio biótico;

 

5) En un ambiente de alta competitividad o cambio a las reglas de juego, una termoeléctrica

     puede ser trasladada a otra parte del planeta, situación que no ocurre con la

     hidroelectricidad que se construye específicamente para el aprovechamiento.


Los anteriores puntos son muy conocidos en el ámbito energético, pero es vital considerar uno muy particular, que dentro de lo anterior, pesa mucho también, en el hecho de que los países desarrollados, al haber agotado su potencial competitivo de hidroelectricidad, están haciendo muy escaso desarrollo tecnológico y de mercado de la este energético.


Si bien el desarrollo de capacidad instalada ha sido preponderantemente térmico en vista de los puntos señalados anteriormente, la coyuntura de precios de gas natural que vive, no solamente la región, sino el mundo entero, en relación a la “commoditizacion” del precio, que sigue muy de cerca los precios del petróleo y sus derivados, resulta en un hecho que debe hacer reflexionar a los actores del sector energético Latinoamericano y del Caribe para dar también impulso al potencial hidroeléctrico que se tiene.


La región debe tal vez poner atención a lo que acontece en materia de desarrollo hidroeléctrico en Chile, donde hace aproximadamente 18 meses fue inaugurada oficialmente la central hidroeléctrica de Ralco, uno de los mayores emprendimientos de los últimos tiempos, no sólo en Chile, sino en toda América Latina con 690 MW.


Será que Latinoamérica deba observar e imitar el modelo eléctrico chileno, que debidamente orientado y con certidumbre en las reglas de juego, esta permitiendo que las restricciones que se han mencionado en la presente entrega, no sean óbice para usar un potencial energético que la región dispone en abundancia y es una alternativa económica muy viable?

 

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